El Molón ha sido objeto de diversas ocupaciones, marcadas por su estratégica localización geográfica, controlando el cruce de vías que descendían desde las Serranías de Cuenca y Albarracín hacia las zonas costeras levantinas por el corredor de Utiel y Requena, elemento esencial en la interpretación histórica del yacimiento. Destaca igualmente por su dominio visual, sobre un extenso territorio que supera los 20 km en buena parte de su perímetro, que sería mayor si tenemos en cuenta que su inconfundible silueta es reconocible desde puntos aún más alejados, dominando las tierras agrícolas próximas, donde destacaría principalmente la zona lagunar de Camporrobles, actualmente desecada.
La primera ocupación estable del cerro se corresponde con la Edad del Hierro (siglos VII y I a.C.), a lo largo de la cual se asiste a la evolución de un destacado asentamiento, que ocuparía una posición privilegiada en una zona de frontera entre los pueblos ibéricos, al Sur, y los celtíberos, al Norte, jerarquizando el territorio circundante.
Tras el paréntesis que supuso la etapa romana, con algunas visitas esporádicas, El Molón se reocupa durante la Alta Edad Media (siglos VIII-X d.C.), cuando alberga un asentamiento islámico de cierta entidad, en el que destaca la presencia de una mezquita. La reocupación del cerro en esta época es explicable por la posición estratégica del lugar, cuya situación, entre las coras, o distritos administrativos, de Santaver y Valencia, vuelve a incidir en el carácter fronterizo que tuvo El Molón a lo largo de su historia.
A partir del siglo XI d.C., El Molón está totalmente abandonado, contando, a partir de entonces, con escasa información, pues tan sólo se han recuperado algunas cerámicas de época bajomedieval, testimonio de visitas esporádicas, posiblemente relacionadas con la explotación agropastoril del cerro. Hacia 1783, las “Relacionestopográficas” de Tomás López, geógrafo de S.M. el Rey Carlos III, dan cuenta de vestigios de fortalezas en El Molón y de la presencia, en la cumbre o cerca, de “un pozo formado en piedra viva de mucha profundidad”, el conocido como “Pozo de los Moros”, una de las cisternas que cabe relacionar con la ocupación prerromana del lugar.
Los datos más recientes se remontan a la Guerra Civil, cuando se construyó, a inicios de 1937, un aeródromo militar con dos pistas al oeste de la localidad de Camporrobles, que utilizaba como observatorio una caseta, todavía en pie, construida para tal fin en la cima de El Molón.
A partir del los años 40 la meseta superior se convierte en campo de cultivo, construyendo bancales y desmontando parcialmente el albacar y algunas de las viviendas islámicas, cuyos restos arruinados todavía serían visibles en superficie, alterando de forma importante la estructura original del asentamiento. Desde los años 50 se impone la costumbre de subir a la cima de La Gallarda a comer la monade Pascua, erigiéndose por entonces una cruz junto a la caseta.
En los últimos años del siglo XX, El Molón empezó a atraer la atención de la Arqueología, advirtiendo del interés del enclave el profesor camporruteño Raúl Gómez García, director del Museo de la localidad y verdadero precursor del proyecto de excavación y valorización del yacimiento. Los trabajos arqueológicos en el cerro se iniciaron en 1982, con una breve campaña, dirigida por M. Gil-Mascarell, realizándose en 1992 una actuación de urgencia en el albacar y la muralla norte a cargo de J.M. Martínez García. Desde 1995 un equipo de las Universidades de Alicante y Complutense de Madrid dirigido por A.J. Lorrio Alvarado, M. Almagro Gorbea, T. Moneo Rodríguez y M.ª D. Sánchez de Prado ha venido realizando actuaciones sistemáticas en el lugar que han culminado con la inauguración del Parque Temático Arqueológico en 2008.