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Clausura del II Congreso Internacional de Cooperación al Desarrollo

Alicante, 17 de noviembre de 2007

Durante dos día y medio, intensos y plenos de estímulos, hemos discutido los aspectos multidimensionales de las migraciones internacionales y las oportunidades que abren para favorecer, a un tiempo, los objetivos individuales de los inmigrantes y las ventajas posibles, tanto para los países de acogida como para los de origen, en la nueva e inevitable era de la movilidad, la segunda etapa de la globalización según Naciones Unidas.

Tres Ágoras simultáneas, dos Mesas Redondas, dos Talleres sobre experiencias y buenas prácticas de codesarrollo, más de 60 ponencias, 14 conferencias invitadas y 10 intervenciones en las mesas redondas de expertos en migraciones y codesarrollo nos han permitido debatir sobre el impacto de las migraciones internacionales en el desarrollo económico y social; la centralidad de las políticas públicas de ciudadanía como un paso hacia la integración total de los emigrantes o como una fase transitoria en sus vidas; y sobre la importancia de las remesas y otras formas de intercambio social y cultural, así como levantar un balance sobre las políticas de codesarrollo, un concepto, como hemos visto, seminal y discutido, que, sin embargo, debiera inspirarse en la misma experiencia migratoria europea para extraer lecciones políticas útiles para el futuro.

Los españoles -o los italianos, irlandeses, portugueses o griegos-, en efecto, que en los años de la posguerra y antes de la crisis que se inició en los setenta emigraron a los países más prósperos de Europa, y que regresaron a su lugar de partida con lo suficiente para empezar un pequeño negocio o una nueva vida hicieron una doble contribución: ayudaron a los países que les acogieron y después a sus propios países, además de haber coadyuvado a transformaciones políticas, sociales y culturales no por intangibles de menor enjundia.

Hoy, de hecho, todos esos países han dejado de ser centros de emigración para convertirse en receptores netos de inmigrantes, incluso de los países a los que antaño se emigraba. No sólo, pues, es motivo de esperanza que las tendencias se puedan revertir, sino que existen buenas razones para sostener que, con cada ocasión de ampliación de los impactos migratorios, la incorporación de nuevos contingentes se ha absorbido con rapidez y éxito, creando las condiciones para que los países menos afortunados prosperen con el apoyo de un generación de emigrantes que, primero, transfieren recursos a su lugar de origen y, después, puedan regresar a la misma, si así lo desean, sin merma para el bienestar y la riqueza de las áreas ya prósperas.

Permítanme, por último, que, sin replicar las conclusiones que ya se han presentado esta mañana, subraye algunas pocas resoluciones esenciales. Primero, que las migraciones internacionales son un fenómeno en ascenso -casi 200 millones de personas-, no sólo de los países en desarrollo a los desarrollados, sino entre los países en desarrollo, convirtiéndose en un componente decisivo del desarrollo económico y social en ambos polos de la ecuación migratoria. Segundo, que para que las migraciones cumplan un papel positivo en los países de destino y en los de origen es necesario implementar adecuadas políticas migratorias, que incluyen desde medidas de integración en los bienes públicos hasta la protección de los derechos laborales y de los grupos más vulnerables, como las mujeres -casi la mitad del total mundial de migrantes- y los niños. Tercero, en fin, que las migraciones no pueden sustituir al desarrollo de los países emisores, pese a que no hay desarrollo sin movilidad humana y a que el desarrollo relativo, a corto y medio plazo, incrementa la tasa de movilidad, no la reduce.

Resulta urgente, en consecuencia, que las autoridades presten atención a los beneficios mutuos que puede reportar la migración y que, en lugar de desplazar los problemas a otras instancias, actúen rápida y concertadamente para evitar el florecimiento de la inmigración ilegal, las discriminaciones, el renacer del racismo de baja intensidad, la deslegitimación de los poderes públicos y el afianzamiento del poder de las redes delictivas.

Señoras y señores:

En la clausura del II Congreso Internacional de Cooperación al Desarrollo, y en nombre de la Universidad de Alicante, que me honro en representar, les agradezco su activa participación y el interés mostrado por las actividades del Congreso.

Quiero también dar las gracias a la profesora Lourdes Benería, que, en circunstancias personales nada fáciles, nos ha brindado una excelente conferencia de clausura y arrostrado un largo y fatigoso viaje en cumplimiento de los compromisos adquiridos.

Deseo, por último, subrayar la inestimable colaboración de nuestras Cajas de Ahorro en el desarrollo del Congreso, y reconocer el impulso decisivo de la Generalitat Valenciana, representada por la Secretaria Autonómica de la Conselleria de Inmigración y Ciudadanía, que espero dé continuidad a iniciativas como la cumplida en estos días de intenso trabajo y colaboración entre la Administración y las Universidades públicas valencianas.

Muchas gracias.

Oficina del Rector


Universidad de Alicante
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