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Extremófilos, los microorganismos clave para encontrar vida extraterrestre

Es una de las conclusiones de un curso de verano de Universidad de Alicante que ha reunido a los principales ponentes en este campo de investigación

 

Alicante. 1 de julio de 2017

Se les denomina extremófilos y son microorganismos que viven en ambientes extremos de temperatura, salinidad, acidez o radiación, hostiles para la vida, al menos desde el punto de vista antropocéntrico. Sus condiciones ofrecen infinitas posibilidades de aplicación, pero, más allá de sus practicidades, también encierran las claves para encontrar vida extraterrestre.

Aunque el mundo del cine y la fantasía nos haga pensar en un ser verde de ojos grandes cuando hablamos de extraterrestre, nada más lejos de la realidad. Si hay vida, por ejemplo, en Marte, ésta será, casi con total seguridad, en forma de microorganismos adaptados a condiciones extremas y que se encuentran bajo tierra.

Así lo ha afirmado el catedrático de Microbiología de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y director del departamento de Habitabilidad del Centro de Astrología (CAB), asociado al Instituto Astrobiológico de la NASA, Ricardo Amils.

En una entrevista concedida a EFE, con motivo de su participación en el curso de verano de la Universidad de Alicante “Rafael Altamira” centrado en las técnicas de estudio de estos microorganismos extremófilos, Amils ha señalado que estos microbios “encajan bien en los modelos de inicio de la vida”.

“La evolución empieza por microogranismos y los extremófilos fueron de los primeros en estar aquí porque las condiciones eran extremas; si extrapolas, han estado siempre, y continúan”, ha detallado.

Por tanto, dadas las condiciones de nuestro vecino Marte o de otros planetas, parece casi lógico pensar que su estudio sea la clave para encontrar vida: “te da pautas y te muestra el tipo de metodología e instrumentos que debes diseñar para detectarla”.

Cabe señalar que las pruebas sobre la existencia de estos microorganismos se remontan a escasos veinte años atrás, por lo que aún son unos grandes desconocidos para el mundo científico, motivo por el que a la vida en el subsuelo se le conoce como “biosfera oscura”.

Y eso que ya se le han encontrado múltiples usos, como por ejemplo la biominería, con extremófilos acidófilos, o la aceleración de procesos en ingeniería gracias a los extremófilos termófilos de altas temperaturas.

O aquellos adatados a entornos halófilos (hipersalinos), gracias a los cuales el profesor de Microbiología de la UA Francisco Mojica descubrió el sistema CRISPR, por el cual se convirtió en candidato al premio Nobel.

El hecho de que la mayoría de ellos se encuentren bajo tierra dificulta su estudio en condiciones propias de su entorno, ya que para acceder a ellos es necesario hacer un agujero en la superficie, con el consiguiente riesgo de contaminar las pruebas con organismos externos, tal y como ha explicado el doctor Amils.

De momento, se desconoce la profundidad a la que pueden vivir ni qué tiempos de duplicación tienen, aunque los científicos sospechan que pueden ser “muchos años”.

Su ponencia “Microbiología de un entorno oligotrófico extremo: la subsuperficie del Cinturón de Pirita Ibérica”, que cerraba el curso, ha abordado las similitudes que el Río Tinto de Huelva tiene con las condiciones de habitabilidad de Marte.

Este torrente se caracteriza por el color rojo de sus aguas, debido a la alta cantidad de óxido que contienen, que, si bien en un inicio se pensaba que era consecuencia únicamente de la minería, con el tiempo se ha descubierto que se debe a la presencia de extremófilos acidófilos (tanto en el río como bajo tierra), los cuales comen pirita y expulsan ácido sulfúrico.

Es, por tanto, uno de los mejores análogos terrestres de Marte, debido a que, según Amils, comparten “química geológica y mineralogía”, lo que hace pensar que, de haber vida en el planeta rojo, “será en el subsuelo”.

Mientras en la superficie no hay agua, bajo tierra es probable que se encuentre “permafrost en estado líquido”, suficiente “para poner en marcha el sistema”.

Pero cuidado, a pesar de las similitudes, no es posible asegurar que, si hay vida, vaya a ser la misma, “aunque la probabilidad es alta”.

“Teniendo en cuenta los datos que astrofísicos y astrónomos van recolectando sobre las condiciones de los planetas que descubren, está claro que, si hay vida, tiene que ser en condiciones extremas. Ese es el interés básico de la extremofilia para la astrobiología”, ha subrayado.

El curso se ha desarrollado desde el pasado lunes 26 hasta el jueves 29 y ha contado con el patrocinio de la Red Nacional de Extremófilos, el proyecto europeo Metafluidics, el Ministerio de Economía y Competitividad, la Comisión Europea y CarbaZymes.

 

 

 

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