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La AECC otorga su premio "V de Vida" a los descubridores de la técnica CRISPR Francisco Martínez Mojica y Emmanuelle Charpentier

 

Premios_AECC

 

Alicante. Miércoles, 26 de septiembre de 2018

La técnica CRISPR/Cas9, su verdadera nominación, es una tecnología que permite modificar el  genoma  con  gran  precisión  y  cuyo  origen  parte  de  la  más  pura  ciencia  básica.  Por su  contribución  a  la  lucha  contra  el  cáncer,  la  Asociación  Española  Contra  el  Cáncer  (AECC)  ha otorgado  su  galardón  “V  de  Vida”  a  los  científicos  responsables  de  su  hallazgo:  Francisco  Martínez Mojica, Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier.

La Reina Letizia ha presidido el acto organizado por la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) con motivo del Día Mundial de la Investigación en Cáncer,  24 de septiembre. Ha tenido lugar en los Teatros del Canal y también han asistido el presidente de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido y la secretaria de Estado de Universidades Investigación, Desarrollo e Innovación, Ángeles Heras.  

En 2005, Francisco J.  Martínez Mojica publicó el descubrimiento que desató la revolución CRISPR. En junio de 2012, Emmanuelle Charpentier (Juvisy-sur-Orge, Francia; 1968) y Jennifer  Doudna  (Washington  D.C.,  Estados  Unidos;  1964)  hallaron  cómo  usarlo  para  cortar  y  pegar ADN.  Hoy  miles  de  laboratorios  en  todo  el  mundo  usan  CRISPR/Cas9  e  incluso  ya  se  ha empezado a ensayar su aplicación en humanos en tratamientos contra varios tipos de cáncer.

Esta  técnica,  también es  conocida  como el  “corta  y  pega”  genético,  podría  generar  cambios sustanciales en toda la sociedad en un futuro no muy lejano como ya está provocando cambios profundos y ya visibles en la biología en general.

Esta  técnica  tuvo  su  origen  en  el  trabajo  del  microbiólogo  español  de  la  Universidad  de Alicante Francisco Juan Martínez Mojica. En 1989, mientras trabajaba midiendo la calidad del agua de las playas alicantinas, comenzó su tesis doctoral sobre un microorganismo aislado en las  salinas  de  Santa  Pola,  ‘Haloferax  mediterranei’. Mojica  observó  en  el  genoma  de  este organismo una serie de secuencias genéticas que se repetían a intervalos regulares. Nada en la literatura científica explicaba la función de esta rareza por lo que Mojica tuvo que esperar a los resultados de su propio trabajo para dar una explicación científica. Este investigador buscó en las  bases  de  datos  de  información  genómica  y  lo  que  descubrió  fue  que  en  el  mundo microbiano abundan las secuencias  repetidas a intervalos  regulares lo que sugería “una gran relevancia  biológica”.  En 2003,  Mojica  descubrió  que  la  verdadera  naturaleza  de  estas secuencias  repetidas,  que  él  denominó  CRISPR,  era  ser  un  mecanismo  de  defensa  de  los microorganismos contra los virus.

A partir de este descubrimiento, el microbiólogo se dio cuenta de que, entre las secuencias de ADN  repetidas,  lo  que  hay  son  fragmentos  del  genoma  de  los  invasores,  firmas moleculares que permitirán reconocerlos si atacan de nuevo. Es decir, una vacuna genética. Este hallazgo fue finalmente publicado en 2005 y, a partir de ese momento, numerosos grupos se lanzaron a desentrañar el funcionamiento exacto de CRISPR.

La doctora Emmanuelle Charpentier, que en la actualidad trabaja en el Instituto Max Planck de Biología de la Infección (Berlín, Alemania) y en la Universidad de Umeå (Suecia), descubrió una molécula  clave  en  el  sistema  CRISPR/Cas9.  A  partir  de  este  hallazgo,  y  con  la  necesidad  de conocer  su  estructura  tridimensional,  se  puso  en  contacto  con  Jennifer  Doudna  de  la Universidad de California para iniciar una colaboración. Fruto de esta colaboración, en el año 2012, reprodujeron artificialmente el sistema y demostraron que es una potente herramienta de edición genómica que puede ser programada para reconocer cualquier fragmento de ADN. 

En la naturaleza, el mecanismo CRISPR/Cas9 destruye a los invasores cortando su ADN con la enzima Cas9 que actúa de tijera molecular. En el laboratorio, el ADN vírico que en CRISPR sirve para reconocer al enemigo, es sustituido por otro fragmento guía, que lleva las tijeras a una región específica del genoma. Se  obtiene  así  un  método  que  corta  el  ADN  con  altísima  recisión,  y,  además,  lo  vuelve  a  pegar,  introduciendo  secuencias  nuevas  si  se  desea.  Esto puede llevar a que, en un futuro, gracias a esta técnica, se pueda editar el ADN de los humanos para, entre otras posibilidades, mejorar los tratamientos en cáncer.

Foto y nota de prensa facilitada por la AECC.

 

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