El Tesoro de Villena Cabezo Redondo (Villena, Alicante)

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  Cabezo Redondo (Villena, Alicante)
Cabezo Redondo (Villena, Alicante)

El Tesoro de Villena

El día 1 de diciembre de 1963 se descubrió en el interior de una vasija, semejante a muchas otras recuperadas en las excavaciones del

Cabezo Redondo, un excepcional hallazgo de orfebrería prehistórica que, junto a dos objetos identificados como hierro y restos de ámbar, se conoce como Tesoro de Villena. La historia de las circunstancias del descubrimiento han sido narradas con todo detalle por J. Mª Soler quien, con su genial intuición y profundo conocimiento de la ocupación prehistórica de Villena, no dudó en relacionarlo con el yacimiento del Cabezo Redondo, donde unos meses antes había recuperado el Tesorillo.

Dos excelentes monografías, publicadas en Valencia y Madrid, con detalladas descripciones de todas y cada una de las piezas, acompañadas de excelentes dibujos y fotografías –obra de P. Witte, del Instituto Arqueológico Alemán de Madrid– y de los resultados de los análisis del oro realizados por el doctor Hartmann, del Winterberg-Landesmuseum de Stuttgart, divulgaron el hallazgo, que pronto se convertiría en referencia obligada en todos los estudios sobre orfebrería prehistórica europea.

Sorprendentemente Soler consiguió de las autoridades del momento que el Tesoro se depositara en el Museo Municipal de Villena que lleva su nombre, donde aún hoy es admirado con la misma impresión de asombro que causaba cuando el propio Soler abría, no sin cierta teatralidad, el arcón donde se guarda.

El conjunto esta formado por piezas de oro de gran calidad -11 cuencos, 28 brazaletes, 3 botellas y varios objetos utilizados como elemento decorativo de una pieza circular-, con un peso de 9,754 kg, 3 botellas de plata, de más de 600 gr de peso, 2 objetos considerados de hierro y los restos de una especie de resina identificada, sin las correspondientes analíticas, como ámbar.

Los cuencos se fabricaron a partir de una delgada chapa de oro batido y sin soldaduras. Tienen forma semiesférica y el borde se inclina hacia fuera, permitiendo que se puedan utilizar para beber. Se decoraron desde el interior con cinceles de punta redondeada, formando diversos motivos, entre los que dominan las composiciones rectilíneas en diferentes posiciones y guirnaldas semicirculares que cuelgan de las líneas paralelas al borde. La técnica decorativa de puntos en relieve recuerda a la observada en varios vasos aparecidos en el Cabezo Redondo, especialmente al del Departamento XX. La decoración de guirnaldas colgantes  también se ha observado en varios recipientes con decoración de boquique.
Cuatro de los brazaletes de oro son lisos y con la superficie externa pulida. Los restantes tienen varias molduras que combinan con calados y púas. Los estudios de B. Ambruster y A. Perea señalan que estos brazaletes están fundidos a la cera perdida y posteriormente retocados en un torno. La presencia de un fragmento de brazalete con púas en el Tesorillo permitiría relacionar ambos conjuntos áureos.

Las dos botellas de oro, al igual que las tres de plata, se caracterizan por una decoración de nervaduras que divide su cuerpo en gallones. Su forma recuerda a ejemplares de barro del propio Cabezo Redondo y de otros yacimientos del Bronce Tardío del sureste.

Los dos objetos de hierro, cuyo análisis ha emprendido S. Rovira, corresponden a un posible brazalete abierto y a una semiesfera hueca decorada con una lámina calada de oro que debe asociarse a algún tipo de remate.
El resto del Tesoro lo componen pequeñas piezas que por su forma debieron formar parte y decorar un objeto de sección circular.  Unos parecen corresponderse con algún tipo de remate, mientras que los clavos de sección cuadrada de los alambres permitirían fijarlos a un soporte rígido, posiblemente de madera o hueso, que las chapas caladas circulares embellecerían. Tradicionalmente estas piezas se asociaba a un cetro de los “reyezuelos” del Cabezo Redondo, aunque también podrían formar parte, como ha señalado Mª R. Lucas, de la decoración de mangos de puñales o espadas.

El origen y significado del Tesoro de Villena ha sido objeto de un profundo debate desde el mismo momento de su descubrimiento, tanto por quienes lo consideran una ofrenda religiosa o una forma de marcar simbólicamente el territorio, como por los que lo relacionan con una ocultación provisional en un momento de peligro. Las estrechas relaciones entre algunas pulseras del Tesoro y otras de Portugal, hasta el punto de dar nombre a una tecnología en el trabajo del oro –orfebrería tipo Villena o tipo Extremoz-Villena-, han llevado a interpretar estos materiales como dotes femeninas que asegurarían la red de intercambios y la seguridad en los caminos. Los cuencos de oro se utilizarían para beber tras “la firma” de los pactos. En este sentido, cabe recordar un texto de M. Tarradell que, a propósito del Tesoro de Villena, evoca el posible ambiente del Cabezo Redondo, relacionándolo con las costumbres de los reyes homéricos:
“Alcinoo, rey de los feacios, que no es presentado como un monarca espectacular de un país especialmente rico, sino como un rey de una pequeña isla de marinos y comerciantes, cuya hija va a lavar con sus esclavas la ropa al río y la transporta al palacio guiando un carro de mulas, recibe un huésped, Ulises. Antes de la comida una sirvienta le acerca, para que se lave las manos, una jarra de oro con agua y un cuenco de plata. ¿No estamos en el ambiente del Tesoro de Villena?. Dejemos aparte problemas de forma y decoración. Se trata de comprender la vida en casa de un jefe de la isla, pobre como todas las islas griegas. Rey que, por otra parte, poseía un cetro”.

Independientemente de su interpretación resulta incuestionable, como en su momento señalara Soler, la estrecha relación entre el Tesoro de Villena y el Cabezo Redondo. Lo atestigua el Tesorillo, pero también los objetos de oro recuperados en las tumbas y en los espacios domésticos del poblado. Tendrían idéntica cronología, aunque es posible  que el Tesoro se acumulara durante varias generaciones y que su ocultación deba ponerse en relación con el abandono del poblado.