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Benedetti en la UA

Laudatio  pronunciat per en José Carlos Rovira amb motiu de la investidura com a Doctor Honoris Causa per la Universitat d'Alacant d'en Mario Benedetti

16 de mayo de 1997  
   


Excmo. y Magnífico Sr. Rector,   
Excmas. e Ilustrísimas autoridades,   
Claustro de la Universidad,   
miembros de la Comunidad Universitaria,   
señoras y señores,   
   
La Junta de la Escuela de Formación del Profesorado de EGB propuso en el mes de julio al poeta Mario Benedetti como Doctor  Honoris Causa  por nuestra Universidad, propuesta acogida por la Junta de Gobierno y que hoy vamos a desarrollar. Comenzaré diciendo que es un honor para mí, que enseño literatura hispanoamericana en esta casa, el que se me haya encargado realizar esta  laudatio , en donde tengo que plantearles una reflexión lo más objetiva posible que responda  a las razones por las que pedimos el Doctorado  Honoris Causa  para Mario Benedetti, una reflexión que se hace difícil en su tono si tenemos en cuenta que hay también, necesariamente, una dosis de emoción en todo lo que yo les pueda decir. A la imagen del escritor, un día sucedió la imagen del amigo que, desde hace años, está fuertemente vinculado a esta Universidad, que ha participado en cursos, recitales, diálogos en ella, que ha sido, digamos, una factor de dinamización de ese «destino latinoamericano» que nuestra Universidad quiere tener, un destino que pasa por la cooperación científica y solidaria, y por la formación de estudiantes iberoamericanos en nuestras aulas.  
   
Mario Benedetti nació en 1920 en Paso de los Toros, departamento de Tacuarembó, en Uruguay, aunque muy pronto Montevideo se convirtió en el ámbito vivencial de un niño que, en el barrio de Capurro, acumuló las primeras sensaciones para ser escritor y persona, y para convertirse un día en otra voz de esa universalidad que la literatura uruguaya ha tenido también en nuestro siglo. Aquel Montevideo generó un poeta, un novelista, un autor teatral y un ensayista que, a lo largo de más de setenta libros, ha ido jalonando una de las escrituras más nutricias del castellano. Una escritura que comenzó como aventura reflexiva con aquel  Peripecia y novela  en 1948, en donde pudimos conocer una mirada crítica temprana que completó enseguida con su mirada poética y narrativa:  Poemas en la oficina  en 1956 y  La tregua  en 1960 son dos libros que abren con fuerza una escritura que no ha parado de desarrollarse hasta la publicación reciente de un último libro de poesía,  El olvido está lleno de memoria , en 1995, una última novela,  Andamios , en 1997, y la recopilación de una parte de sus ensayos, con el título  El ejercicio del criterio , en 1995. En medio, obras reconocidas como  Quién de nosotros Gracias por el fuego , o los relatos de  Montevideanos  y  Geografías.  Y también una voluminosa escritura poética que se ha organizado en sus dos monumentales  Inventarios ; en todo este tiempo también, la reflexión crítica que ha tenido ejemplos perdurables de pasión y lucidez.  
   
Quisiera destacar ahora, ciñéndome a los valores principales que su obra aporta, algunos sentidos que debemos retener de la misma. En primer lugar, por una disposición personal más activa hacia la poesía, quiero comentarles que Mario Benedetti es un autor que definió su poética con el intento de aludir al lector y no eludirlo, con el impulso conversacional  de elevar el lenguaje cotidiano, repleto de guiños cómplices, a la categoría de la expresión poética. La tensión de ese lenguaje tiene que ver con la que la palabra tenga para cada uno de nosotros. Quiero decir que la palabra se carga en Benedetti de emociones, como la ternura, el afecto, el amor, la ira, la cólera, el enojo, la indignación, respondiendo a las situaciones vivenciales de un sujeto lírico que intenta vivir conjuntamente la vida personal y la historia de cada día y de nuestro tiempo. Un lenguaje vertebrado por palabras que van respondiendo en su inmediatez, y en su alegría, y en su dolor, y en su esperanza, a un lector que sabe que en cierta medida puede encontrar una parte de sí mismo en ellas, que puede encontrarse. Lo digo como testimonio personal, porque estas sensaciones de la poesía son difíciles de establecer objetivamente, pero considero que son afirmaciones compartidas. Conozco jóvenes locos por Benedetti que descubrieron en poemas como «Táctica y estrategia», «No te salves», «Hagamos un trato», «Chau número tres», «Los formales y el frío», en su poesía amorosa, en definitiva, un lenguaje de amor que se podía compartir. He visto recitales de Benedetti con muchos jóvenes sentados en los pasillos, recordando en voz baja, con y sin nostalgia, aquello de «Compañera / usted sabe / que puede contar / conmigo». ¿Les atrae sólo esa vertebración coloquial y original de los lenguajes de amor?. No creo.  
   
Desde su poesía a sus ensayos intentaría completar ahora una visión sobre la sociedad que forma una línea de reflexión complementaria. Creo que en Mario Benedetti hay una de la visiones urbanas contemporáneas más intensas, en su poesía y en su narrativa, una matizada visión de nostalgias por espacios desaparecidos que se evocan desde aquel poema inicial que decía que «Montevideo era verde en mi infancia / absolutamente verde y con tranvías». La intensidad de la evocación sobre el espacio urbano, en la que se mezclaban lenguajes de la burocracia y de la memoria, fue convirtiéndose con el paso del tiempo en remembranza histórica: hay un relato, que dio título al volumen  Geografías , en el que se construye la memoria exiliada precisa, la de los espacios abandonados por imperativos de represión, persecución y torturas. Estoy hablando ya de la sociedad global. La que ha vivido el escritor durante una época de su vida que construyó una evocación imprescindible del país que tuvo que abandonar. Hablo de la reflexión social por tanto. De Mario Benedetti como un autor comprometido. A una parte de nosotros la palabra nos sonará con la antigüedad de nosotros mismos. Hay un poema de Mario Benedetti que certifica su voluntad de escritura de millares de páginas en el mismo sentido. Se titula «Soy un caso perdido» y responde a la sagacidad de un crítico que ha descubierto la parcialidad del autor  y le exhorta «a que asuma la neutralidad / como cualquier intelectual que se respete». El escritor asume finalmente que no será neutral aunque sus textos traten «de mariposas y nubes / y duendes y pescaditos». Pues bien, yo creo que este caso perdido que es Mario Benedetti ha provocado algunas de las reflexiones poéticas, narrativas y ensayísticas más lúcidas sobre el tiempo que vivimos.    
   
Si repasamos ahora sus ensayos, que son crítica cómplice, como dice uno de sus títulos, que son además ese ejercicio de la conciencia que decía Roberto Fernández Retamar cerrando el Congreso, obtendremos sobre todo una escritura incesante, un caudal de páginas que sitúan a Mario Benedetti, a través de una veintena de títulos, como uno de los ejes de reflexión de América Latina. Desde los escritores contemporáneos, a las cuestiones concretas que han ido jalonando nuestros años, desde las raíces culturales del continente mestizo –mestizo no sólo de razas, sino de influencias, aspiraciones, ideologías-, a los grandes temas contemporáneos, cada una de sus páginas ha ido construyendo una reflexión de época vertebrada por esa audacia de decir muchas veces lo que no se quiere oír. Su biógrafo principal, Mario Paoletti, identificó al autor con el título de «El aguafiestas», en una perspectiva qu traza su capacidad de ser inconveniente ante toda sacralidad y oficialidad cultural. Martianamente, el escritor eligió realizar su obra como ejercicio del criterio, y el criterio parece lo más difícil de mantener en tiempos de embustes y mentiras.   
   
Entre los ensayos de Benedetti, algunos especialmente actuales, como aquel panorama en el que la dialéctica del subdesarrollo genera lo que titula como «letras de osadía». América Latina como una emergencia cultural que, desde el modernismo, alcanza la palabra en otra dimensión, la nutre de unos supuestos de independencia que, sin negar los vínculos europeos, afirman una tradición propia, diferenciada y universalizante: un planteamiento metodológico que, sin ser nuevo, radicaliza otra novedad en su vinculación minuciosa al desarrollo de las sociedades en las que surge. La osadía es quizá seguir afirmando el papel de la palabra en su valor esencial, en afirmar el cuidado que de la palabra debemos tener, pero sin que el escritor se encierre en una celda verbal, sin que la palabra sea un ámbito conventual, sino que se ejerza al aire libre, abierta a la realidad. Esta atención a la palabra tiene gloriosos antecesores que se llaman Darío, Rodó, Carpentier, Neruda, etc. Que, sin embargo, resumen en casi todos los casos espacios de realidad. Esta atención ha llevado incansablemente a Mario Benedetti a escribir páginas críticas sobre una gran parte de sus contemporáneos, y de los problemas culturales que se afrontan. Con humor se ocupó en «Rasgos y riesgos de la actual poesía latinoamericana» de los problemas del compromiso del escritor. Benedetti ha afirmado siempre la grandeza de aquellos poetas del compromiso –llámense Neruda, Vallejo o tantos otros- que, sin embargo, abren su obra a la consustancial complejidad del ser humano, creando un lenguaje propio en el que aparecen núcleos del amor, del dolor, de las preocupaciones metafísicas sobre el tiempo, sobre la vida y la muerte. Y detecta en los últimos años, sin embargo, al crítico incriminador y delator que parece estar señalando todos los días «a los poderes fácticos y prácticos» al poeta comprometido diciéndoles a éstos más o menos: «pero, señores, ¿no os habéis dado cuenta de que este individuo defiende, así sea con metáforas, las revoluciones? ¿No habéis advertido que en el fondo escarnece y estigmatiza vuestros canonizados patrimonios y rentas?».  
   
«Los intelectuales y la embriaguez del pesimismo» es otro de los títulos que recomendaría en esta sala y, sobre todo en los tiempos que corren. Tras detectar una devastadora corriente de pesimismo, tras realizar un análisis de la razón mítica y crítica, y una apuesta por esta última, tras recorrer la desacralización del intelectual y la civilización artificio, Benedetti llevará a cabo una sencilla propuesta, constructiva de una esperanza: la palabra sigue teniendo sentido, y en esta confianza cabe un margen de reconstrucción e, incluso, de modesto optimismo: «nada embriagador por cierto –nos dice-, pero al menos no disociado de lo posible. Entre la tanatología y el eudomonismo, entre el culto a los muertos y el de la felicidad ?…? existe todavía una calle del medio por la que puede transitar, con los pies en la tierra, el hombre, ese hombre que no sólo es, como creía Unamuno, «el sujeto y el supremo objeto a la vez de toda la filosofía, sino también, y sobre todo, protagonista de la historia».  
   
Y la cita de Unamuno me ha abierto un interrogante. Recuerdo que Benedetti cita alguna otra vez al rector salmantino, por ejemplo por su correspondencia con su compatriota José Enrique Rodó, recuerdo alguna otra cita, pero, en cualquier caso, al margen del pensamiento, al margen de sus grandes distancias, hay un paralelismo comprensible entre un escritor y otro: su pasión cultural o las formas de cultura que se establecen  y expresan a través de la pasión, algo de lo que también estamos necesitados en estos tiempos de afirmación de pensamiento débil y complaciente.     

La narrativa sería el tercer recorrido que rápidamente les quiero proponer. Hay títulos de probada eficacia ante el lector. Ediciones innumerables de novelas como  La tregua , una de las más bellas peripecias narrativas contemporáneas sobre la soledad y el amor. Anticipaciones del terror que después habría de emplazarse en Uruguay como  Gracias por el fuego . Memorias del exilio, con atisbos de esperanzas, como  Primavera con una esquina rota . Y la construcción de un ciclo personal de la memoria, en la que el protagonista no es el autor, aunque tenga varias cosas en común con él, iniciada con  La borra del café , donde la evocación del barrio infantil de Capurro adquiere una gran intensidad emotiva. Y continuando el ciclo de la memoria con la reciente  Andamios , una historia de un periodista desexiliado a Uruguay tras la dictadura, que mantiene sus vínculos con España y que evoca a través de los tipos humanos de aquella sociedad (el confidente, el torturador, el militante que ha pasado la dictadura en la cárcel, etc.) el entramado moral de una sociedad que quiere pervivir y mantener esperanzas. Entre los muchos guiños de la novela, hay uno que me resultó particularmente divertido: cuando a Javier, el protagonista, la agencia española que publica sus crónicas desde allá empieza a no publicarle nada por su radicalismo, aparece un artículo suyo en la prensa de Alicante.  
   
Pero volviendo a  La tregua , uno de los más bellos ejemplos de la narrativa hispanoamericana contemporánea, con el que Benedetti se afincó en el mundo cansado de la burocracia, mediante un personaje, Martín Santomé y su redescubrimiento tardío del amor en Laura Avellaneda. Un lenguaje preciso establecido por lo diarios de Santomé nos daba cuenta narrativa de un mundo que, poéticamente, había sido construido también en los  Poemas de la oficina . La peripecia del amor, la ternura de las situaciones del personaje y el dolor en la pérdida, han dotado a esa novela de esa clasicidad contemporánea que hacen de Benedetti también un novelista imprescindible en un panorama de tanta riqueza como el de la novela hispanoamericana en los años 60.  
   
El teatro también sería otro recorrido posible. Estos días hemos podido ver en Alicante  Pedro y el capitán , ese vigoroso dialogo ente un torturador y su víctima con el que Mario Bendetti lanzó una interpretación universal de la psicología de los dos personajes en su situación límite. Al margen de la sociedad uruguaya, la eficacia del diálogo ha servido para que algunas asociaciones como Amnistía Internacional hayan considerado esta obra como valiosísima para el trabajo de concienciación que pretenden.  
   
El recorrido podría ser mucho más amplio. Más de setenta libros, como ya dije, nos acompañan en la memoria, en los estímulos personales, en la capacidad de reencontrarnos en ellos. Pero quisiera insistir de nuevo en la síntesis que les propongo de la escritura de Mario Benedetti.  
   
¿Qué nos entrega hoy esta obra en donde están presentes el conjunto de sentidos que he enunciado hasta aquí? ¿Por qué podemos considerar esta producción como imprescindible también para nuestro ámbito español? Yo creo que, en algunos de los sentidos esbozados, está presente ese conjunto de ideas que nutren de complejidad a la mujer y al hombre contemporáneo. Cuando un autor tiene detractores, y Mario Benedetti los tiene con seguridad, se condiciona su obra a determinados estímulos de la misma. Las reducciones se operan entonces con facilidad y se puede afirmar que el escritor es, por ejemplo, un poeta del compromiso en un tiempo en el que se deterioran la ejemplaridad de los mensajes que construyeron aquella poesía. Pero estas reducciones no suelen llevar al que las practica a ninguna parte. Si el compromiso social forma un núcleo importante en su obra, no está de más recordar la amplia dosis antiépica que la recorre, la vena irónica y humorística que la sostiene. Y no está de más recordar que el amor, con la creación de un lenguaje propio sobre el mismo, es uno de los más nutrientes estímulos de su poesía y su narrativa.   
   
En ese sentido, Mario Benedetti es de los creadores que se han dedicado a interpretar nuestra época en toda su complejidad, con todos los estímulos individuales y sociales que la constituyen, con todas las esperanzas y desesperanzas que la recorren. De las esperanzas habrá que hablar finalmente y aquí entra directamente la reflexión sobre América Latina . Se ha dicho alguna vez que en los años 60 América Latina fue el territorio de la esperanza y que ahora, por el contrario, se presenta con perfiles dramáticos de desesperanza. La detención de los procesos transformadores que se acumularon en los años 70, proceso que se saldó con un margen de violencia estatal rotunda en países como Chile, Argentina o Uruguay, con dictaduras que significaron la represión y desaparición violenta de un gran número de ciudadanos, significó una inversión de las líneas esperanzadoras de la historia que se quería vivir. La restitución de las democracias se hizo con una fuerte dosis de incertidumbre en la cual todavía estamos. Mario Benedetti, en ese tiempo,  vivió el exilio hasta el punto de ser uno de los creadores principales de la poética de aquella diáspora. Desde 1973 hasta 1985 vivió en Buenos Aires, en Lima, en La Habana y en Madrid una concentrada y creativa espera en la que aparecieron algunas de sus obras principales. El «desexilio», término que acuñó en 1985, era la voluntad de regreso y de reintegración a un espacio que necesariamente había cambiado en doce años. Si los árboles  de una de las avenidas principales de Montevideo, la Avenida 18, habían desaparecido, muchas personas también, en aquel horror que la dictadura militar abrió en el 73. El «desexilio» por eso conlleva una poética explícita de la memoria. La invitación social al olvido lleva al último libro poético que es una forma de responder a esta pretensión: el olvido está lleno de memoria, y con la memoria se restituye el pasado y el presente, la esperanza también que es, todavía, «compartir los sueños con los sueños». Escritor vertebrado en la esperanza a pesar de todo lo que se ha vivido, afirmando todavía que el «futuro se acerca / despacio / pero viene», sustentador de un optimismo contra el que no hay vacunas, Mario Benedetti es por todos esos sentidos también una lección moral que, desde lo cotidiano, envuelve la sociedad y la repuebla de guiños optimistas, aunque no fáciles. Si, a pesar de todo, debemos defender la alegría nos prevendrá de que habrá que defenderla también de la misma alegría, en su juego riguroso de encuentros con la palabra y el sentido último que ésta defiende.  
   
Estos son algunos de los sentidos de una obra y un autor al que estos días más de sesenta ponentes han dedicado su reflexión en un Congreso en el que prevaleció rigurosamente el valor múltiple, repleto de sugerencias, de posibilidades de lectura, de su narrativa, de su poesía, de su teatro y su ensayística.  
   
Advertiré para concluir que esta  laudatio  tiene muchas adhesiones por el sentido de lo que pide. Más allá de ésta, algunas Universidades como  la de Valladolid , en España, o la de La Habana, en Cuba, le van a otorgar, próximamente, a Mario Benedetti el mismo reconocimiento que la nuestra. Pero hay otro tipo de apoyo posible que tiene que ver con un amplio espacio de textos poéticos y ensayísticos en los que Mario Benedetti ha reivindicado la grandeza del sentimiento como mecanismo intelectual. Hablo ahora exclusivamente desde el mismo, desde el sentimiento. Y les digo que estoy seguro de que llegarían adhesiones desde el más allá si éstas fueran posibles, porque desde el cielo, la nada, o donde se encuentren, estarán mandando faxes de adhesión seguramente Julio Cortázar, Roque Dalton o Juan Carlos Onetti entre otros, y por supuesto que también Zelmar Michelini, monseñor Óscar Arnulfo, Salvador Allende y Ernesto Che Guevara.  
   
Así pues, considerados y expuestos todos estos hechos, dignísimas autoridades y claustrales, solicito con toda consideración y encarecidamente ruego que se otorgue y confiera al Sr. D. Mario Benedetti, a este caso perdido de Mario Benedetti, el supremo grado de Doctor  Honoris Causa  por la Universidad de Alicante.

 

Discurs pronunciat per en Mario Benedetti amb motiu de la seua investidura com a Doctor Honoris Causa per la Universitat d'Alacant



Excmo. y Magfco. Sr. Rector de la Universidad de Alicante, 
Excmas. e Ilmas. Autoridades, 
Claustro de Doctores de la Universidad, 
miembros de la comunidad universitaria, 
señoras y señores:


Quiero agradecer a todos ustedes, y en especial al señor Rector y a las autoridades de la Universidad de Alicante, una alta distinción que en cierta manera culmina mis largos años de vinculación con la cultura española y en especial con esta Universidad, a la que he procurado brindar l poco que he podido y que en compensación me ha dado mucho; entre otras cosas su amistad, su comprensión, su generoso interés por mi obra literaria, por añadidura un espacio siempre abierto para dialogar acerca de los temas y problemas de nuestro castigado continente mestizo. Gracias también a quienes, en estas fecundas jornadas, se han ocupado de mis libros y de mis personajes. 

Me parece adecuado recordar en este ámbito que la autonomía universitaria es una trascendental conquista que, en América Latina y concretamente en mi país, ha significado un sustancial aporte al desarrollo de nuestras respectivas comunidades. Es precisamente debido a esa autonomía (consagrada a partir de la Ley Orgánica de 1958) que en Uruguay la Universidad de la República ha podido desarrollar (con la sola excepción de los doce años de dictadura) tres postulados esenciales: expandir la cultura, defender las libertades, procurar la justicia y el bienestar social. De ahí que, en mi compromiso a defender la Universidad en la que se me propone como Doctor, no podré olvidar la defensa de la autonomía universitaria que la misma resguarda y mantiene con firmeza y responsabilidad ejemplares. 

Es por ésa y muchas otras razones que me siento orgulloso y conmovido. Espero que mis pasos venideros no defrauden a quienes hoy me conceden este venturoso galardón. 

Para responder mínimamente a tanta generosidad, me he permitido traer uno de mis últimos poemas, «Zapping de siglos» que hasta ahora he mantenido inédito, a fin de estrenarlo aquí, con ustedes. 

Zapping de siglos
Ahora que este siglo 
uno cualquiera 
se deshilacha, se despoja 
de sus embustes más canallas 
de sus presagios más obscenos 
ahora que agoniza como una bruja triste 
¿tendremos el derecho de inventar un desván 
y amontonar allí / si es que nos dejan 
los viejos infortunios / los tumores del alma 
los siniestros parásitos del miedo? 

lo atestigua cualquier sobreviviente / 
la muerte es tan antigua como el mundo 
por algo comparece en los vitrales 
de las liturgias más comprometidas 
y las basílicas en bancarrota 

lo vislumbra cualquier atormentado 
el poder malasombra nos acecha 
y es tan injusto como el sueño eterno 
por algo acaba con los espejismos 
y la pasión de los menesterosos / 
archisabido es que sus lázaros 
no se liberan fácilmente 
de los sudarios y las culpas 


quiero pensar el cielo cuando estaba 
sin boquetes y sin apocalipsis 
quiero pensarlo cuando era 
el complemento diáfano del mar 
pensar el mar cuando era limpio 
y las aletas de los peces 
acariciaban los tobillos 
de nuestras afroditas en agraz 
pensar los bosques / la espesura 
no esos desiertos injuriosos 
en que han ido a parar 
sino como árboles y sombra 
como follajes bisabuelos 

¿a dónde irán los niños y los perros 
cuando el siglo vecino nos dé alcance? 
¿niños acribillados como perros? 
¿perros abandonados como niños? 

¿a dónde irán los caciquitos 
los náufragos de tierra firme 
los alfareros de la envidia 
los lascivos y los soplones 
de las llanuras informáticas? 

¿dónde se afincarán los coitos baladíes 
las gargantas profundas / los colores 
del ciego / los solemnes esperpentos / 
los síndromes de chiapas y estocolmo? 

¿qué será del amor 
y qué del odio 
cuando el siglo vecino nos dé alcance? 

este fin de centuria es el desquite 
de los rufianes y camanduleros 
de los callados cuando el hambre aúlla 
de los ausentes cuando pasan lista 
de los penosos vencedores 
y los tributos del olvido 
de los abismos cada vez más hondos 
entre carentes y sobrados 
de las erratas en los mapas 
hidrográficos de la angustia

 

los peregrinos reivindican 
un lugarcito en el futuro 
pero el futuro cierra cuentas 
y claraboyas y postigos

 

los peregrinos ya no rezan 
cruje la fe de los vencidos 
y en el umbral de la carroña 
un caracol arrastra el rastro

 

los peregrinos todavía 
aman / creyendo que el amor 
última thule / ese intangible 
los salvará del infortunio

 

los peregrinos hacen planes 
y sin aviso fundan sueños 
están desnudos como amantes 
y como amantes sienten frío

 

los peregrinos desenroscan 
su corazón a la intemperie 
y en el reloj de los latidos 
se oye que siempre acaso nunca 


los peregrinos atesoran 
ternuras lástimas inquinas 
lavan sus huesos en la lluvia 
las utopías en el limo

 

los que deciden cantan loas 
a los horteras del dinero / 
los potentados del hastío 
precisan mitos como el pan

 

los que deciden glorifican 
a los verdugos del placer 
a cancerberos y pontífices 
inquisidores de los cuerpos

 

desde su cúpula de nailon 
una vez y otra y otra vez 
los que deciden se solazan 
con el espanto de los frágiles

 

tapan el sol con un arnero 
se esconde el sol / queda el arnero 
los memoriosos abren cancha 
para el misil de la sospecha

 

¿cómo vendrá la otra centuria? 
¿siglo cualquiera? ¿siglo espanto? 
¿con asesinos de juguete 
o con maniáticos de veras?

 

Cuando no estemos ¿quién tendrá 
Ojos que ahora son tus ojos? 
¿quién surgirá de las cenizas 
para bregar contra el olvido?

 

¿quiénes serán amos del aire? 
¿los pararrayos o los buitres? 
¿los helicópteros? ¿los cirros? 
¿las golondrinas? ¿las antenas?

 

temo que vengan los gigantes 
a concedernos pequeñeces 
o el dios silvestre nos abarque 
en su bostezo universal

 

el pobre mundo sin nosotros 
será peor / a no dudarlo 
pero en su caja de caudales 
habrá una nada / toda de oro

 

¿dará vergüenza ese silencio? 
¿será tal vez un saldo del bochorno? 
¿habrá un mutismo generalizado? 
¿o alguna sorda tocará el oboe?

 

damas y caballeros / ya era tiempo 
de baños unisex / el buen relajo 
será por suerte constitucional 
durante el rictus de la primavera

 

no nos roben el angelus ni el cenit 
ni las piernas de efímeras muchachas 
no elaboren un siglo miserable 
con fanatismo y sábanas de virgen

 

¿habrá alquimistas que divulguen 
su panacea en inglés básico? 
¿habrá floristas para putas? 
¿verdugos para ejecutores?

 

¿cabrá la noche en los cristales? 
¿cabrán los cuerpos en la noche? 
¿cabrá el amor entre los cuerpos? 
¿cabrá el delirio en el amor?

 

el siglo próximo es aún 
una respuesta inescrutable 
los peregrinos peregrinan 
con su mochila de preguntas

 

el siglo light está a dos pasos 
su locurita ya encandila 
al cuervo azul lo embalsamaron 
y ya no dice nunca más

 

Alicante, 16 de mayo de 1997 
MARIO BENEDETTI

Centro de Estudios Literarios Iberoamericanos Mario Benedetti


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