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¡Las piezas que hablan!

 

 

 

Dama de Elche de Ignacio Pinazo (reproducción).

Nº de referencia: LA-11.814

Copia contemporánea

El busto de la Dama de Elche que preside el Centro de Interpretación es una copia en escayola coloreada adquirida por la Fundación L’Alcúdia al Museo del Louvre en febrero de 2008. Esta es el resultado del vaciado de la reproducció hecha por el escultor valenciano Ignacio Pinazo en 1907 que conserva el museo francés, desde aquellos días en que el pensionado trabajó allí copiando el original. Otras reproducciones de Pinazo se encuentran en el Brithis Museum, la Spanish Society, el Metropolitan de Nueva York, o el Círculo de Bellas Artes de Valencia, entre otros.

 

 

 

Escultura ibérica “Torso del guerrero”

Nº de referencia: LA-884

Finales del siglo V, principios del IV a.n.e.

Se trata de un fragmento de una escultura mayor hecha sobre piedra caliza local de la que solo se conserva el torso. Representa a un guerrero ibero dotado con una lujosa ponoplia en la que destaca la coraza o kardiophylax ornamentada con una cabeza de lobo en relieve que emerge del tondo metálico que la alberga. La pieza, que posee una gran calidad en su factura y cincelado, permite advertir los distitos materiales del original: una camisa de lino con el cuello de pico que cubría el cuerpo, las cinchas de cuero –engalanadas con bellotas entre líneas meandriformes– que unían los tondos metálicos anterior y posterior, e incluso los remaches metálicos son perfectamente apreciables. La cintura se ciñe con un cinturón de placa, decorado con un motivo geométrico de volutas entrecruzadas. La pieza constituye una de las principales de la estatuaria ibérica.

 

 

Escultura ibérica de grifo

Nº de referencia: LA-688

Finales del siglo V, principios del IV a.n.e.

Este fragmento de escultura ibérica apareció un día 19 de septiembre de 1949, junto al conocido como torso del guerrero, formando parte del empedrado de una calle excavada por Alejandro Ramos. Representa un grifo, animal fantástico híbrido con cabeza de águila y cuerpo de león. Solo conserva la cabeza, quedando su lado derecho muy erosionado y el izquierdo en buen estado. Posee unos ojos prominentes, orejas picudas y una cresta dorsal que, junto a las plumas, ratifican la mitad de su naturaleza como águila. Estos animales fantásticos solían formar parte de los heroa, conjuntos escultóricos de luchas mítificadas entre esculturas humanas y bestias fantásticas que, en este caso, se denominan grifomaquias.

 

 

“Vaso del héroe”

Nº de referencia: LA-1762

Finales del s. II, primera mitad del s. I a.n.e.

Este gran contenedor de cerámica local con decoración pintada del estilo ilicitano, corresponde tipologicamente a un pithos. Lo llamativo es su decoración que se dispone sobre gran parte de la superficie de la pieza. En una cara se representa a un joven vestido con un jubón que cubre sus cabellos con una redecilla. Su mano derecha sujeta una lanza que dirige al suelo, y en la otra apresa la lengua de una bestia –que semeja un lobo idealizado– cuya fiereza ha logrado domar sin esfuerzo. El reverso lo ocupa una gran ave –tal vez una rapaz- con las alas abiertas y un pico largo y aguzado. La lectura iconográfica del vaso nos remite a una acción heróica y/o iniciática hacia el estatus de guerrero; aquel que somete las fuerzas terrestres, aéreas y vegetales de la naturaleza, representadas en una germinación feraz.

 

 

“El vaso de las peponas” o “El vaso de la tonta del bote”

Nº de referencia: LA-1779

Primera mitad del s. I a.n.e.

Este gran vaso de cerámica local pintada es uno de los más representativos del denominado “estilo ilicitano”. Fue recuperado entre 1943 y 1944 por Ramos Folqués en las excavaciones de una domus de la zona noreste del yacimiento. Formalmente es un calathos de época avanzada totalmente decorado. Los motivos son figurados y se distribuyen abigarrados en tres frisos horizontales donde campan entremezclados anímales míticos ilicitanos: los lobos y las aves en comunión con una exhuberante vegetación que germina por doquier. El espacio debajo de las dos asas semilunares es el reservado a dos rostros femeninos que por sus mejillas encendidas demuestran su condición de diosas ctónicas. Este es el motivo de su calificativo como vaso de “las peponas” o de la “tonta del bote”, pues la imagen de una de ellas guardaba semejanza con la protagonista de una película de 1939 de Gonzalo Delgrás titulada así. Sin embargo, A. Ramos Folqués asimiló ambas imágenes a la diosa púnica Tanit.

 

 

Mosaico helenístico

Nº de referncia: LA-2342

Finales del s. II, primera mitad del s. I a.n.e.

Este es uno de mosaicos epigráficos de tipo helenístico de la península ibérica más significativos. Apareció  en 1959 en los sondeos que Alejandro Ramos realizaba para la ampliación del Museo. Lo encontró en los niveles inferiores de una domus altoimperial. Está Compuesto con teselas de variada tipología, algunas pétreas en colores rojos, negros, blancos, y también por fragmentos de cerámica –posiblemente recortes de ánforas–, que componen motivos geométricos de roleos y ajedreazados, florales y arquitectónicos con un lienzo torreado con merlones. Pero su importancia radica en los signos epigráficos que le acompañan, nombres de origen indígena escritos en latín, tema que nos muestra la temprana aculturación romana en la ciudad de Ilici.

 

“La tabula de Ilici

Nº de referencia: LA-2102

Finales del s. I a.n.e.

Esta pieza de bronce con inscripción latina es una de las de mayor valor histórico con las que cuenta el Museo de La Alcudia. Es un fragmento catastral romano forjado en bronce que formaba parte de un documento mayor. Tiene un orificio en la parte superior derecha que servía para su anclaje a la pared, pues muy posiblemente estaría instalado en algún soportal del foro. Allí constan los nombres de diez de los colonos de la ciudad y sus correspondientes lotes de tierra, en referencia a los cardines y decumani. De igual modo, también ofrece información sobre los lugares de procedencia de esos soldados licenciados de las guerras a los que el emperador Augusto había premiado con esas tierras en Ilici.

 

“El cantharus de Ilici”

Nº de referencia: LA-2370

Último cuarto del s. I a.n.e.

Este vaso singular ha sido ampliamente estudiado desde su aparición en el subsuelo de una domus altoimperial en 1988. Formaba parte de un depósito de objetos de tipo ritual. El recipiente cerámico corresponde a un cantharus hecho en los alfares locales de Ilici decorado con tres personajes: en una cara una diosa alada con arreboles y en la siguiente dos varones de perfil con sendas serpientes protectoras. Las interpretaciones de su iconografía han sido variadas, pero todas coinciden en su gran valor documental que explica un hecho trascendente de la Colonia Iulia Ilici Augusta en tiempos de su fundación en el año 26 a. C.

 

 

“Lucerna de los caballos”

Nº de referencia: LA-3059

Segundo cuarto del siglo I d.n.e.

Esta lucerna apareció en 1956 en la excavación de una casa romana al sudeste del yacimiento, cerca del lugar del hallazgo de la Dama de Elche. Se trata de un magnífico ejemplar de lucerna de volutas con doble piquera del tipo Dressel 12, asa plástica en forma de hoja vegetal y dos apéndices con cabezas equinas. La excepcionalidad de esta pieza importada la remarca el tipo de cerámica con que se fabricó –vidriada en color verde– que imitaba las lucernas de bronce de idéntico tipo.

 

 

Fragmento de escultura romana de mármol blanco.

Nº de referencia: LA-3522

Entre los s. I-II d.n.e., época altoimperial.

De escasos cinco centímetros, una lechuza o mochuelo con las alas entreabiertas está posado sobre una mano rota por la muñeca a la que también le faltan algunos dedos. Se considera que debió pertenecer a una estatua menor de Minerva, nombre dado por los romanos a la diosa griega Atenea cuyo símbolo es el mochuelo común europeo Athene noctua. Estas esculturas solían ubicarse en ambientes domésticos.

 

Molde de panadero con león.

Nº de referencia: LA-3539

Siglo II-III d.n.e.

Esta pieza de barro tiene forma circular y un apéndice prensivo en el anverso que favorece su impresión sobre una materia blanda. Se trata de un signa pistoris o sello de panadero, objeto decorado en relieve positivo que se usaba para marcar los panes destinados a las celebraciones o festividades en conmemoraciones de tipo religioso. En el tondo del molde domina la escena la figura de un león de tipo naturalista; sobre él una rama de árbol y, por debajo, una planta que semeja un capullo de planta de adormidera, composición que se debe interpretar en clave alegórica.

 

 

                                     

Cuenco corintio-romano

Nº de referencia: LA-247

Mediados del s. II, segunda mitad del s. III d.n.e.

Este cuenco completo procede del hallazgo casual de una inhumación en Santa Pola, al oeste del cementerio antiguo, terrenos próximos a los del Portus Illicitanus. Fue donado al Museo de La Alcudia junto a una jarra de cerámica común y un fragmento de borde de ungüentario de vidrio, conjunto de piezas que formaban el ajuar de una tumba, datada hacia el s. III d.n.e.

La forma, inspirada en la vajilla metálica, es cilíndrica, con perfil de doble moldura en el borde y sencillo en la base. Por medio de un molde se consigue un friso decorado que ocupa toda la superficie externa en donde se desarolla, mediante escenas contínuas, el relato de los trabajos de Hércules. Pese a la singularidad de este vaso, las figuras conservan escasa definición y el barniz parduzco es poco adherente, sobre todo en su interior.

 

Molde de pastelero con rebaño

Nº de referencia: LA-3554

Siglo III d.n.e.

Este objeto de barro tiene forma lenticular y posee una decoración interna en relieve que forma una escena paisajística de tipo pastoril, en una ciudad cuyos edificios en perspectiva semejan ser de arquitectura norteafricana. Se trata de un molde de pastelero para realizar unos pastelillos denominados crustulum, hechos con una materia comestible maleable –fruta, membrillo o mosto– que se adheriría a los pliegues internos trabajados en negativo, y que al retirarlo resultaría un apetitoso dulce con formas o escenas en relieve. Según las fuentes antiguas, se repartían como agasajo en los espectáculos públicos.

  

                                                                                          

 

Conjunto de plata de tocador

Nº de referencia: LA-3200

Siglos III y IV d.n.e.

 Estos tres objetos de plata, un espejo, una paleta de maquillaje y un dispensador, fueron encontrados en el fondo de un pozo manantial inutilizado. Alejandro Ramos cuando los extrajo en 1952 en la zona de levante, comentó que aún conservaban la tela con que fueron envueltos en su día. A estos objetos propios del adorno personal femenino lo acompañaban otros utensilios de mesa, como cucharas o ligulae y un colum o colador, todos ellos del mismo metal precioso. El espejo tiene el mango decorado al modo de la clava de Hércules, y la paleta de maquillaje aún conserva los pigmentos rosados, azules y blancos sobre una lámina de plata con cuerpo aquiliforme de excelente factura. El dispensador pudiera formar parte del conjunto de mesa o estar adaptado a las provisión de polvos tamizados.

 

Celosía o cancel

Nº de referencia: LA-4391

Segunda mitad del s. VI y VII d.n.e.

Esta pieza arquitectónica se recuperó en fragmentos dispersos y fue reconstruída y adaptada de distintas maneras a lo largo del tiempo. Los elementos se localizaron en dos momentos: en 1905 en las excavaciones de Eugène Albertini al descubrir la basílica y, a partir de 1948 en adelante, en las excavaciones de Alejandro Ramos dentro y alrededor del mismo lugar.  Su atribución tiene varias teorías: como celosía de ventana, como cancel calado o como fenestrella confessionis, entre otras. Coexisten varios tipos de fragmentos: los de tipo geométrico, con decoración arquitectónica, los zoomórficos y los listones rectangulares que enmarcan las ventanas o canceles. La que nos ocupa es de tipo animalístico y representa a un bóvido junto a un elemento de apariencia vegetal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

              

La Alcudia


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