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Nada es casual

Diario El Mundo, Comunidad Valenciana, 16 de julio de 2017

Finalizamos el curso con una buena noticia para las universidades públicas valencianas y, al mismo tiempo, para el conjunto de sociedad porque una de nuestras funciones esenciales es estar al servicio de nuestro entorno y puedo asegurar que cumplimos con esa función mucho más de lo que a simple vista pueda destacar.

El anuncio del Consell de bajar las tasas universitarias -entre otras iniciativas- es algo por lo que las cinco universidades públicas valencianas llevábamos trabajando mucho tiempo. Hace 8 años, concretamente, o, lo que es lo mismo, desde el primer día en que se anunció que subirían un 10 por ciento, los cinco rectores denunciamos, al unísono, que dicha medida vulneraba el principio de igualdad de oportunidades, excluyendo a las economías más débiles del acceso a la formación especializada y por tanto de mejores oportunidades laborales y de desarrollo profesional.

Y, ¿qué es lo que supone este viraje en el rumbo? Pues hacer justicia, ni más ni menos. Los precios de las matrículas en las universidades valencianas se reducirán un 15 por ciento a lo largo de los próximos dos años y se aumentará la dotación de becas universitarias. Supone, sin duda, un cambio radical que revertirá el abandono de la formación superior por parte de los estudiantes.

Estudiar en la universidad pública en la Comunitat Valenciana ha supuesto estos últimos años hacerlo en la cuarta comunidad más cara, cuando ocho años atrás, en el curso 2011-12, ocupábamos la décimo segunda posición, lo que nos da una idea de cómo el incremento de las tasas ha sido más acentuado en nuestro territorio que en otros y, por supuesto, sus efectos se han hecho notar.

Es muy común que se analicen las universidades por los resultados académicos de sus estudiantes, sin embargo, existen otros factores que nos ofrecen una visión más completa de la importancia de los estudios universitarios en una sociedad. La contribución económica, fiscal, social, política y cultural que los egresados aportan al conjunto social justifica de por si la importancia de contar con un sistema público universitario accesible. Pero si alzamos la vista y nos fijamos en otros territorios, nos damos cuenta de que no es casual que los países que dedican más recursos a la educación superior sean también aquellos que presenten mejores resultados en el ámbito universitario.

«Si cree usted que la educación es cara, pruebe con la ignorancia», la cita de Derek Curtis Bok, expresidente de la Universidad de Harvard, que fue el eje central de mi discurso en mi toma de posesión como rector en el año 2012, puede parecer manida, pero es actual y certera. Viene a decir aquello de que para recoger frutos, primero hay que sembrar. Y sembrar, traducido a nuestra sociedad actual significa educación y formación.

El acuerdo que hemos alcanzado las cinco universidades públicas valencianas con el president de la Generalitat, Ximo Puig, y con los conselleres de Educación, Vicent Marzà i de Hacienda, Vicent Soler, esta misma semana y que ha ratificado en Consell d'Universitats, es eso mismo, sembrar.

Reducción de un 15 por ciento de las tasas, aumento de las becas, mejora de las condiciones laborales de los trabajadores de las universidades -que habían sido apartados de su legítimo derecho a la carrera profesional-, aumento de los fondos destinados a la investigación y un acuerdo para lograr un sistema de financiación estable de las universidades. Cinco puntos que nos hacen vislumbrar un futuro esperanzador para los centros públicos de enseñanza superior en la Comunitat.

No es casual que las sociedades avanzadas cuenten con universidades, es una apuesta segura hacía el progreso. La innovación es, sin duda, la receta clave para construir el futuro. Y la innovación llega a través de la educación, la formación, la investigación y el conocimiento. Y para lograr todo esto hacen falta estudiantes y estos deben poder estudiar en igualdad de oportunidades, sin que el precio de los estudios se convierta en una barrera. Porque las desigualdades, aunque primero las padecen quienes no pueden acceder a la formación superior, más adelante se evidencian en toda la sociedad, que deja el talento en el camino perdiendo oportunidades y teniendo que invertir mucho más porque resulta más caro volver a traerlo o buscarlo fuera.

No es casual que hace 8 años nos viéramos inmersos en una «burbuja educativa». Un mercado privado en educación superior que ha demostrado haber sido una apuesta completamente artificial a costa de la educación pública. No hacía falta ser un lince para percibir un triple propósito: degradar la universidad pública, encarecerla y abrir, en consecuencia, un mercado alternativo para la educación superior privada.

Hoy volvemos al camino de la lógica. Las universidades públicas dejan de ser el blanco para volver a ser una inversión de futuro para la sociedad valenciana, su economía y sus gentes.

Necesitamos visión e imaginación estratégica. Necesitamos volver a nuestro pasado no tan lejano, para reconstruir nuestro futuro. Necesitamos creer en nosotros. Necesitamos... educación, esa es la palabra.

Oficina del Rector


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