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Festividad de San Raimundo de Peñafort

Alicante, 25 de febrero de 2005

En primer lugar querría agradecer a todos ustedes su presencia en este acto, en esta celebración de San Raimundo de Peñafort, patrón de la Facultad de Derecho, que sirve de marco para poder llevar a cabo el acto de entrega de sus títulos a los egresados de la última promoción de la Facultad de Derecho.

Querría agradecer especialmente la presencia del Excmo. Sr. D. Fernando Méndez González por un doble motivo: por haber querido acompañarnos en esta celebración y por habernos brindado la Lección Magistral sobre un tema -Globalización, Nuevas Tecnologías y Registro- tan importante y tan de actualidad. Permítame que, en nombre de todos los presentes en este Paraninfo, le felicite por su brillante conferencia.

Considero que este acto de entrega de sus títulos a los egresados es el más importante que se puede realizar en una universidad. Las universidades realizan hoy día una gran variedad de actividades –todas ellas importantes-, pero, sin duda, la más importante es la de formar a sus alumnos, la de proporcionarles una formación que, además de integral, les capacite para el ejercicio profesional. Podríamos imaginarnos una universidad que dejara de realizar alguna de las actividades que hoy día llevan a cabo, pero, en ningún caso, podríamos imaginarnos una universidad que no proporcionara egresados a la sociedad, que no capacitara a aquellas personas que mañana van a ocupar los puestos directivos de la sociedad.

Quiero felicitaros a todos vosotros, egresados de Derecho y de Gestión y Administración Pública, por el esfuerzo que habéis realizado en esta universidad, en sus aulas. Ese esfuerzo tiene su recompensa en la titulación que la Universidad de Alicante ahora os otorga. La concesión de esta titulación no obedece a ningún capricho, sencillamente significa el reconocimiento de que habéis completado vuestra formación. Sabéis que vuestras vidas ahora van a cambiar decisivamente; es muy posible que ahora sintáis algo de vértigo ante los cambios que vais a experimentar, pero pensad que, de alguna manera, a partir de ahora se os reconoce vuestra madurez, vuestra mayoría de edad. La sociedad ha invertido en vosotros, en vuestra formación, a través de esta universidad. En adelante, fuera ya de estas aulas, vais a tener que empezar a reintegrar a la sociedad los recursos que ella ha invertido en vosotros. Estoy convencido que siempre recordaréis los años que habéis transcurrido aquí con nosotros, en la Universidad de Alicante, y que aceptaréis ser embajadores de nuestra universidad cualquiera que sea el lugar en el que ejerzáis vuestra profesión.

La misión principal de la facultad de Derecho, aunque no sea la única, ha de ser la formación de buenos profesionales del Derecho que alcancen una buena capacidad técnica y argumentativa en las diferentes y variadas profesiones jurídicas.

En los últimos años las universidades han realizado una variedad de esfuerzos que han afectado al proceso de formación de sus alumnos. Es cierto que buena parte de los mismos se han concentrado casi exclusivamente en cambios en los planes de estudio, y, como ha dejado escrito el profesor Francisco Laporta , reformar los planes de estudio no significa reformar las enseñanzas jurídicas. Los cambios en los planes de estudio se han prodigado muy posiblemente en exceso, confundiendo el proceso de formación de los alumnos con el diseño de la relación particular de las diferentes asignaturas que integran el plan, con el volumen de créditos de cada una de ellas y con su carácter troncal, obligatorio u optativo.

Muy posiblemente estaríamos de acuerdo en afirmar que se han dejado de lado aspectos fundamentales del proceso de formación, como los correspondientes a la metodología docente. Pero ello no quiere decir, de ningún modo, que el claustro de profesores de la Facultad de Derecho se haya despreocupado de estos problemas. Más bien, al contrario, es de justicia señalar que a lo largo del curso pasado el Decanato de la Facultad de Derecho mostró su interés por estos temas, lo que le llevó, entre otras actuaciones, a programar por primera vez un grupo docente con clases en valenciano y a organizar unas Jornadas sobre la Enseñanza y Aplicación del Derecho que se distribuyeron a lo largo del curso académico, y en las que se combinaron conferencias, mesas redondas y la proyección de películas sobre temas jurídicos.

Estoy convencido que el interés del profesorado universitario en general, y el de la Facultad de Derecho de nuestra universidad en particular, se centrará en el futuro inmediato más en los temas relativos a la metodología docente que en los relativos a la mayor o menor presencia de las diferentes asignaturas en los planes de estudio. Así ha de ser, pero no tengo dudas de que también así será.

La construcción del llamado “Espacio Europeo de Enseñanza Superior” (EEES), cuyas líneas maestras fueron esbozadas en la ya célebre “Declaración de Bolonia” suscrita por los Ministros de Educación de la UE en 1999 va a ayudar poderosamente a que esto sea así. Dentro de muy poco tiempo -unos pocos meses, nada más-, cuando el Ministerio publique el catálogo de títulos de grado, la Facultad de Derecho tendrá que iniciar un buen número de reformas en el diseño y estructura de sus titulaciones.

Habrá de incorporar el sistema de créditos europeos que, en vez de computar las horas lectivas de clase de los profesores, tendrá que considerar la carga global de trabajo efectivo del estudiante desde que éste es admitido el primer año hasta que obtiene finalmente su titulación. Por otro lado, el Suplemento al Diploma facilitará la movilidad de los estudiantes en el ámbito europeo y el reconocimiento académico y profesional en cada país de los estudios cursados en otro país europeo. El revulsivo que todo esto debe significar ha de conducirnos a una nueva manera de entender el proceso de formación de nuestros estudiantes. Además, los cambios no pueden ser sólo cosméticos, porque no hay que olvidar que las titulaciones tendrán que ser sometidas a mecanismos de evaluación y acreditación.

Todos estos cambios a los que tendrán que someterse todas nuestras titulaciones conducirán a una cierta armonización entre los sistemas universitarios europeos, y -estoy convencido- permitirán elevar la calidad de la enseñanza universitaria en Europa y aproximarnos a los niveles de excelencia de las universidades norteamericanas acreditadas.

Se van a iniciar, por tanto, cambios metodológicos importantes en nuestros métodos docentes, en los contenidos, en los estilos y técnicas pedagógicas, en la orientación y finalidad de la enseñanza, en el diseño particular de los programas docentes, en los sistemas de evaluación, etc.

Es cierto que existen fuertes inercias en las universidades que pueden dificultar la materialización efectiva de todos estos cambios, para los que es imprescindible que el conjunto del profesorado adopte actitudes y mentalidades abiertas. Pero pienso que tenemos que estar esperanzados con el proceso de Bolonia. La filosofía que impregna la construcción del Espacio Europeo de Educación Superior va a facilitar la realización de cambios sustantivos en las enseñanzas universitarias. Hemos de tener presente que la metodología de Bolonia centra su atención en la mejora de la calidad, en las capacidades, habilidades y competencias que han de adquirir los estudiantes, trasladando el protagonismo del proceso de enseñanza hacia el estudiante.

El ejemplo más claro de este enfoque se encuentra en la definición del crédito europeo (crédito ECTS) que se sustenta en el trabajo y en el aprendizaje que el estudiante tiene que realizar de modo sostenido a lo largo de todo el curso académico. Ello obligará a que el profesor tenga que prestar mayor dedicación a la docencia, preparando tutorías, seleccionando lecturas y materiales docentes, dirigiendo y corrigiendo ejercicios y trabajos académicos de los alumnos. En otras palabras, el esfuerzo del profesor dependerá mucho más del número de alumnos atendidos que del número de horas de clase que tenga que impartir.

En definitiva, las reformas que se avecinan no van a ser simples cambios formales. Si las ponemos en marcha conforme a la filosofía del proceso de Bolonia, vamos a encontrarnos ante una oportunidad irrepetible para dar un salto cualitativo en la calidad de la enseñanza universitaria, en la calidad de la formación de nuestros titulados. Quiero, por tanto, animar a la Facultad de Derecho a que se sume de manera entusiasta al importante reto de la reforma de las enseñanzas universitarias que ahora se va a iniciar. Va a ser, sin duda, un reto por el que merece la pena apostar.

Querría terminar reiterando mi felicitación a los nuevos titulados, a sus familias y amigos. Al profesorado de la Facultad de Derecho y al Personal de Administración y Servicios os invitaría a seguir trabajando, a continuar vuestro compromiso por la mejora de la calidad de todos los servicios que proporciona la Universidad de Alicante.

Muchas gracias.

Oficina del Rector


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