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Festividad de San Raimundo de Peñafort

Alicante, 23 de febrero de 2007

Permítanme expresarles mi sincera gratitud a todos ustedes por acompañarnos este día en el acto que tradicionalmente conmemora la celebración de San Raimundo de Peñafort, patrón de la Facultad de Derecho, celebración en la que se ha procedido a la entrega de sus títulos a los egresados de la última promoción de esta Facultad.

Agradezco especialmente la presencia del Excmo. Sr. D. Rafael Navarro Valls por habernos brindado la Lección Magistral sobre un tema como “Reales Academias y Deontología Jurídica”, muy importante e imprescindible en el proceso de formación de los juristas y, por tanto, muy importante para la Universidad de Alicante. En nombre de todos los presentes le felicito por su brillante conferencia, y al Dr. Bermúdez Aznar por la excelente salutación a los nuevos titulados y la presentación de nuestro ilustre conferenciante.

La entrega a los egresados de sus títulos de licenciado o diplomado es la culminación de una de las actividades más importantes que realiza la Universidad, es una de sus piedras angulares. Por ello, este acto constituye el justo homenaje a todos aquellos que, desde distintos campos de actuación, ennoblecen la principal actividad que debe llevar a cabo la Universidad con la finalidad de formar a nuestro alumnado y proporcionarles los conocimientos necesarios para el ejercicio profesional.

Podemos pensar en una universidad que deje de realizar alguna de las muchas actividades que hoy llevamos a cabo, pero, en ningún caso, podemos imaginarnos una universidad que no proporcione egresados, que no capacite a alumnos como vosotros para que mañana podáis ocupar puestos de relevancia en la sociedad.

Os felicito a todos, licenciados en Derecho, diplomados en Gestión y Administración Pública y Titulados en Criminología y en Detective Privado, por culminar con éxito el trabajo que habéis desarrollado en vuestra Facultad. Ese esfuerzo tiene su recompensa en la titulación que la Universidad de Alicante os otorga ahora. Este acto protocolario os distingue por vuestro esfuerzo y sacrificios en la adquisición de los conocimientos necesarios para afrontar vuestro futuro profesional. A partir de ahora, tendréis que tomar ciertas decisiones relevantes para vuestras vidas y es muy posible que sintáis algo de vértigo ante los retos que tenéis que afrontar. No obstante, pensad que la graduación es un reconocimiento de vuestra madurez, de vuestra mayoría de edad y de vuestra capacidad para superar las dificultades. Estoy íntimamente convencido de que la Universidad también habrá contribuido a vuestra formación integral como ciudadanos.

La sociedad ha invertido en vosotros, en vuestra formación, recursos muy importantes. De muy variadas formas, en vuestra actividad diaria futura se producirá un retorno a la sociedad de los anticipos que os ha adelantado y que servirá para ayudar a la formación de las generaciones venideras. Olvidaréis los malos momentos que ya habéis superado y crecerán los buenos recuerdos de un tiempo de plena vitalidad y crucial para vuestra formación. Tengo la seguridad de que, en esta nueva etapa de vuestra vida, recordaréis siempre los años que habéis pasado aquí con nosotros, y que seréis los mejores embajadores que puede desear esta Universidad.

Así ha de ocurrir, también, con las próximas cohortes de egresados de la Universidad de Alicante cuando éstos hayan superado los correspondientes títulos de Grado y Máster, ya adaptados al Espacio Europeo de Educación Superior, cuyas directrices deseamos que cada día estén más próximas.

En estos momentos se está tramitando en el Senado el Proyecto de Ley por el que se modificará la Ley Orgánica de Universidades, siendo previsible que dicha modificación entre en vigor la próxima primavera. El texto presentado, aunque es sólo una reforma parcial de la todavía vigente Ley Orgánica de Universidades, incorpora, no obstante, cambios profundos que, además de sustituir el mecanismo de las habilitaciones por el de acreditación para el acceso a los Cuerpos Docentes Universitarios, afecta decisivamente a todo el proceso conducente a la elaboración de los títulos universitarios.

En concreto, el Proyecto de Ley modifica el artículo 34 de la LOU relativo a los “Títulos Universitarios”, creando un registro de Universidades, Centros y Títulos Universitarios. La nueva redacción de este artículo tiene como consecuencia que el Gobierno queda liberado de la responsabilidad que tanto la LRU como la LOU le asignaban en la configuración de los títulos universitarios de carácter oficial. El Gobierno, hasta ahora, determinaba la relación de títulos universitarios que incluía en un catálogo, y, además, establecía su estructura básica, al dictar las directrices propias de cada uno de ellos.

En el pasado mes de septiembre, el Ministerio de Educación y Ciencia hizo público un documento que recogía los aspectos fundamentales que contendría el desarrollo reglamentario de los títulos universitarios. Según este documento la futura estructura de títulos tendría tres niveles: Grado, Master y Doctorado, sucediendo que todos los Grados pasarán a tener una duración uniforme de 4 años, mientras que la duración de los Másters estará comprendida entre 1 y dos años.

El pasado 21 de diciembre, el Ministerio de Educación y Ciencia hizo público otro documento, complementario del anterior, que precisaba los aspectos básicos que contendría el futuro Decreto que regularía los Títulos de Grado y de Máster.

Desde mi punto de vista, el verdadero alcance de la reforma, contenida tanto en la modificación de la Ley Orgánica de Universidades como en los documentos que acabo de citar, se encuentra en la renuncia del Gobierno a establecer tanto la relación de títulos oficiales como la determinación de la estructura básica de sus contenidos, al desaparecer las directrices generales propias de los títulos. Todo ello, dejará de ser competencia del Gobierno para pasar a ser asumido directamente por las universidades, que ahora podremos confeccionar nuestros títulos con unos grados de libertad sustanciales. A partir de ese momento las universidades tendremos, de verdad, auténtica autonomía universitaria, adquiriendo una responsabilidad social considerable.

No obstante, la autonomía en el diseño del título se combina con un detallado sistema de evaluación y acreditación que pondrá a disposición de las Administraciones Públicas competentes una rica información que les permitirá supervisar la ejecución efectiva de cada una de las enseñanzas universitarias y evaluar los niveles de calidad alcanzados por nuestros egresados.

Todos los cambios importantes que alteran el rumbo que las instituciones universitarias hemos ido siguiendo conllevan riesgo. El mes pasado en este mismo Paraninfo, en su investidura como Doctor Honoris-Causa, el profesor Alan Heeger, Premio Nobel de Química, hizo especial énfasis en que la exposición al riesgo constituye un ingrediente imprescindible para la mejora de la calidad de las universidades. Tenemos que arriesgar si queremos mejorar la calidad del proceso formativo que nuestra Universidad brinda a sus estudiantes y, sin riesgo no será posible tener éxito en la adaptación al marco europeo de educación superior.

Por ello, tenemos que abrir un proceso en el que los principales protagonistas, profesores y estudiantes, asumamos nuestro papel de actores en el nuevo escenario educativo, de tal modo que la reforma no se limite a un mero cambio de denominaciones, sino que ofrezca una respuesta eficiente a los principales interrogantes, esto es, qué es lo que hay que enseñar, quién tiene que enseñar y cómo hay que enseñarlo. Tenemos que conseguir que la organización de las enseñanzas esté dirigida a la adecuación de los métodos de enseñanza y aprendizaje al objetivo de adquisición de conocimientos y competencias por los alumnos; a facilitar la movilidad estudiantil entre distintas universidades; a promover el contacto con el mundo profesional y, propiciar el aprendizaje a lo largo de la vida.

Las consecuencias, a medio y largo plazo, de todos estos cambios serán profundas. Cuando podamos diseñar con amplios márgenes de libertad nuestros títulos oficiales, las universidades empezaremos a diferenciarnos y a competir. En este nuevo contexto la apuesta por la calidad y nuestra capacidad para satisfacer la demanda de formación superior de los jóvenes se harán mucho más importantes. En definitiva, las universidades vamos a tener que enfrentarnos a un reto de una magnitud que hasta ahora nunca habíamos conocido. No va a ser desde luego, sencillo, pero va a merecer la pena. Tendremos que poner en el proceso grandes dosis de sensatez y de generosidad, pero estoy convencido de que estaremos a la altura de lo que la sociedad espera de nosotros.

Como en cualquier institución, también en la Universidad existen fuertes inercias que pueden dificultar el logro de estos objetivos. Por ello es imprescindible que el conjunto del profesorado adopte actitudes y mentalidades abiertas. Animo a la Facultad de Derecho, ejemplo secular de tradición y de adaptación a los cambios, a que se sume de manera entusiasta al importante objetivo de la reforma de las enseñanzas universitarias. Va a ser, sin duda, un reto por el que merece la pena apostar.

Terminaré reiterando mi felicitación a los nuevos titulados. Ha transcurrido para vosotros un tiempo de dedicación y esfuerzos, que han sido compartidos también por vuestras familias y amigos, con su correspondiente cuota de sacrificios, y que se han visto finalmente culminados con brillantez y éxito.

Al profesorado de la Facultad de Derecho y al Personal de Administración y Servicios os animo a seguir trabajando con ilusión y a continuar con vuestro compromiso por la mejora de la calidad de todos los servicios que proporciona nuestra Universidad.

Muchas gracias.

Oficina del Rector


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