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Clausura de Curso Académico 2011-2012 e Investidura como Doctor "Honoris Causa" del Excmo. Sr. D. Filippo Coarelli

Alicante, 14 de mayo de 2012

Celebramos en el día de hoy el Acto de Clausura del curso académico 2011/2012. Como en años anteriores, hemos procedido a entregar el máximo título académico que las universidades podemos otorgar: el título de doctor. A este estrado han subido los nuevos doctores y doctoras de la Universidad de Alicante que han culminado su programa de doctorado en nuestra universidad, y han recibido el birrete que les acredita como tales. Igualmente, en este solemne acto hemos hecho entrega de los Premios a la Excelencia Docente del curso 2010/2011, concedidos por el Consejo Social, al profesorado que se ha hecho merecedor del mismo.

Pero coincidirán conmigo, en que este acto ha quedado especialmente realzado por dos hechos singulares. Por un lado, se ha llevado a cabo la investidura del profesor Filippo Coarelli como doctor honoris causa por nuestra universidad, y, por otro, hemos entregado la Medalla de Oro de nuestra universidad, a título póstumo, a nuestro querido compañero D. Balbino Mancheño Magán.

Además, no puedo ocultar que este acto de clausura tiene un significado especial para quien les habla, al tratarse del último acto académico que me corresponde presidir, una vez concluido mi mandato como Rector de esta universidad. Como Vds. saben, el pasado día 8 la Comunidad Universitaria eligió al Dr. D. Manuel Palomar Sanz como nuevo rector. Mañana la Junta Electoral llevará a cabo la proclamación definitiva, por lo que quiero aprovechar mi intervención en este acto para expresarle, en nombre de todos, mi más sincera felicitación por el éxito conseguido. Felicidades Manolo.

Hace tres años el Consejo Social de la Universidad de Alicante decidió sumarse a la iniciativa de la Conselleria d’Educació, Formació i Ocupació de instituir unos premios que reconocieran la excelencia docente del profesorado. Con estos premios, el Consejo Social ha querido acertadamente estimular, impulsar y valorar la labor docente de los profesores universitarios.

En la universidad nos debemos a nuestros estudiantes, que son nuestra principal razón de ser. Su formación es la primera función que nos corresponde llevar a cabo. Es nuestro compromiso formar a los profesionales cualificados que la sociedad reclama y sobre quienes recaerá la responsabilidad de construir nuestro futuro.

La dedicación del profesorado es imprescindible para conseguir que esta primera función de formación de nuestros estudiantes la realicemos de manera plenamente satisfactoria. Esta tarea la realiza nuestro profesorado todos los días y debe ser reconocida. Por ello, ha de ser bienvenida la iniciativa que el Consejo Social ha tomado de reconocer con el Premio a la Excelencia Docente a aquellas profesoras y aquellos profesores que se han distinguido, a juicio del jurado, por la excelencia en el desempeño de esta función.

Hemos procedido hace un momento a la entrega de estos Premios a la Excelencia Docente correspondientes al último curso académico. Quiero felicitar a Josefa Eugenia Blasco Mira (Pepa), a Pablo Gil Vázquez, a Carmen Martínez Mora y a Teresa Morell Moll por el Premio que tan merecidamente habéis obtenido. Vosotras y vosotros sois la mejor prueba del esfuerzo que nuestra universidad realiza para proporcionar la máxima calidad en la formación de nuestros estudiantes. Pero, dejadme que extienda también esta felicitación a la Facultad de Educación, a la Escuela Politécnica Superior, a la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales y a la Facultad de Filosofía y Letras, que son los Centros en los que desempeñáis vuestro trabajo y que se benefician de vuestro buen hacer.

Etimológicamente Doctor -el que enseña, el docto- es palabra que define al maestro, al profesor, a quien genera conocimiento. La primera colación del título de doctor tuvo lugar, en 1140, en la Universidad de Bolonia, a la que siguieron, al poco tiempo, otras universidades europeas. En nuestros días, el título de doctor está asociado al reconocimiento de la capacidad investigadora.

La generación de conocimiento -de nuevo conocimiento- es una de las funciones inexcusables que la universidad ha de llevar a cabo; sin ella no podríamos hablar propiamente de universidad. Para desempeñar adecuadamente esta función, nuestra universidad ha de propiciar todos los años la aparición de nuevas cohortes de investigadores que se incorporen al proceso de creación y de ampliación del conocimiento por medio de la investigación.

Es, por tanto, un motivo de orgullo, para todos los que formamos parte de esta Universidad, comprobar que el esfuerzo y la dedicación de nuestros investigadores han dado su fruto con esta cohorte de nuevas doctoras y nuevos doctores.

Quiero felicitar, pues, a quienes habéis recibido hoy el birrete que simboliza vuestra nueva condición. Tras varios años de esfuerzos habéis conseguido la colación del más alto grado académico que concede la universidad: el título de doctor.

Sabéis bien que durante todo este tiempo habéis tenido el apoyo de la institución y de muchas personas de nuestra comunidad universitaria. Habéis contado, en particular, con la orientación y la ayuda de vuestras directoras y directores de tesis, a quienes agradezco públicamente la dedicación y el empeño que han puesto para que cada uno de vosotros y cada una de vosotras hayáis contribuido con vuestras tesis doctorales a generar nuevo conocimiento, y también a abrir nuevas vías para investigaciones futuras. Estoy seguro de que para cada uno de vuestros directores y directoras es un motivo de satisfacción y de orgullo veros reconocidos con el título de doctor que hoy acabáis de recibir.

Con vuestro birrete de doctores estáis asumiendo también nuevas responsabilidades. Vuestra tesis doctoral representa el inicio de una nueva etapa. Ahora debéis de conseguir que los resultados de vuestra investigación se materialicen en publicaciones que acrediten la calidad de vuestro trabajo investigador. Y, una vez que este objetivo esté cubierto, tendréis que demostrar vuestra autonomía investigadora, y encontrar nuevas líneas de investigación, porque la generación de nuevos conocimientos ha de ser para vosotras y vosotros -los nuevos doctores-, como lo es para la Universidad, un objetivo permanente.

El acto de hoy ha tenido, también, un contenido singular y especialmente emotivo por su significado. Nuestra compañera Mª Dolores García Ivars ha recogido la Medalla de Oro que la Universidad de Alicante ha concedido, a título póstumo, a D. Balbino Mancheño Magán.

La Medalla de Oro es la más alta distinción honorífica que la universidad puede otorgar y sólo puede recaer en personas que hayan contribuido de manera especialmente relevante a construir la realidad que es hoy nuestra Universidad. Este ha sido, desde luego, el caso de Balbino Mancheño, y así lo valoró el Consejo de Gobierno cuando, el pasado día 30 de enero, y por unanimidad, reconoció la importante labor que había realizado a favor de la Universidad de Alicante.

Balbino ha sido un universitario ejemplar tanto en su faceta docente como en su actividad investigadora. Todos hemos podido constatar los altísimos niveles de autoexigencia que Balbino se imponía como profesor y como universitario. También hemos podido comprobar cómo se involucró, a lo largo de su vida universitaria y siempre con pasión, en el desempeño de importantes puestos de responsabilidad, desde los que prestó extraordinarios servicios a nuestra institución. Sus 8 años al frente de la Facultad de Ciencias dejaron una impronta que perdura; los programas de prácticas externas, de prácticas de laboratorio, de prácticas de campo y de movilidad internacional de los estudiantes de la Facultad de Ciencias son un buen ejemplo de su empuje como Decano.

Poco después, su energía volvió a hacerse patente, a partir de marzo de 2011, cuando fue nombrado Director del Parque Científico. Esta etapa fue, lamentablemente, muy breve, pero en ella Balbino Mancheño consiguió dar un impulso organizativo considerable a nuestro Parque.

También me gustaría destacar, especialmente, el magnífico papel que desempeñó participando, de manera entusiasta, en una gran variedad de órganos de gobierno y de representación de nuestra universidad. Entre otros órganos, el Consejo de Gobierno, el Claustro de la universidad y el Consejo Valenciano de Universidades y Formación Superior han sido testigos de su participación y de sus aportaciones. Todos somos conocedores de la intensidad con que Balbino se volcaba en todos estos órganos y en sus comisiones, y también somos conocedores del buen número de acuerdos alcanzados en estos órganos que llevan su impronta personal, entre los que, desde luego, se encuentran una parte nada desdeñable de los contenidos del Estatuto de 2004 y del actual Estatuto de nuestra universidad que entró en vigor el pasado mes de febrero.

Pero si hubiera que resumir en una única palabra toda la trayectoria en nuestra universidad de Balbino Mancheño, ésta palabra sería: compromiso.

Compromiso con todos aquellos objetivos y responsabilidades que él asumió. Compromiso con su Facultad de Ciencias, compromiso con la investigación de calidad, compromiso con el Parque Científico. Compromiso con nuestra institución, compromiso y lealtad con su universidad.

Hace 4 meses todos experimentamos un profundo dolor por la pérdida inesperada de Balbino. Mª Dolores y Mónica: sabéis que la huella que Balbino ha dejado en nuestra universidad ha sido muy profunda. Sabéis que toda la universidad así lo valora y lo siente, pero yo, como rector de esta universidad, quiero y debo decirlo públicamente. Y también debéis saber que el recuerdo de Balbino permanecerá siempre entre nosotros.

Hacer ciencia es el pilar fundamental sobre el que se sustenta una universidad. El prestigio de cualquier universidad está, por tanto, decisivamente relacionado con su contribución al conocimiento, de ahí que las universidades deseemos sentar en nuestro claustro a aquellas personas que han realizado aportaciones fundamentales.

Este es el origen del doctorado honoris causa, o ad honorem, sólo atribuible en razón de relevantes méritos académicos, distinción con la que la universidad quiere honrar a la persona homenajeada y con la que la institución se beneficia -nos beneficiamos- del prestigio del nuevo doctor que, por este procedimiento, queda incorporado a nuestro claustro.

Hoy, la Universidad de Alicante se engrandece al haber otorgado su más alta distinción al profesor Filippo Coarelli. Es un verdadero orgullo para nuestra Universidad que haya aceptado este nombramiento porque ello nos permite aprovecharnos de su prestigio y aprender de sus conocimientos.

En nombre de todos los presentes debo, en primer lugar, felicitar a la Facultad de Filosofía y Letras por haber propuesto incorporar al claustro de nuestra universidad al Dr. Coarelli, felicitación que quiero dirigir particularmente al Departamento de Prehistoria, Arqueología, Historia Antigua, Filología Griega y Filología Latina por haber tomado la iniciativa que nos ha conducido al acto académico que acabamos de celebrar.

Asimismo, quiero hacer público nuestro reconocimiento al padrino, el profesor José Uroz Sáez, que ha expuesto de forma resumida, pero clara y convincente, los sobrados méritos que concurren en nuestro nuevo doctor y que fundamentan indiscutiblemente su incorporación a nuestro claustro.

No voy a extenderme en glosar el trabajo desarrollado a lo largo de su vida por el profesor Filippo Coarelli, porque sus méritos ya han sido expuestos por el padrino mucho mejor de lo que yo podría hacerlo aquí. En todo caso, podemos concluir que nuestro nuevo doctor es un académico del máximo prestigio internacional en la investigación sobre la Antigüedad.

No obstante, quiero referirme a algunos aspectos de la personalidad del profesor Coarelli. En primer lugar, me gustaría destacar la pasión hacia la historia, la arqueología y las humanidades, que siempre, desde muy joven, ha sentido nuestro nuevo doctor. Así lo ha expresado el Dr. Coarelli en alguna entrevista, recordando la huella que le dejó su primera experiencia como arqueólogo cuando encontró unos restos de la época medieval. Entonces contaba con poco más de 7 años, y estaba refugiado, con parte de su familia, aguardando los inminentes bombardeos de Monte Cassino. Esta experiencia precoz le despertó su interés por los temas antiguos y su voluntad de estudiar historia; aunque ésta hubo de esperar hasta que, con su mayoría de edad, a los 21 años, y contrariando la voluntad paterna, decidió abandonar los estudios de Derecho para matricularse en la Facultad de Letras, donde conoció al profesor Bianchi Bandinelli, quien le abrió el camino a su dedicación a la arqueología.

El otro aspecto que querría destacar de la personalidad de nuestro nuevo doctor honoris causa es el apoyo que siempre ha prestado a todos los grupos de investigación con los que ha estado en contacto, y así lo hemos experimentado en la Universidad de Alicante desde hace mucho tiempo.

La presencia de Filippo Coarelli en nuestra universidad se remonta a 1987, a través de su participación en diferentes cursos y seminarios que se irían repitiendo a lo largo de los años, y que nos permitieron tenerlo como profesor invitado.

Su primera estancia con nosotros tuvo como resultado la firma, un año después, en 1988, del Programa de Intercambio Erasmus entre la Universidad de Perugia -su universidad- y la Universidad de Alicante. Este programa Erasmus es el más antiguo de nuestra Universidad y ha permitido a muchos de nuestros estudiantes completar su formación académica con el profesor Coarelli. Algunos de esos estudiantes hoy forman parte de nuestro cuadro de profesores, otros son profesores de Instituto, otros cualificados técnicos arqueólogos que trabajan en museos o bien ejercen la profesión como autónomos. En todos los casos su formación se ha visto beneficiada sustancialmente por las enseñanzas del profesor Coarelli.

Asimismo, los vínculos entre las Universidades de Perugia y de Alicante han permitido que varios doctorandos de nuestra universidad realizaran una buena parte de sus Tesis Doctorales bajo la tutela del profesor Coarelli, habiendo llegado a ser, en algunos casos, co-director de alguna tesis.

Igualmente debo destacar que desde 1989 los profesores Uroz y Coarelli han organizado conjuntamente, tanto en Italia como en España, diferentes congresos sobre arqueología, en los que han participado más de 150 profesores de universidades de ambos países.

Toda esta intensa relación que nuestro nuevo doctor ha propiciado ha permitido que nuestras dos universidades hayan participado conjuntamente en un elevado número de campañas de excavaciones arqueológicas. Así, profesores y estudiantes de nuestra universidad han participado en 16 campañas de excavaciones arqueológicas en la villa de Plinio en San Giustino (Perugia). Y, desde luego, es obligado destacar que, desde 2004, equipos de las Universidades de Perugia y de Alicante están llevando a cabo excavaciones conjuntas en Pompeya.

Así pues, durante un cuarto de siglo hemos podido mantener unas fecundas relaciones profesionales con el profesor Coarelli de las que nuestra Universidad ha salida muy fortalecida.

Permítanme, ahora, que me dirija, brevemente, en italiano a nuestro nuevo doctor.

Profesor Coarelli: Desde hace 25 años, Vd. ha estado apoyando el trabajo de muchos profesores y estudiantes de nuestra universidad. Ha estado dispuesto a colaborar en todas las formas posibles de cooperación académica: con estudiantes de nuestra universidad, con nuestros profesores a quienes ha orientado sus investigaciones, con nuestros doctorandos, en congresos científicos y en excavaciones arqueológicas. La generosa colaboración que ha brindado a nuestros investigadores es una prueba de su compromiso con la excelencia académica que ha caracterizado su trayectoria universitaria. Quiero decirle que la Universidad de Alicante se siente muy agradecida por el apoyo que nos ha proporcionado y se encuentra muy honrada con su incorporación, en el día de hoy, a nuestro claustro de doctores.

Como he dicho al principio, este es el último acto académico que me corresponde presidir al concluir mi mandato como rector de la Universidad de Alicante. Quiero expresar, en estos momentos, mi profundo agradecimiento a la Comunidad Universitaria por haberme concedido su confianza durante todos estos años, en los que he tenido el enorme privilegio de ser el rector de esta universidad.

En el acto de toma de posesión de mi primer mandato como rector expresé que la Universidad de Alicante era una universidad competitiva y de prestigio reconocido. Hoy, más de 7 años después, creo que podemos seguir afirmando, con orgullo, que tenemos una universidad prestigiada, reconocida internacionalmente y enraizada en nuestro entorno social. Y todo esto es fruto del esfuerzo de miles de personas que a lo largo de tantos años han hecho posible -habéis hecho posible- que hoy nuestra sociedad disponga de esta estupenda universidad.

Termino mi mandato al frente de esta universidad, de esta magnífica universidad, en unos tiempos difíciles, en unos tiempos muy difíciles. Últimamente se han estado difundiendo afirmaciones que atribuyen la responsabilidad de la mala situación económica al despilfarro de las administraciones públicas, pero, especialmente, al despilfarro de las comunidades autónomas y, también, al despilfarro de las universidades, de las universidades públicas. Estas afirmaciones carecen totalmente de fundamento y deben ser rechazadas con rotundidad, aunque debamos reconocer que las administraciones públicas hayan realizado excesos -hasta importantes excesos- en algunos de sus programas de gasto y que las universidades tengamos en nuestro interior ineficiencias -importantes ineficiencias- que debemos corregir. Pero, en ningún caso, puede sostenerse que las administraciones públicas o que las universidades nos encontremos en el origen de la crisis económica.

Permítanme que, en esta parte final de mi intervención, me extienda un poco exponiendo algunas reflexiones sobre estos temas, abusando de mi condición de economista.

Los problemas que hoy tenemos empiezan a manifestarse a finales de 2007, cuando se inició un cambio en el ciclo económico de todas las economías occidentales, que, un año después, en septiembre de 2008 se plasmó, de manera brusca, en una aguda recesión cuya intensidad nos retrotrae a 80 años atrás.

Hoy está comúnmente aceptado que el origen de este brusco cambio de ciclo hay que situarlo en los extraordinarios volúmenes de deuda -fundamentalmente de deuda privada- acumulados durante una década, durante la década inmediatamente anterior. Además, esta deuda acumulada está distribuida asimétricamente entre los diferentes países, tanto a nivel mundial, como en el interior de la Unión Europea y dentro del área del euro. Esta fuerte asimetría deja ver con claridad la existencia de intereses contrapuestos entre los países acreedores, que ven sustancialmente difícil recuperar sus activos financieros, y los países deudores, que tiene extraordinarias dificultades para hacer frente a sus obligaciones, siendo esta contraposición de intereses especialmente aguda en el seno de la Unión Monetaria Europea.

A partir de 2008, en un país deudor, como es Estados Unidos, tanto la Reserva Federal Norteamericana (Fed) como el Gobierno Federal pusieron en marcha políticas monetarias y fiscales expansivas y anticíclicas, con el objetivo de ir reduciendo progresivamente el valor real de la deuda acumulada y facilitar, así, el crecimiento económico. Hoy nadie pude negar lo acertado que ha sido para Estados Unidos poner en marcha y sostener estas políticas expansivas.

Sin embargo, como bien sabemos, desde hace ahora dos años en el seno de la Unión Europea se han impuesto con rotundidad severas políticas de austeridad, totalmente equivocadas, que, eufemísticamente, denominan consolidación fiscal. Estas políticas, totalmente alineadas con los intereses de los acreedores, están provocando unos acusados y prolongados efectos recesivos que afectan a todos los países de la Unión Europea, pero con especial intensidad a los países deudores.

El origen de la crisis económica hay que situarlo, por tanto, en ese lugar y no en otro. Hay que situarlo, por un lado, en el extraordinario volumen de deuda acumulada, distribuida asimétricamente, y, por otro lado, en la política contractiva y procíclica que se está aplicando.

Las consecuencias de este estado de cosas son conocidas, dolorosamente conocidas, por todos.

Una de las consecuencias más dañinas de la política económica que se ha impuesto en el seno de la Unión Europea afecta a todas las administraciones públicas. La importante caída de los ingresos públicos y las grandes dificultades de acceso al crédito, especialmente para las administraciones periféricas, están haciendo extraordinariamente difícil el sostenimiento de las políticas de prestación de los servicios públicos esenciales que, como sabemos, en España prestan las Comunidades Autónomas y no el Estado Central.

Sra. Consellera, somos plenamente conscientes de las considerables dificultades económicas a las que tiene que hacer frente la Generalitat. Sabemos que la Generalitat no es responsable de la fuerte caída de ingresos que está experimentando. También somos conscientes de que la fuerte caída de ingresos puede hacer inevitable recortar los gastos, afectando a la prestación de los servicios públicos básicos. Pero es precisamente en los momentos más difíciles cuando se desvelan cuáles son las verdaderas prioridades de las decisiones públicas.

El activo más importante de una sociedad es, sin duda, su capital humano, que incluye a todos y cada uno de sus ciudadanos con su formación y grado de cualificación. Y el segundo recurso más importante es su capacidad de innovación, el único mecanismo que permite mejorar la productividad. De ellos depende la riqueza presente y futura de una sociedad y su nivel de vida.

En ambos procesos las universidades intervenimos decisivamente, ya que somos quienes nos encargamos de la formación superior de los jóvenes y quienes generamos las dos terceras partes del nuevo conocimiento que, mediante la investigación, se obtiene en España y que estamos obligados a transferir a la actividad productiva.

Está comúnmente establecido en el análisis económico que ambas actividades -la transmisión del conocimiento y su creación- no sólo benefician privadamente a quienes reciben la formación y a quienes crean dicho conocimiento, sino que, además, benefician al conjunto de la sociedad. Como consecuencia de este hecho, como consecuencia de los efectos externos positivos que la actividad universitaria genera, se justifica que la sociedad apueste por la universidad.

Por ello, no tenemos duda de que, aunque la sociedad aporta mucho a las universidades, suceda también que los retornos de las universidades a la sociedad superen a lo que de ella recibimos, esto es, que las universidades seamos instituciones socialmente rentables.

Hace ahora tres años, con el objetivo de tener un conocimiento preciso y cuantitativo de nuestra contribución a la sociedad, las universidades públicas valencianas encargamos al Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) la realización de un estudio sobre el impacto socioeconómico de nuestras universidades.

Quiero recordar aquí dos de los resultados más relevantes de dicho estudio. Por un lado, se obtuvo que las universidades públicas valencianas habíamos aportado 0,95 puntos porcentuales al año al crecimiento económico de la Comunidad Valenciana, es decir, el 30% del crecimiento económico experimentado. O, en otras palabras, sin la contribución realizada por las universidades, en 2009 nuestra renta per cápita habría sido un 21% inferior.

El segundo resultado que se obtuvo es que por cada euro que la administración invierte en las universidades, sus titulados devuelven en forma de mayor recaudación fiscal 1,35 €. Esto se debe a que los mayores impuestos que abonan los titulados universitarios y el menor recurso que estos hacen de las prestaciones por desempleo compensan crecidamente el total de las aportaciones presupuestarias que las administraciones públicas transfieren a las universidades. Puede afirmarse, por tanto, que las universidades valencianas, además de ser socialmente rentables también lo somos fiscalmente

Las universidades desempeñamos, por tanto, un papel fundamental en nuestra sociedad.

Por ello no se entiende -no se puede entender- que en los últimos tiempos se hayan puesto en marcha campañas que buscan sembrar el desprestigio de nuestras instituciones, campañas que responden al tipo de prejuicios que eran corrientes hace décadas. No se puede tratar a la sociedad del conocimiento, a las universidades, como si fuéramos un espectáculo, desde el tremendismo de titulares destructivos carentes de fundamento. Titulares efímeros, pero muy dañinos.

Y es todavía más incomprensible -y rechazable- que nuestro ministro, el Ministro de Educación, Cultura y Deporte haya contribuido a alimentar estas campañas, a las que -hay que decirlo- la Generalitat es totalmente ajena. Por ello, es obligado romper una lanza a favor de las universidades españolas.

No se puede afirmar que uno de los problemas de nuestro país sea que tenemos un número excesivo de universidades, que, al enunciarlo de manera genérica, da a entender que sobran universidades públicas. Sin embargo, frente a esta afirmación los datos muestran que, excepto en Holanda e Italia, todos los países europeos tienen un número de universidades por millón de habitantes superior al de España; y esto también sucede en Estados Unidos. Tampoco se puede afirmar que el sistema universitario español sea caro, cuando, por ejemplo, en países europeos como Francia, Holanda o Finlandia, las transferencias por estudiante aportadas a las universidades por las administraciones públicas son sustancialmente superiores a las que recibimos en España. Tampoco se puede afirmar que la tasa de abandono de nuestros estudiantes sea demasiado elevada, cuando el 79 % de los estudiantes que inician sus estudios universitarios obtienen un título universitario, mientras que la media de la OCDE está en el 70 %. Tampoco se puede afirmar que acceden en España demasiados jóvenes a la universidad, cuando nuestra tasa de entrada está por debajo de la media de la OCDE. Tampoco se puede afirmar que la empleabilidad de nuestros titulados sea comparativamente muy mala; desde luego, es cierto que últimamente la tasa de desempleo de los titulados universitarios es inaceptable, pero ésta se encuentra un 41 % por debajo de la media para el conjunto de la población activa y un 27 % por debajo para la franja de edad de 25 a 29 años.

Y si nos referimos a los resultados de investigación, la valoración ha de ser claramente positiva. Según los últimos datos, en España se produce el 3’4 % de la producción científica mundial, ocupando la 9ª posición, sólo superada por países que tienen todos ellos un PIB superior al nuestro y, a excepción de China, también una renta per cápita superior. Y si consideramos el número de publicaciones científicas por habitante comprobaremos que nuestros datos, aunque alejados de los del Reino Unido y de Estados Unidos, están muy próximos a los de Francia y Alemania, pero por encima de los de Japón.

Por otro lado, la calidad de las publicaciones científicas realizadas en España es también satisfactoria, ya que el índice de impacto normalizado medio de nuestras publicaciones es 1’16, esto es, un 16 % superior a la media mundial.

Todos estos datos ponen negro sobre blanco que, en el contexto europeo y mundial, el peso, en cantidad y calidad, de la producción científica generada en España y en nuestras universidades, no sólo no se encuentra por debajo del peso relativo de España a nivel europeo y mundial, sino que se encuentra claramente por encima.

Además, hay que destacar que todos estos resultados se están obteniendo cuando España sólo invierte en I+D+i un 1,39% de su PIB, muy lejos del 2,3% que es la media de la OCDE.

Sra. Consellera, las universidades somos social y fiscalmente rentables. Y nuestro rendimiento, en formación superior y en investigación, está por encima del peso que nuestro país tiene cuando lo comparamos con los grupos de países de nuestro entorno.

Ya he indicado anteriormente que somos plenamente conscientes de la gravedad de la situación económica por la que atravesamos. Y también he dicho que somos conscientes de que las universidades -la Universidad de Alicante- tenemos mucho que mejorar, porque en nuestro interior existen ineficiencias -ineficiencias importantes- que debemos corregir. Pero si en España no se produce una apuesta decida por la formación, por la investigación y por la innovación -también ahora, en estos momentos tan difíciles-, estaremos sacrificando el futuro de nuestro país, el futuro de nuestros hijos y de nuestros nietos.

Debemos reclamar recursos para la institución universitaria, para la investigación y la innovación. La inversión en I+D+i no se debe sacrificar en los momentos de crisis, no debe estar tan alejada de la media de la OCDE. En España tenemos unas infraestructuras físicas muy buenas; sin duda, de las mejores del mundo, tanto en puertos como en aeropuertos, autopistas y en ferrocarril de alta velocidad, disponiendo sorprendentemente en esta última infraestructura de la red más extensa del mundo. A lo largo de las tres últimas décadas, los recursos invertidos en estas infraestructuras físicas han sido considerables, y sus resultados muy visibles y admirados por todos los que nos visitan. Pero no ha sucedido lo mismo con la inversión en I+D+i, que es la que, de llevarse a cabo, nos permitiría llegar a ser un país con un nivel de vida elevado, como el de Reino Unido, Finlandia, Suiza, Holanda, Canadá, California o Massachussets.

El nivel de vida futuro no lo determina la inversión en infraestructuras físicas sino la inversión en capital humano, y esto -debemos reconocerlo- España lo ha hecho muy mal durante las últimas tres décadas. Muy posiblemente se deba a que la inversión en formación y en I+D+i no es tan visible como la inversión en infraestructuras, ya que no se presta a cortar cintas y sus resultados, aunque muy rentables y seguros, sólo se obtienen a largo plazo.

No es mi deseo extenderme mucho más, pero no puedo dejar de referirme al Real Decreto-ley que, sobre medidas urgentes de racionalización del gasto público en el ámbito educativo, fue publicado en el BOE el pasado 21 de abril. La posición de los rectores de las universidades españolas y de los rectores valencianos sobre este Decreto-ley ha sido expresada en las últimas semanas a través de diversos comunicados y a ella me referiré a continuación.

Antes de entrar en los contenidos del Real Decreto-ley, lo primero que hay que afirmar es que es inaceptable que medidas de vital importancia para el funcionamiento de las universidades, contenidas en el citado Real Decreto-Ley, hayan sido conocidas a través de los medios de comunicación y mediante su publicación en el Boletín Oficial del Estado. El Estado de Derecho tiene establecidos unos procedimientos preceptivos de consulta que, sin justificación alguna, han sido, en este caso, ignorados por el Ministerio. Ello ha llevado a que los rectores hayamos solicitado al Ministro la convocatoria urgente de una sesión del Consejo de Universidades, para que, de esta manera, las universidades podamos trasladar al Ministerio nuestra opinión sobre cuestiones de tanta trascendencia para el sistema universitario.

A diferencia de la actitud del Ministerio, el Gobierno Valenciano ha procurado conocer con prontitud la opinión de las universidades valencianas sobre los contenidos del Real Decreto-ley y, así, los rectores valencianos fuimos convocados por nuestra Consellera el pasado 30 de abril. He de decir que, en dicha reunión, la Consellera fue sensible a los argumentos que, con relación a los precios públicos a establecer para el próximo curso académico, le expusimos los rectores. Aún comprendiendo la difícil situación financiera de la Generalitat, los rectores expresamos nuestra preocupación porque una subida importante de los precios públicos podría ocasionar una quiebra del principio de igualdad de oportunidades y, para evitarlo, manifestamos que sería deseable que los precios públicos se situaran en la parte baja de la banda establecida en el Real Decreto-ley y que se pusiera en marcha un programa compensatorio de becas.

Pero el cambio de mayor gravedad que contiene el Real Decreto-ley se encuentra en la modificación del artículo 68 de la Ley Orgánica de Universidades, que entra directamente en colisión con el derecho a la autonomía universitaria, derecho al que nuestra Constitución le otorga rango de derecho fundamental y que ha sido refrendado reiteradamente por el Tribunal Constitucional. El Real Decreto-ley añade un segundo apartado a dicho artículo en el que establece de manera taxativa y unilateral la dedicación docente que el profesorado universitario tiene que realizar, como si las universidades fuéramos simplemente una delegación del ministerio.

La redacción de dicho apartado demuestra un total desconocimiento del funcionamiento de cualquier universidad, está muy mal redactado y, entre sus muchos errores, confunde el concepto de crédito docente, por lo que, en la práctica, se hace inaplicable. Por todo ello, se hace imprescindible que dicho Decreto-Ley sea tramitado en las Cortes como Proyecto de Ley, para que así pueda ser profundamente modificado, eliminando todos los errores conceptuales que contiene.

Sra. Consellera, las universidades valencianas sabemos valorar la importancia que Vd. concede a nuestras instituciones, como lo prueba su presencia en este solemne acto de clausura. Quiero agradecerle la actitud dialogante que Vd. está teniendo con las universidades valencianas. El diálogo es siempre un valor en sí mismo, pero lo es todavía más cuando se atraviesan momentos muy difíciles, como los actuales.

Dentro de pocos días, el profesor D. Manuel Palomar Sanz será el nuevo rector de nuestra universidad, que, con seguridad, reforzará los valores que distinguen a las instituciones universitarias. Por ello, Sra. Consellera puedo decirle que la Universidad de Alicante continuará poniendo todo su esfuerzo para seguir mejorando. Igualmente, tengo el convencimiento de que, en la nueva etapa que se va a iniciar, esta universidad continuará colaborando lealmente, desde nuestra autonomía universitaria, con todas las instituciones públicas y con las organizaciones sociales y económicas, con el fin de contribuir a prestar un mejor servicio al conjunto de los ciudadanos a los que nos debemos.

Quiero terminar mi intervención en este solemne acto -el último acto académico que me corresponde presidir- dirigiéndome, de nuevo, a los nuevos doctores y doctoras de la Universidad de Alicante que, hace unos minutos, acaban -acabáis- de recoger vuestros atributos doctorales. Vosotras y vosotros sois y simbolizáis el futuro de esta universidad. Sois un ejemplo destacado de la labor que desarrollamos, y por ello, en nombre de toda la comunidad universitaria, os reitero el orgullo que sentimos y nuestra felicitación por el éxito que habéis obtenido.

Mis últimas palabras deben ser de agradecimiento. De agradecimiento a la comunidad universitaria por la confianza que me habéis concedido.

Pero, mi mas profundo agradecimiento debo dirigirlo -quiero dirigirlo- al grupo de personas que, formando parte de mi equipo, me habéis acompañado durante todo este tiempo. Tengo una deuda con vosotras y con vosotros, que nunca podré saldar.

A partir de ahora, me encontraréis en el campus y me tendréis, como siempre, a vuestra disposición.

Muchas gracias.

 

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