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Festividad de San Raimundo de Peñafort

Alicante, 21 de febrero de 2014

Quiero, en primer lugar, agradecer a todos ustedes su presencia hoy aquí, en este solemne acto de graduación de tituladas y titulados de la promoción 2010-2013 de la Universidad de Alicante, que para mi es un placer y un honor presidir. 

El acto de graduación que celebramos hoy es el broche de oro a la semana que la facultad de Derecho dedica tradicionalmente a su patrón, San Raimundo de Peñafort. Un emotivo acto que pretende reconocer, visibilizar y premiar el esfuerzo, y la dedicación al aprendizaje de una profesión mediante unos estudios universitarios.

Unos años que hemos compartido, donde os hemos enseñado, donde habéis aprendido, donde os habéis formado y sobre todo donde habéis crecido como profesionales, compartiendo formación y estudio en nuestra facultad de derecho. 

Una facultad con una acreditada trayectoria docente, investigadora y formadora de excelentes profesionales que hoy en día jalonan las más diversas instancias del mundo jurídico y laboral de nuestro país. 

No en vano, se trata de una facultad que destaca en el contexto nacional por sus titulaciones y donde cada curso académico recibe a estudiantes de todo el territorio nacional atraídos por su carácter de excelencia académica. 

Nos sentimos orgullosos de nuestros recién egresados y de vuestros éxitos académicos, porque contribuyen a llevar el nombre de nuestra universidad a lo más alto. Nos congratula pensar que nuestra defensa del sistema público de educación es coherente con el ideal de justicia y equidad que vosotros y vosotras, como profesionales vinculados a las leyes, vais a defender como valores esenciales del estado de derecho y ejes del estado del bienestar. 

Este año conmemoramos el 35 aniversario de nuestra Universidad. Aun si nuestros antecedentes históricos se remontan a la Universidad de Orihuela en el siglo XVI, somos vástagos de una efervescente historia que se inicia con la fundación del Centro de Estudios Universitarios en 1968, para convertirnos definitivamente en la Universidad de Alicante en 1979, una fecha que nos hace contemporáneos de la recuperada democracia y coetáneos de los primeros ayuntamientos de la libertad. 

Somos hijos y herederos de la transición a la democracia y de la construcción y consolidación de la misma en Alicante desde sus mismos orígenes. Somos, en fin, una consecuencia, un resultado de la democratización, de la alianza entre los derechos civiles y políticos entonces recién reconquistados y de los derechos sociales que empezaban a esbozarse en nuestro país. 

Considerando, no obstante, los 35 años transcurridos desde la creación de la Universidad de Alicante, permítanme que sienta un legítimo orgullo por lo conseguido, así como que dé muestras del más intenso y cálido agradecimiento a los que la hicieron viable y posible y a los que siguen haciendo de ella un proyecto de indudable futuro. 

A las instituciones de la sociedad civil y a los poderes públicos. 

A los rectores que me precedieron, y que en estos duros tiempos me honran con su consejo y apoyo, y a sus equipos de gobierno. 

A todos los que –profesores y profesoras, alumnos y alumnas, personal de administración y servicios, trabajadores externos, familiares y amigos-, a lo largo de estos últimos 35 años, han podido comprobar cómo un espacio yermo y vacío, salpicado de elementales barracones militares, se convertía, a muy bajo coste, en uno de los mejores y más cuidados campus de España y de Europa. 

A los que son conscientes de la extraordinaria contribución de la universidad al desarrollo económico de la provincia en las últimas décadas, y a los que, aun sin saberlo, se benefician de las habilidades, las competencias y el saber hacer de los trabajadores que la universidad ha formado y forma. 

¿Podemos siquiera imaginar qué hubiera sido de Alicante y de la Comunidad sin la presencia activa de la universidad en la vida pública de la provincia durante estos últimos 35 años? Más allá de los datos mensurables, ¿somos realmente conscientes del impacto decisivo de la universidad en la generación de un entorno sociocultural más informado y activo; en la difusión y extensión de la cultura, en su sentido más amplio, y en sus diversas manifestaciones, más allá de su público natural y del reconocible espacio en el que desarrolla su actividad; en la articulación, en fin, del tejido de una sociedad del aprendizaje, como lo son ya las sociedades ricas y productivas del presente orientadas al futuro? 

Déjenme decirles que, si algo lamento y me gustaría corregir, sean cuales sean las probabilidades de éxito de la apuesta, es la aún insuficiente centralidad de la universidad, en alianza con las instituciones públicas y de la sociedad civil, en orden a definir modelos de colaboración que faciliten una vía alta de salida de la crisis y una retroalimentación virtuosa entre la universidad y su entorno económico, institucional y sociocultural. 

Cierto, el marco general en el que se inscribe este propósito no es, por el momento, favorable. La austeridad es una virtud pública y privada, cuya razón estamos obligados a reaprender. Significa sencillez, moderación y cumplimiento estricto de las normas éticas. E implica una neta distinción entre lo fundamental y lo accesorio, lo necesario y lo superfluo, la suficiencia y el exceso, la credibilidad y el simulacro. Y, por supuesto, ejemplaridad; es decir, respeto a la ley y, más allá, responsabilidad moral extra-jurídica. 

Debiéramos, entonces, primero, definir las cosas esenciales, los derechos irrenunciables que benefician a la mayoría y hacen mejor la vida para todos. Y, entre ellos, sin duda, está el derecho a la educación pública, como a la sanidad pública o a un trabajo decente y a una vida digna en la vejez. 

Muy pronto la justicia, las leyes y las administraciones públicas, el futuro de nuestra sociedad, estará en vuestras manos. Unas manos y unas mentes preparadas con las que, sin duda, lograremos devolverle a la sociedad un nuevo concepto de institución pública, un nuevo sentido de justicia, más real, más igualitaria, más justa. 

Habéis elegido una formación basada en leyes y habéis participado de ella, como sin duda participaréis de las normas que regirán el futuro del estado del derecho. 

Las titulaciones de Derecho, Ciencias del Trabajo, Relaciones Laborales, Detective Privado, Criminología, Gestión y Administración Pública y los estudios simultáneos de Derecho y Administración y Dirección de Empresas son un ejemplo de formación universitaria de calidad al servicio público. 

Felicidades y enhorabuena por superar vuestros estudios universitarios, para muchos supondrá un salto al mundo laboral y para otros, quienes hayan elegido nuestros programas de posgrado, la continuidad académica y científica, paso previo a la vida investigadora y docente. 

Agradezco las palabras de los estudiantes que han intervenido en nombre de todos vosotros aportándonos vuestra visión del esfuerzo y la esperanza ante el futuro que tenéis por delante. 

Mis felicitaciones también a la disertación del profesor Francisco Laporta San Miguel catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid sobre la apología del imperio de la ley, y destacar del profesor Laporta la gran vinculación y estrecha colaboración mantenida a lo largo de los años con nuestra Universidad a través del departamento de Filosofía del Derecho y como no, felicidades por la excelente semblanza trazada por nuestro profesor Manuel Atienza, catedrático de Filosofía del Derecho. 

Quiero agradecer, en nombre de la Universidad de Alicante, al equipo decanal de la facultad de derecho y a su decano por el trabajo realizado a lo largo de este último año, por vuestra disponibilidad y buen hacer aplicando los principios y valores que caracterizan a la universidad de Alicante. 

Sabéis que contáis con todo el apoyo del equipo de dirección y el mío personal para mantener los estándares de calidad que ya habéis demostrado a lo largo de los años en nuestra prestigiosa Facultad de Derecho. 

Antes de terminar, quiero reiteraros mi enhorabuena por la graduación. Os animo a trabajar por la aplicación del conocimiento, por el emprendimiento, por la investigación… porque de ellas, de vosotras y vosotros, depende el futuro. 

Muchas gracias a todas y a todos y feliz día de San Raimundo. 

Buenos días. 

Oficina del Rector


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