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Investidura como Doctor honoris causa del Excmo. Sr. D. José Luis Romanillos

Alicante, 30 de junio de 2014

Buenas tardes.

Quiero, en primer lugar, agradecerles su presencia a este acto, que pretende ser un homenaje a la más genuina y, por su generalizada difusión e influencia, democrática aportación española a la cultura musical universal en la persona de D. José Luis Romanillos Vega, heredero innovador de una larga estirpe de constructores de guitarras que, al menos desde el siglo XVI, tuvo en nuestro país su centro. O, como diríamos en la jerga universitaria, su esencial “sistema de innovación”, si bien, en el caso que nos ocupa, el genio y la voluntad individual predominaron siempre sobre el conjunto de redes de instituciones cuyas actividades e interacciones inician, importan, modifican y propagan las nuevas tecnologías y la economía del conocimiento.

Quisiera, sin embargo, recordar en qué estela se inscribe este acto y qué surco prosigue. El Máster en Interpretación de la Guitarra Clásica fue inicialmente una propuesta surgida de la sociedad civil e impulsada por destacados representantes de la misma, avalados por el magisterio de Ignacio Rodes, continuador de una estirpe que, no por azar, convirtió a Alicante en capital inconsciente en la instrucción sobre el arte de tañer la guitarra, confiada a la pasión y a las manos de geniales músicos locales, como José Luis González y José Tomás.

La iniciativa fue asumida por el Ayuntamiento de Alicante y secundada por la Diputación y la Universidad de Alicante, tres instituciones centrales en el devenir de la provincia, que proporcionaron profundidad, soporte y textura a un proyecto que, aún, solo está en sus inicios, y que apuesta por convertir a Alicante en capital de la guitarra clásica, mediante el desarrollo de proyectos que exploren las múltiples facetas de un arte universal y único, desde la investigación histórica y la digitalización musical hasta su disfrute y divulgación públicas, pasando por la formación de excelencia, la exposición de fondos documentales e instrumentales y la difusión de las técnicas constructivas, que tan tenaz y sabiamente ha sabido conservar y perfeccionar José Luis Romanillos.

Y, permítanme decirlo de forma poco académica, ¡vaya, la fórmula funciona! La sociedad civil y los poderes e instituciones públicas no son esferas separadas, compartimentos autónomos y estancos sin influencia mutua, sino vasos comunicantes a través de los que fluyen y se transfunden ideas, valores y proyectos. Y huelga decir que, cuando dichos propósitos son nobles, inteligentes e inclusivos, tanto las sociedades como las instituciones se benefician de su legitimidad y sus resultados, del mismo modo que ambas se envilecen y empobrecen cuando su intención es torcida, tosca y excluyente.

Vivimos, además, para bien y para mal, por primera vez en la historia, en un mundo global, que, de un lado, ha comprimido el tiempo y el espacio, pero que, de otro, ha multiplicado las distancias sociales, culturales y de competitividad económica. Y los viejos marcos locales de sociabilidad no podrán sostenerse si no son capaces, en un doble movimiento, de replegarse sobre sí mismos para reencontrar y poner en valor lo mejor de su acervo colectivo, y de desplegarse reconociblemente en un mundo de fronteras desmesuradas.

Necesitamos, sí, ganar visibilidad y diferenciación, pero no mediante el autocomplaciente “narcisismo de las pequeñas diferencias”, tan desgraciadamente vigente en las tierras de España, sino mediante la invención de una huella, de una “marca” que nos identifique en el mundo, como las que acertaron a crear nuestros predecesores en torno a determinados destinos turísticos o a ciertos productos tradicionales.

Solo que, en estos turbulentos tiempos, la apuesta es más compleja, y pasa necesariamente, déjenme recordarlo, por la cultura, en su sentido más amplio, la educación y el conocimiento.

Debemos, por ejemplo, internacionalizar nuestra oferta educativa, de modo que seamos capaces de atraer, como en el caso del Máster de Guitarra Clásica, más estudiantes extranjeros a tiempo completo y, por supuesto, a profesores e investigadores excelentes.

Debemos, en el mismo sentido, diseñar una oferta atractiva, de vocación global, que supere tentaciones localistas, y que tome en consideración el alto valor, cultural pero también económico, de la lengua y la cultura española, beneficiándonos de nuestras ventajas naturales, y redoblando nuestros esfuerzos en la formación y la promoción de la internacionalización del profesorado con programas oficiales y propios.

Debemos cuidar y preservar los valiosos legados de nuestros intelectuales, científicos y artistas, no con fines exclusivamente hagiográficos, de investigación o museísticos, sino como hitos de un tiempo y un paisaje, con vocación perdurable, que ellos supieron interpretar, y que hoy yacen descoordinados, vaciados y en trance de olvido.

Debemos, en fin, proponer mejoras y alternativas a un modelo productivo insuficiente y renqueante, que lastra nuestras oportunidades de futuro.

Pues bien, en más de un sentido la vida y la obra de D. José Luis Romanillos, glosada con mimo en la laudatio de nuestro Rector Honorario, D. Antonio Gil Olcina, es muestra de esta vocación universal arraigada en lo local.

En posesión de un oficio, en el que se inició en la adolescencia, en los sombríos tiempos de la autarquía en España viaja a Inglaterra para aprender el idioma. Y pronto, la imposibilidad práctica de cumplir un afán por falta de medios económicos, aprender a tocar música flamenca, le lleva, reuniendo la memoria maestra de su oficio y la singularidad de su deseo de recuperación de un estilo secular, a construir la primera de una serie de guitarras prodigiosas, que le han valido la consideración de “el más importante violero viviente”, el Stradivari de la guitarra.

Lejos, no obstante, de considerarse un innovador radical, José Luis Romanillos ha insistido en inscribir sus creaciones en la senda de la tradición, en la aceptación de los límites que impone el instrumento y en el diálogo con los grandes guitarreros que le antecedieron, como una forma de recuperación y perfeccionamiento de los logros de un pasado siempre perdido y siempre reencontrado.

Más allá, además, de su labor de constructor, y junto a su mujer, Marian Harris, Romanillos ha desarrollado una vasta y sugerente obra investigadora en torno a la construcción y los orígenes de la guitarra y de difusión de las aportaciones de los violeros españoles, desatendidas por la cultura oficial. Y culminado su brillante trayectoria con la organización de cursos prácticos sobre la artesanía de la guitarra, y la creación y dirección del Centro de la Vihuela de Mano y la Guitarra Española “José Luis Romanillos”, ubicado la Casa del Doncel en Sigüenza, cuyo objetivo es la promoción del conocimiento, el estudio y la proyección social de la violería española.

La Universidad de Alicante se enorgullece de poder contar entre sus honoris causa con quien, desde el sabio dominio de un oficio, ha sabido aunar tradición e innovación, fomentando la difusión y el mejor entendimiento de una de las aportaciones distintivas de la cultura española a la cultura global, y preservado un patrimonio único en la organología mundial, que, durante la próxima década, podremos disfrutar también en Alicante.

Y ojalá que las instituciones públicas y privadas implicadas en este proyecto, alrededor de la guitarra clásica, podamos encontrarnos y colaborar en la definición e implementación de nuevos y relevantes objetivos, que redunden en beneficio de la ciudad y de la provincia toda.

Para finalizar, reiterar nuestra más sincera felicitación a José Luis Romanillos, doctor honoris causa por la Universidad de Alicante, felicitación que hacemos extensiva a Marian Harris.

Muchas gracias. 

Oficina del Rector


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