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Investidura como Doctores honoris causa de los Excmos. Sres. Gerard Dufour y Gérard Chastagnaret, y Medalla de Oro de la Universidad de Alicante al Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Victorio Oliver Domingo

Alicante, 15 de abril de 2014

Deixeu-me, primer de tot, que us done les gràcies per haver-nos volgut acompanyar hui ací, al Paranimf de la Universitat Històrica d’Oriola.

La Universidad de Alicante acaba de acoger en su claustro a dos ilustres profesores de la Universidad de Aix-Marseille, de dilatada trayectoria vinculada al hispanismo y que, desde décadas atrás, han venido tejiendo estrechas relaciones científicas y académicas con la Universidad de Alicante.

En las respectivas “laudatio” se ha puesto de manifiesto que los profesores Gerard Dufour y Gérard Chastagnaret son prestigiosos hispanistas.

Permítanme que me detenga en la complejidad del término “hispanismo” y lo que ha representado para la Universidad y la ciencia española.

Hispanismo es un término polisémico, de difícil definición. En sus orígenes dominó la acepción puramente lingüística. Así, en su primera edición de 1726, el Diccionario de Autoridades definía “hispanismo” como “el modo de hablar privativo y particular de la lengua española”. Con el tiempo comenzó a entenderse como “afición a lo español, a las cosas de España, hispanofilia”. Pero sería a lo largo del siglo XIX, merced a los viajeros románticos que cruzaron la Península en todas direcciones, cuando creció el interés por “las cosas de España”, como dijera el británico Richard Ford.

Existen muchos hispanismos (filológico, histórico, artístico) y de muy diversas procedencias (germánico, británico, francés, estadounidense, japonés…). Pero no es mi intención extenderme en estas disquisiciones, aunque sí recordar la vigencia de alguna definición decimonónica. Como aquella que, formulada desde nuestro propio país, consideraba hispanista a todo aquél que desde fuera de España dedica su saber al estudio, negativo o positivo, de España y su cultura, de modo que por esta razón no podía aplicarse el adjetivo a un español, a un filipino o a un hispanoamericano.

Conviene aquí centrarnos en el hispanismo francés. Ha gozado de enorme pujanza, posee raíces profundas y está sólidamente asentado. Fue Alfred Morel Fatió quien, allá por 1879, utilizó el término hispanista (“aquel que estudia científicamente la cultura española”, decía) para diferenciarlo de hispanisant (“simpatizante de lo español”) y estableció las líneas esenciales del hispanismo francés científico. El Diccionario de la RAE, en su edición de 1914, ya recogía que hispanismo era sinónimo de hispanología; esto es: el estudio científico de los temas de España. No entraré en mayores detalles, pero para Morel Fatió estaba bien clara la diferencia entre el hispanista romántico y el científico. 

De 1886 data la creación en Toulouse de la primera cátedra de Lengua y Literatura Española. En los años postreros del siglo XIX se creó la primera Agrégation de Español y se fundaron importantes revistas (Révue Hispanique, Bulletin Hispanique). En 1909 nacieron la Escuela de Altos Estudios Hispánicos y el Instituto Francés de Madrid y, en fin, en 1928 fue fundada la Casa de Velázquez. Si hasta los años 30 del siglo XX la mayor parte de los hispanistas franceses procedía de la cátedra de Filología, a partir de esa década serán más numerosos los procedentes de la de Historia y Civilización Española. Como ven, un proceso revelador este del hispanismo francés y su influencia en la ciencia española. Quisiera ahora, dedicar mis palabras a los nuevos doctores honoris causa: los profesores (e hispanistas) Dufour y Chastagnaret. 

Ambos pertenecen a una generación de hispanistas franceses a la que debe mucho la Universidad española y, en general, la investigación en Historia y Literatura. 

La influencia ejercida sobre los investigadores españoles por esta generación de hispanistas resultó decisiva en los años setenta y ochenta del siglo pasado para renovar el campo de estudio y, sobre todo, para dar a la investigación un enfoque interdisciplinar e ideológicamente abierto. Quedaban en nuestro país muchos ámbitos por estudiar, porque durante el franquismo no era bien visto por los poderes públicos el tratamiento de determinados temas. Además, y sobre todo, faltaba valentía a los nuestros para lanzarse a ciertas interpretaciones o para acometer determinadas formas de hacer Historia y Literatura, como la biografía. Los hispanistas emprendieron ambas tareas con extraordinaria solvencia, de tal manera que muchas de sus obras se han convertido en textos de referencia para los universitarios españoles y para los investigadores en general.

De Gérard Dufour cabe resaltar su capacidad para compaginar la docencia y la investigación con la gestión universitaria. A propósito de esto último, permítanme que añada algunos datos a los señalados por su padrino.

Catedrático de civilización española en la Universidad de Aix-Marseille I de 1980 a 2005, ha desempeñado en esta Universidad diversos cargos administrativos:

- Director de la Unidad de Enseñanza e Investigación de Estudios Románicos (de 1981 a 1986)

- Director del Servicio de Información y Orientación al Estudiante (1986-1989)

- Vicepresidente (cargo equivalente aproximadamente a Decano en nuestra Universidad) encargado del Sector Letras y Ciencias Humanas (1989-1997)

- Presidente (Rector) de 1997 a 2002. 

Durante su Rectorado de la Universidad de Aix-Marseille I, asumió la presidencia de la Asociación Francesa para el Fomento de las Nuevas Tecnologías en la Enseñanza Universitaria y, a nivel internacional, la vicepresidencia de la Unión de Universidades del Mediterráneo.

Por la gestión realizada, Dufour es, pues, una personalidad relevante en el ámbito universitario francés y europeo. Y como él mismo ha dicho en su discurso en este acto, viene manteniendo desde 1983 una intensa relación con la Universidad de Alicante. Evidentemente, esto nos honra. 

Gérard Chastagnaret es, como a su vez ha expuesto en su discurso, un hispanista peculiar. Pero, un hispanista de los pies a la cabeza por su dedicación al estudio de la Historia de España y por amar a este país tanto como a su pequeña patria natal. Sus méritos investigadores, académicos y personales han sido desgranados de manera sintética por su padrino. Pero déjenme que les recuerde algo que considero esencial: su gran capacidad de trabajo, su honestidad científica y su compromiso social como historiador, como intelectual. Chastagnaret es referente imprescindible en la Historia de la Minería en nuestro país –y, por extensión, de la Historia Económica- pero también, es de justicia decirlo, como “constructor” de síntesis generales en las que pone de relieve su excepcional dominio y visión de la Historia como instrumento de análisis social y económico. Del pasado, del presente y, mal que les duela y pese a muchos, del futuro.

Su nombramiento como Director de la Casa de Velázquez –el sueño de todo hispanista francés- supuso el reconocimiento público a una trayectoria intachable y, para la Universidad de Alicante donde tantos compañeros y discípulos tiene, la satisfacción de ver “a uno de los nuestros” –pues así es considerado aquí- rigiendo los destinos de una institución que ha cumplido ya los 86 años pero que, desde luego, no piensa en la jubilación. Al contrario; bajo el mandato de Chastagnaret se acometió la profunda remodelación estructural que ha convertido el centro modélico de investigación y creación artística que ya era, en excelente residencia de investigadores y lugar de encuentro científico.

Quisiera, en nombre de la universidad de Alicante agradecer a los profesores (e hispanistas) Dufour y Chastagnaret su compromiso con la universidad de Alicante y darles la más calurosa bienvenida al claustro de profesores. 

Quisiera, también, felicitar y agradecer a los profesores Alberola y La Parra por las magnificas laudatios sobre los nuevos doctores honoris causa, por proponerlos y por mantener brillantes vínculos con la ciencia y la académia que hacen que nuestra Universidad se enorgullezcan de vosotros. Gracias Armando y Emilio por vuestro compromiso institucional y lealtad y por honrarme con vuestro consejo y ayuda permanente.

Este año conmemoramos el 35 aniversario de la creación de la Universidad de Alicante mediante la Ley 29/1979 de 30 de octubre. Somos, pues, contemporáneos de la recuperada democracia, vástagos de la efervescente historia que se inicia con la fundación del Centro de Estudios Universitarios en 1968, coetáneos de los primeros ayuntamientos de la libertad, aun cuando nuestros antecedentes históricos, como habré de recordar más tarde, se remontan a la Universidad de Orihuela en el siglo XVII. 

Somos hijos y herederos de la transición a la democracia y de la construcción y consolidación de la misma en Alicante desde sus mismos orígenes. Somos, en fin, una consecuencia, un resultado de la democratización, de la alianza entre los derechos civiles y políticos entonces recién reconquistados y de los derechos sociales que empezaban a esbozarse en nuestro país. 

Considerando, no obstante, los 35 años transcurridos desde la creación de la Universidad de Alicante, permítanme que sienta un legítimo orgullo por lo conseguido, así como que dé muestras del más intenso y cálido agradecimiento a los que la hicieron viable y posible y a los que siguen haciendo de ella un proyecto de indudable futuro.

Hoy, es un día, para el reconocimiento, la gratitud y la reciprocidad. Y para la recuperación de vínculos históricamente recientes que nos hicieron herederos de la memoria y de las huellas de un antiguo, pero no cancelado, pasado.

En 1998, en efecto, y gracias a la decisiva intervención del Excelentísimo y Reverendísimo Señor D. Victorio Oliver Domingo, entonces Obispo de Orihuela-Alicante, la Universidad de Alicante, cumplidos los trámites necesarios ante la Sede Apostólica, obtuvo la condición de antecedente más inmediato y Heredera de la Universidad de Orihuela, que durante dos siglos, entre 1610 y 1808, y en este mismo recinto, impartió estudios en las Facultades reconocidas de la época (Artes, Cánones, Leyes, Medicina y Teología), permitiendo a los estudiantes de la zona, religiosos y seglares, la obtención de los grados de bachiller, licenciado y doctor.

Antes, por cierto, en 1993, se había firmado un Convenio entre el Obispado de Orihuela-Alicante y la Universidad de Alicante por el que se creaba una Cátedra de Teología en esta última, quedando subsumido e integrado dicho convenio en uno posterior, con fecha 14 de enero de 1998, por el que se creaba la CÁTEDRA “ARZOBISPO LOAZES” en nuestra universidad, al tiempo que el Obispado de Orihuela-Alicante se comprometía a llevar a cabo los trámites necesarios ante la Santa Sede Apostólica para otorgar a la Universidad de Alicante la citada condición de Heredera de la Universidad de Orihuela.

Finalmente, el 12 de junio de 1998, durante la celebración de la sesión correspondiente del Patronato de la Cátedra Arzobispo Loazes, Monseñor Oliver pudo anunciar, realizadas las pertinentes consultas ante la Congregación para la Educación Católica, y conociendo por carta la respuesta de dicha Congregación, la esperada noticia sobre la ausencia de obstáculos para la asunción, por parte de la Universidad de Alicante, del legado universitario de Orihuela en las condiciones previamente aprobadas por el Patronato de la Cátedra Arzobispo Loazes.

En correspondencia, la Universidad de Alicante dio a conocer los estudios universitarios que, desde el curso académico 1998-99, se impartirían en las aulas del Colegio Diocesano de Santo Domingo, sede de la Antigua Universidad de Orihuela, dando ocasión al cumplimiento de los, por casi también dos siglos, interrumpidos deseos de Fernando de Loazes respecto a su ciudad natal y del anhelo de los oriolanos por recuperar las actividades universitarias que animaron su ciudad y la engrandecieron.

Baste, a tal efecto, recordar que de sus aulas salieron profesionales (médicos, juristas, letrados) de prestigio, altos cargos de la gobernación, virreyes y ministros del Rey, como el Conde de Floridablanca, así como que, más tarde, perdida ya la condición universitaria, en sus aulas estudiaron y se formaron escritores de la talla de Miguel Hernández y Gabriel Miró.

Los servicios que Monseñor Oliver, en la actualidad Obispo Emérito de Orihuela-Alicante, ha prestado a la Universidad de Alicante no acaban, sin embargo, aquí, como han puesto de relieve los ex rectores, D. Antonio Gil Olcina y D. Andrés Pedreño Muñoz, al elevar al Consejo de Gobierno de la Universidad de Alicante, de fecha 27 de febrero de 2014, su propuesta para la concesión de la Medalla de Oro de la Universidad de Alicante al Excelentísimo y Reverendísimo Sr. D. Victorio Oliver Domingo.

Más allá de la colaboración institucional, que dotó de mimbres y continuidades históricas a una joven universidad, y que permitió extender la presencia de la misma en territorios, como el Bajo Segura y el Bajo y Medio Vinalopó, que no se hubieran beneficiado de sus actividades sin la eficaz mediación de la Cátedra Arzobispo Loazes, Monseñor Oliver, en circunstancias preocupantemente adversas para la Universidad de Alicante, quiso y supo, frente a presiones y amenazas provenientes del poder político, mantener una libertad de criterio que, en mi opinión, es la marca de una cultura verdaderamente independiente, como la que la universidad debería representar en una sociedad deseable.

Asumo como propia, en consecuencia, con el explícito apoyo del Consejo de Gobierno, y con el sincero agradecimiento a la propuesta de mis predecesores en el cargo, D. Antonio Gil Olcina y D. Andrés Pedreño Muñoz, la concesión de la Medalla de Oro de la Universidad de Alicante, la más alta distinción que otorga, a D. Victorio Oliver Domingo, en reconocimiento a su decidido apoyo a la institución y a su lealtad, firmeza e independencia en la defensa de la autonomía universitaria. 

Para finalizar este acto histórico en esta sede histórica de la Universidad de Orihuela, donde hoy hemos recuperado la tradición universitaria como herederos de la misma, quisiera reiterar nuestra más sincera felicitación y agradecimiento a los profesores Dufour y Chastagnaret, y a D. Victorio Oliver, por su apoyo a la Universidad de Alicante y por su compromiso con la educación superior, con la ciencia, con la academia, con la cultura y con el saber universal. 

Muchas gracias y buenos días. 

Oficina del Rector


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