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Clausura del Curso Académico 2014-2015

Alicante, 22 de mayo de 2015

Muy buenos días.

Dejadme, antes de nada, que os dé las gracias por habernos querido acompañar hoy aquí, en el Paraninfo de la Universidad de Alicante.

El acto de Clausura del curso académico 2014/2015, que ahora acaba, ha estado protagonizado por la entrega del máximo título académico que las universidades podemos otorgar: el título de doctor, y también, por la entrega de la más alta distinción de la Universidad: la medalla de oro a los profesores Salvador Ordóñez e Ignacio Jiménez Raneda.

Etimológicamente, Doctor, es una palabra que define al maestro, al profesor, a quien genera conocimiento. La primera colación del título de doctor tuvo lugar en el año 1140 en la Universidad de Bolonia, a la que siguieron, al poco tiempo, otras universidades europeas. En nuestros días, el título de doctor está asociado al reconocimiento de la capacidad investigadora.

Capacidad investigadora para la generación de conocimiento, que es una de las funciones que la universidad ha de llevar a cabo, y sin la que no podríamos hablar propiamente de universidad.

Quiero felicitar, pues, a los doctores que habéis recibido hoy el birrete que simboliza vuestra nueva condición.

La Universidad de Alicante os ha hecho entrega del máximo título académico y, con éste, acaba de reconocer vuestra capacidad investigadora.

Vosotros sois un ejemplo destacado del trabajo que se lleva a cabo en nuestra universidad y, por eso, en nombre de toda la comunidad universitaria, vuelvo a reiteraros el orgullo que sentimos y nuestra felicitación por el éxito que habéis conseguido.

Permitidme que haga extensivo mi reconocimiento a vuestros directores de tesis, a los padrinos y madrinas, quienes os han orientado, ayudado y animado para que vuestro trabajo llegue a buen puerto. Les agradezco públicamente la dedicación y el interés que han puesto para que cada uno de vosotros haya contribuido con la tesis doctoral a generar nuevo conocimiento y también a abrir nuevas vías para investigaciones futuras. 

En este acto de clausura del curso académico estaba prevista la investidura como doctor “honoris causa” del profesor Guiseppe Zaccaria, rector magnífico de la Universidad de Padua.

Por motivos estrictamente personales, hoy no ha podido estar con nosotros, desde aquí, Guiseppe, te enviamos un fuerte abrazo, mucho ánimo en estos días tan tristes y nos emplazamos a un nuevo acto donde llevaremos a cabo dicha investidura de la que nos sentiremos orgullosos y honrados de tu incorporación al claustro de profesores.

En el discurso de clausura del pasado curso tuve la ocasión de señalar que, si no me cuento entre los entusiastas de los rankings, lo cierto es que una joven universidad, como la nuestra, que este curso ha cumplido el 35 aniversario de su fundación, se cuenta, por primera vez, entre las 500 mejores del mundo –concretamente en el puesto 473-, según la edición de 2014 del prestigioso Ranking de la Universidad de Leiden, referencia mundial en la materia y considerado internacionalmente como el “más académico”.

Por primera vez también, la Universidad de Alicante aparece en el Ranking, publicado en junio de 2014, que elabora la universidad Jiao Tong de Shangái desde 2003, probablemente, la más conocida y reconocida de las clasificaciones internacionales de universidades, en una posición alrededor de la 500.

Y es importante resaltar y destacar que si la Universidad de Alicante se encuentra entre las 500 universidades mejores del mundo de las más de 20.000 universidades existentes, entonces, supone que la UA se encuentra entre el 2.5% de las Universidades más destacadas a nivel mundial.

Este año hemos conmemorado el 35 aniversario de nuestra Universidad. Aun si nuestros antecedentes históricos se remontan a la Universidad de Orihuela en el siglo XVI, somos vástagos de una efervescente historia que se inicia con la fundación del Centro de Estudios Universitarios en 1968, para convertirnos definitivamente en la Universidad de Alicante en 1979. 

Considerando, no obstante, los 35 años transcurridos desde la creación de la Universidad de Alicante, permítanme que sienta un legítimo orgullo por lo conseguido, así como que dé muestras del más intenso y cálido agradecimiento a los que la hicieron viable y posible y a los que siguen haciendo de ella un proyecto de indudable futuro. A las instituciones de la sociedad civil y a los poderes públicos. A los profesores y profesoras, alumnos y alumnas, personal de administración y servicios, trabajadores externos, familiares y amigos, a toda la comunidad universitaria, que a lo largo de estos últimos 35 años, han podido comprobar cómo un espacio yermo y vacío, salpicado de elementales barracones militares, se convertía, en uno de los mejores y más cuidados campus de España y de Europa. Y a los rectores que me precedieron y a sus equipos de gobierno.

Y permítanme que me detenga en este punto. Si hoy clausuramos el curso académico, también finalizamos la conmemoración del 35 aniversario. Y tenemos el honor de contar entre nosotros con todos los rectores que me precedieron, Don Antonio Gil Olcina, Don Andrés Pedreño, Don Salvador Ordoñez y Don Ignacio Jiménez Raneda; a excepción de Don Ramón Martin Mateo que nos dejó hace ahora poco más de un año. Desde aquí, nuestro más sentido recuerdo y profundo agradecimiento.

Y es en esta conmemoración, en el marco de este acto, donde los profesores Salvador Ordoñez e Ignacio Jiménez han recibido la más alta distinción honorífica que la universidad puede otorgar: su Medalla de Oro. Una alta distinción institucional que recae en personas que han contribuido especialmente en el progreso y desarrollo de la realidad de nuestra universidad.

El pasado mes de enero el Consejo de Gobierno de la universidad acordó por unanimidad conceder tal distinción.

Sirva la Medalla de Oro para reconocer el trabajo y el esfuerzo que realizan Salvador Ordoñez e Ignacio Jiménez en pro de nuestra universidad y especialmente el desarrollado entre los años 2001 y 2004, y 2005 y 2011 respectivamente, en el que fueron rectores de nuestra universidad.

Trabajo y esfuerzo que solamente es recompensado cuando la propia comunidad académica rinde, como lo ha hecho hoy, su gratitud sin reservas y el más cariñoso y sincero de los aplausos. Trabajo y esfuerzo cuyo reconocimiento quiero hacer extensivo a los miembros de sus equipos de dirección, en el caso del profesor Ordoñez, a Olga Fuentes, Guillermo Bernabeu, Juan Rosa, Antonio Marcilla, Miguel Louis, Roque Moreno, María José Frau, José Carlos Rovira y Rafael Carrillo.

Y en el caso del profesor Jiménez a Joaquín Marhuenda, Jesús Pradells, Nuria Fernández, Faraón Llorens, Begoña Subiza, Begoña San Miguel, Juan Ramón Rivera, Aránzazu Calzada, Josefina Bueno, José Vicente Cabezuelo, Vicente Montiel, Cecilia Gómez, Isabel Lifante, María José Rodríguez y Álvaro Berenguer a quien desde aquí enviamos un cariñoso saludo y deseamos una pronta recuperación.

A todos ellos, extraordinarios compañeros y compañeras cuya dedicación ha repercutido positivamente en la realidad de nuestra universidad, nuestro más sincero agradecimiento y reconocimiento.

Vuestras aportaciones nos han ayudado a identificar nuevas oportunidades y a descubrir nuevos horizontes para la universidad como protagonista del futuro, como motor del progreso social, cultural y económico y como referente del pensamiento crítico de nuestras sociedades. En este milenio la universidad tiene un papel fundamental como institución vertebradora de la sociedad moderna.

Déjenme decirles, sin embargo, que, durante estos 35 años, la institución que tengo el honor de dirigir, además de la determinación y resiliencia necesarias para afrontar situaciones complejas, conserva una certeza: “No hay inversión más rentable que la del conocimiento”.

Rectores y sus equipos comprometidos con la importancia de la inversión en conocimiento y convencidos de que el futuro de una sociedad está vinculado a la vitalidad y creatividad de su universidad, y que la educación superior es el proyecto social más importante. De que la Universidad, por su pasado, por su presente y por su condición de liderazgo social es el motor imprescindible para lograr un futuro de prosperidad y de progreso. Y que, si queremos avanzar por la senda del progreso social y cultural, del desarrollo equilibrado y sostenible, hay que apostar sin duda por la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación. Y destacar de estos años el firme compromiso de la Universidad de Alicante con la promoción de un mayor y mejor empleo para nuestros egresados.

Los profesores Ordoñez y Jiménez Raneda fueron conscientes de que el éxito profesional y social de nuestros titulados son esenciales para el éxito y prestigio de nuestra universidad, lo que les llevo a desarrollar actividades velando por los logros futuros de nuestros egresados.

Querido Salvador, todavía recuerdo mi etapa como director de departamento siendo tú vicerrector de Ordenación Académica y luego rector; sagaces e intensas negociaciones con extraordinarias ilustraciones verbales por tu parte, como si de una lección magistral se tratara, siempre salía convencido de haber logrado mi objetivo, y aun no habiéndolo alcanzado me convencías de las bondades del acuerdo.

Querido Ignacio, siempre recordaré los siete años que formé parte de tu equipo, los buenos y malos momentos compartidos, los proyectos que conseguimos sacar adelante, pero sobre todo, recordaré muy especialmente tu dedicación y compromiso con la institución.

Queridos Ignacio y Salvador, enhorabuena y felicidades, por la concesión de la Medalla de Oro de la Universidad de Alicante, que habéis recibido con todo merecimiento por vuestro decidido apoyo a la institución y a vuestra lealtad, firmeza e independencia en la defensa de la autonomía universitaria.

Quiero finalizar como empecé agradeciendo a todas y a todos su presencia en este acto, y felicitando a las nuevas y nuevos doctores por la Universidad de Alicante. 

Buenos días y muchas gracias. 

Oficina del Rector


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