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Pregón de las Fiestas de San Vicente del Raspeig

San Vicente del Raspeig, 10 de abril de 2015

Bona nit a totes i a tots!

Bona nit alcaldessa, benvolguda Luisa Pastor!

Santvicenters i santvicenteres!

Benvolgudes reines de les festes i de la primavera!

Benvolgut president de la Unió de Comparses de Moros i Cristians Ber-Largas!

Capitans moro i cristià, ambaixadors, banderers, alferis, capitans de comparses, dames d’honor, autoritats, festers i festeres, amics y amigues! 

Cuando recibí de vuestra alcaldesa, Luisa Pastor, el encargo de pregonero de las “Fiestas Patronales y de Moros y Cristianos de San Vicente del Raspeig” no sólo consideré la petición un honor y un privilegio, sino un signo más de los estrechos vínculos que unen a la universidad que represento con el municipio en el que se ubica y en el que imparte la casi totalidad de su docencia. La encomienda fue también, personalmente, un motivo de orgullo y de alegría. De responsable alegría. 

¿Por qué? Porque fue en unos días muy lejanos, allá por 1983, siendo estudiante en Valencia, y de la mano de un amigo sanvicentero, que sigue siéndolo y que conserva su lugar en mi corazón y en mi tiempo, Juan Andrés Montoyo, el Chano, que conocí por primera vez San Vicente, sus fiestas y sus gentes, su bullicio y sus raíces, su ritmo calmo y pausado en las plazas y en las calles, agitadas por los juegos y gritos de los niños, y el estallido insomne de sus celebraciones y júbilos. 

Y desde aquella primera vez, tantas veces me he asomado y entrado en vuestra ciudad, en vecindad continua con la universidad en la que trabajo, que, puedo decir, he sido testigo de la asombrosa transformación de ambos espacios en mutua dependencia. 

La Universidad, en efecto, la rótula entre Alicante y San Vicente, no hubiera podido desarrollar su configuración armónica, su potencial y sus capacidades, en tan poco tiempo, sin el apoyo directo, consciente y constante de vuestro municipio y de sus representantes. 

La concesión de la máxima distinción de la universidad, la Medalla de Oro, a título póstumo, a José Ramón García Antón, ilustre hijo de este pueblo y lúcido benefactor de la institución que presido, en 2010, resume, me parece, el reconocimiento al sostén de largo alcance que vuestras autoridades y el vecindario entero habéis prestado a la universidad. 

En necesaria correspondencia, sin embargo, San Vicente no sería la ciudad amable, sostenible, culta y residencial que hoy es sin la huella que en ella ha dejado y deja la universidad. 

Centenares de trabajadores de la universidad residen en la ciudad y animan su economía y su cultura. Y miles de estudiantes desplazados la pueblan durante el curso, contribuyendo a la vivacidad de sus ocios y al desarrollo del comercio y del mercado de alquileres, al punto de convertir a San Vicente en la cuarta ciudad universitaria más importante de España, en términos relativos respecto al número de residentes, tras Leioa en Bilbao, Villanueva en Madrid y Santiago de Compostela en A Coruña. 

La universidad, además, se prolonga en el municipio con las residencias universitarias, la villa universitaria o la facultad de Educación, erigida en terrenos que fueron generosamente cedidos por el Ayuntamiento de San Vicente, al tiempo que la universidad se abre al uso ciudadano de sus instalaciones deportivas y presta sus espacios para la celebración de las actividades culturales, festivas o de simple asueto que San Vicente reclama. 

La universidad, en fin, reside con orgullo en San Vicente, y San Vicente reposa en la universidad como uno de sus más firmes activos, motor de su desarrollo demográfico y dinamizador de su condición de encrucijada entre diversas comarcas de la provincia, servida por excelentes infraestructuras y una estratégica red de comunicaciones que apuntalan una economía diversificada. 

Dejadme, además, deciros que San Vicente es para mí mucho más que la ciudad que aloja a la universidad, por importantes que hayan sido y sigan siendo las mutuas sinergias obtenidas. 

He paseado una y otra vez sus calles, frecuentado sus restaurantes, disfrutado de sus gentes, muchas de ellas compañeros y amigos, he admirado la honda y favorable transformación que ha conocido el municipio, desde el pueblo industrial a la ciudad actual, un modelo de ciudad en derredor de su centro histórico, de su núcleo urbano más esencial e íntimo, acrecido secularmente a la sombra de la ermita en la que predicó Sant Vicent Ferrer en 1411. 

Me unen, por otra parte, a la ciudad lazos más íntimos. Mis suegros son hijos de honda raigambre de este pueblo, el padre de mi suegra, médico local varias décadas a mediados del siglo pasado, y el padre de mi suegro, alcalde de la ciudad y regente de la oficina de correos en la calle Mayor por las mismas fechas. Y mi mujer correteó por sus calles desde niña, al punto de que todos los domingos de nuestra vida adulta, hasta hace poco más de un año, cuando murió la abuela de mi esposa, toda la familia nos reuníamos en su casa, frente al Ayuntamiento, a disfrutar de una paella en el patio de su casa. 

Entenderéis, entonces, mi orgullo y mi alegría cuando Luisa Pastor, sin duda, artífice sabia y esencial de la renovación de la ciudad a lo largo de este siglo, me propuso ser el pregonero de estas fiestas magníficas, tan estruendosas como participativas e inclusivas, en honor del santo del que tomasteis el nombre, en favor de un pueblo industrioso y aplicado, como os definió el gran naturalista Cavanilles ya en el siglo XVIII. 

Este año, además, se cumplen cuarenta años desde que, en 1975, se fundieron las fiestas patronales de la localidad, que se remontan a los inicios del siglo XIX, dedicadas al santo y con fines agrarios, y las fiestas de moros y cristianos, de vocación más lúdica, en la tradición de tantas poblaciones valencianas. 

La trayectoria de la “Fiesta de Moros y Cristianos de San Vicente del Raspeig” se caracteriza por un sorprendente y espectacular desarrollo durante un corto período de tiempo, 40 años. La fiesta surgió de la entusiasta iniciativa de un pequeño grupo de “festers”, y lo que en su día fue una “débil semilla” se ha transformado en un fruto maduro, difícilmente imaginable en aquellos ya lejanos días de la primavera de 1975. 

Fruto de todo esto es el reconocimiento como Fiestas de Interés Turístico. 

Pero dejadme deciros, la fiesta es de todos, es una fiesta inclusiva, participativa, emotiva, divertida y sentida. Y son los cargos 2015 los que la representan, la lideran y la guardan. Son los capitanes moro y cristiano Juan Carlos Morote (de Negro Zulúes) y Vicente Sogorb (de Caballeros Templarios) quienes la lideran y máximos representantes de la fiesta; las abanderadas Susi Aliaga y Elisabeth Sogorb quienes portan la bandera de la unidad del bando moro y del bando cristiano, lo que se considera un alto honor, las señas de identidad de la fiesta, las banderas mora y cristiana, el orgullo de la fiesta. Y los alféreces José Amat, Parra (de Tuareg) y Alba Lopezosa (de Navarros), los generales de los ejércitos moro y cristiano, las manos derecha de los capitanes durante la batalla moracristiana. Y los embajadores Luis Lledó y Vicente Ortega los que, llamados a consultas, encumbrarán nuestra fiesta y anunciarán la batalla. A todos ellos, a los cargos moros y cristianos 2015, quiero felicitarles, darles la más sincera enhorabuena y desearles unas magníficas fiestas representando la fiesta moracristiana sanvicentera. 

Así mismo, quiero felicitar a las reinas de las fiestas y de la primavera, Beatriz Maldonado y Laura Fuentes, máximas representantes de las fiestas patronales, mujeres sanvicenteras al frente de los actos patronales y festivos. 

Pero la fiesta no espera, la fiesta nos aguarda, y la noche se espesa reclamando la pólvora, el jolgorio vigilante, la algarabía de la vida que fluye, el desorden del mundo, la suspensión de nuestra impostada normalidad, la consagración de la alegría, el dulce olvido de los males y de las diferencias en el hermanamiento de las fiestas que iguala y reúne. 

En nombre de la universidad os deseo felicidad, felicidades para todos los agentes activos de la fiesta, “festers” y “festeres”, y para los alegres partícipes, los “santvicenters” y las “santvicenteres” de origen y todos aquellos que, acogidos en la ciudad en tiempos más recientes, la sienten ya como su casa, como la promesa de una integración duradera en un entorno que ha conseguido aunar el calor y la intimidad de un pueblo, y los servicios, provisiones y oportunidades de una ciudad con futuro y que prospera. 

¡Que la Fiesta comience! 

Moltes gràcies! 

Oficina del Rector


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