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Entrega de la Medalla de Oro de la Real Academia de Medicina y Ciencias Afines de la Comunidad Valenciana a la Universidad de Alicante

Alicante, 2 de febrero de 2017

Muy buenas tardes.

Quisiera, en nombre de la Universidad de Alicante, agradecer a la Real Academia de Medicina de la Comunidad Valenciana y, en especial, a su presidente, el Excelentísimo Sr. D. Antonio Llombart Bosch, la concesión de la Medalla de Honor de dicha institución a la Universidad de Alicante, en reconocimiento a la importante aportación hecha por la misma como pionera en la instauración de los estudios de Medicina, en 1979, así como a los valores que ambas instituciones representan en la ciudad y en la provincia de Alicante.

Una distinción, en fin, que reconoce el esfuerzo y empeño de tantos profesionales que participaron en la implantación de los estudios de Medicina en la provincia, con metodologías de enseñanza/aprendizaje innovadoras y resultados excelentes en las pruebas MIR.

Gracias, por lo tanto, a estos profesionales, profesores, y personal de administración y servicios que durante diecisiete cursos académicos formaron a numerosos profesionales de la medicina que hoy en día lideran la profesión clínica. Y fundamentalmente, agradecer y felicitar a las personas, mujeres y hombres, pioneros en la puesta en marcha de dicha titulación. Al profesor Gil Olcina, rector de la Universidad en aquel inicio de la titulación, por su apuesta firme y constante de una titulación de prestigio y de calidad, a Carlos Belmonte, en aquel entonces vicerrector de Ordenación Académica y uno de los artífices principales de la puesta en marcha de la Facultad, junto con el primer decano Alfonso Puchades, o los profesores Justo Medrano, Javier Merino, Rosa Ballester, Emilio Balaguer, entre otros. Gracias a todos por tan brillante contribución a la sociedad.

No fue sencillo. De acuerdo con la importancia que la Universidad de Alicante concedía a la titulación de Medicina, la inversión de dotaciones y recursos en dicha área de conocimiento se tradujo en un coste importante en profesorado, personal de administración y servicios e infraestructuras de todo tipo (de físicas a bibliográficas), que permitió que la Facultad de Medicina de la Universidad de Alicante fuera considerada una de las más avanzadas de España, con investigaciones de alta relevancia en distintos campos, y, a la misma Universidad, mejorar su valoración y prestigio como institución joven pero puntera, en mutuo beneficio.

Comprenderán, entonces, que la decisión de segregar la Facultad de Medicina, junto con otros estudios e institutos, de la Universidad de Alicante nos sorprendiera desagradablemente. Si no se vulneró el principio de autonomía universitaria, se nos arrebató, a nuestro entender, sin criterios justificativos suficientes, una de nuestras facultades fundacionales, con reconocido prestigio docente e investigador y varios cientos de profesores con importantes proyectos de investigación en marcha.

No solo, en fin, se nos despojó de una marca decisiva de nuestra identidad desde el origen, sino que se pusieron serias trabas al potencial desarrollo de una vigorosa especialización en Ciencias de la Salud, felizmente no enteramente clausurada por la decisión de numerosos profesores e investigadores de dicha área de conocimiento de permanecer vinculados a nuestra Universidad.

Entiéndaseme bien, nunca tuvimos nada que oponer a que una provincia con población, recursos y necesidades de formación, superiores a la gran mayoría de las provincias del estado, dispusiera de un campus universitario alternativo, con orden incluso complementario. Ni menos aún quisiéramos menoscabar el sentido y el valor de una universidad hermana, como consideramos a la Universidad Miguel Hernández.

Pero es nuestra convicción también que, más allá de la legalidad de la readscripción de estudios entre universidades, avalada por la sentencia del Tribunal Constitucional en 2005, la imposición de una segregación de centros consolidados es una decisión traumática, como evidencia el hecho de que la que padecimos haya sido, hasta el momento, la única habida en todo el Estado, en los ochocientos años de historia universitaria en este país. Y que contara con la condena unánime de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, la CRUE, que la consideraron una extralimitación abusiva del poder político y una injerencia inadmisible en el ámbito de la autonomía universitaria.

Así, quedamos tocados, heridos, pero no hundidos ni inánimes. Mantuvimos, de hecho, una Facultad de Ciencias de la Salud, con titulaciones como Enfermería, considerada la más prestigiosa de España, y Nutrición Humana y Dietética, numerosos másteres –algunos de ellos en colaboración con la Universidad Miguel Hernández de Elche-, y programas de Doctorado, en Ciencias de la Salud y también en ciencias experimentales y biosanitarias en la Facultad de Ciencias, que sella la colaboración entre investigadores procedentes de distintas áreas de conocimiento: Química, Biología y Biotecnología, Medicina, Enfermería, Salud Comunitaria, Salud Pública y Tecnologías de la Información aplicadas a la salud.

Y estamos en fase de creación del Instituto de Investigación Sanitaria y Biomédica de Alicante - Fundación FISABIO (ISABIAL) que se concibe como una estructura funcional de investigación biomédica de excelencia multidisciplinar y traslacional orientada a la investigación básica, clínica, epidemiológica y en servicios de salud, que radica en el Hospital General Universitario de Alicante.

Es decir, no nos quedamos de brazos cruzados, y hay evidencia de que contamos con grandes investigadores y equipos de investigación de altísimo nivel, como queda atestiguado, como ejemplo singular, por la candidatura de Francis Mojica, microbiólogo de nuestra universidad, al Premio Nobel de Medicina por la revolución de la tecnología CRISPR, para muchos, la aportación a la Medicina más importante del presente siglo, y que recientemente ha recibido el premio Fronteras de Conocimiento BBVA, siendo el primer y único español que trabaja en España en recibirlo.

O como atestigua Top Doctors, el directorio médico de mayor prestigio a nivel internacional, que dio a conocer hace unos días el listado de los cincuenta doctores españoles mejor valorados de la medicina privada en nuestro país, unos premios que la compañía lleva una década otorgando en Estados Unidos y que llegaron con fuerza a España en 2014 como reconocimiento a la excelencia en la Medicina del país, entre los cincuenta médicos reconocidos en 2016 se encuentran cinco médicos de la Comunidad Valenciana; dos de ellos, de Alicante. Uno, profesor de la Universidad de Alicante y el otro, catedrático de la Facultad de Medicina hasta la segregación.

Es, además, un hecho incontestable que no hay universidad prestigiosa, o que aspire al reconocimiento público que hoy sancionan los rankings a escala global, que carezca de la titulación de Medicina. Por lo tanto, me pregunto, ¿Debemos conformarnos con jugar en una liga menor a la de la excelencia, a consecuencia de una discutible decisión política tomada hace ya casi dos décadas, contraria al mayoritario sentir de nuestra comunidad universitaria, manifestado con abrumadora claridad en la Junta de Gobierno que habilitó nuestro recurso al Tribunal Constitucional (36 votos a favor, 2 en contra y dos abstenciones), y lesiva para nuestros intereses pasados, presentes y futuros?

Permítanme que no apueste por la resignación. Que haga un envite por nuestro lugar en un sol alrededor del cual giramos y giraremos inexorablemente, y que se muestra indiferente y ajeno a las consecuencias de una decisión inmotivada. Una apuesta a nuestro favor y contra nadie. Una apuesta para el futuro, no frente al pasado; no para corregir el ayer, sino para ganar el mañana.

Alicante es la quinta provincia española por aportación al PIB y por población, a muy escasa distancia de la cuarta, Sevilla, que solo muy recientemente, y a lo largo de esta interminable crisis, nos ha superado en ambos parámetros. Es también, entre las cinco primeras provincias españolas por población o PIB la única que no ostenta la capitalidad autonómica. Una rareza. Y aún entre las diez primeras por PIB o población, las excepciones a la norma de la capitalidad, formal o real, son muy escasas.

Duplicamos y hasta más que cuadriplicamos la población de muchas provincias que cuentan con una Facultad de Medicina pública. Y numerosas comunidades autónomas que cuentan con una población similar o inferior, incluso netamente inferior, a la de la provincia de Alicante, tienen más de una Facultad de Medicina pública.

No creo, pues, que haya un problema de falta de demanda. De hecho, las dos fallidas universidades privadas que pretendieron abrirse en la provincia en los últimos años (la Universidad Católica de Alicante en Sant Joan d’Alacant y la Mare Nostrum University de El Campello) ofertaban ambas títulos de Medicina y de otras especialidades de Ciencias de la Salud, haciéndose eco de una demanda insatisfecha.

Desde el curso 2005/2006, por otra parte, existen en España nueve Facultades de Medicina privadas, con un crecimiento espectacular de la oferta –próximo al cuatrocientos por cien-, pese a los problemas que la enseñanza privada de la Medicina comporta (subjetividad en la admisión, bajo nivel de éxito en las pruebas MIR, saturación de las prácticas, problemas de acreditación de la ANECA), que deberán confirmar si acogen a más alumnos de los formalmente ofertados, que deberán aclarar sus métodos de selección, y que deberán mostrar si cumplen con los estándares aprobados en sus planes de estudios.

Huelga decir, además, que el sistema sanitario público y privado de España goza de un merecido prestigio (hasta hace pocos años, 2012/13, España era el séptimo sistema sanitario mejor del mundo según la Organización Mundial de la Salud), mientras que nuestro país es el tercer destino mundial en recepción de turistas.

Y a mayor abundamiento, la provincia de Alicante goza de incuestionables ventajas naturales y culturales, y de un sector turístico potente, así como de asentados y prestigiados clústeres de la salud, organizados en el Clúster Alicante Salud, con especialidades y técnicas de reconocido prestigio en Reproducción Asistida, Estética, Oftalmología, Odontología y Salud Oral, Rehabilitación

Física y Neurológica, Cirugías Cardiovasculares, Bariátricas y Metabólicas, Oncología y Wellness, entre otras, que requieren del aporte de un elevado número de profesionales médicos de alta cualificación en especialidades poco convencionales e insuficientemente atendidas.

El llamado “turismo de salud” o “turismo sanitario”, por otra parte, es un sector al alza para el que la provincia de Alicante parece estar particularmente dotada, tanto por su calidad de vida y su consolidada oferta turística como por la contrastada relevancia y densidad de su sistema sanitario público y privado.

Y cuando a la fuerza combinada de ambos factores cabe añadir:

- accesibilidad y vuelos asequibles de los principales mercados emisores;

- canales consolidados de promoción y comercialización del turismo;

- posibilidad de sinergias con tratamientos complementarios de salud (centros de talasoterapia, balnearios/termalismo, rehabilitación, relax/belleza, centros geriátricos);

- los efectos positivos del clima y la dieta mediterránea en el bienestar físico y mental -más aún si se trata de poblaciones envejecidas-;

- relación precio/calidad competitiva;

- y la entrada en vigor de la directiva de salud transfronteriza,

no parece aventurado pensar que la provincia, del norte al sur de la misma, podría, apostando con fuerza por el turismo de salud, tanto desestacionalizar su oferta con un turismo de alto valor añadido, como requerir un mayor número de profesionales médicos y sanitarios.

Déjenme ir terminando. La Universidad de Alicante no renuncia a jugar en las ligas mayores universitarias, cuyos agentes cuentan invariablemente con una Facultad de Medicina. Ni se resigna a permanecer en una estable “zona de confort”, como la que ahora disfruta. Y menos aún está dispuesta a abdicar de sus responsabilidades respecto al desarrollo económico, social y cultural de la provincia que le da sentido y sustento, en conjunción con todas las instituciones públicas y privadas que articulan su tejido.

He intentado argumentar las razones por las que creo que la Universidad de Alicante y la provincia merecen y requieren una nueva Facultad de Medicina. Por resumir: Tenemos los mimbres, el capital humano suficiente y sobradamente dotado como para ser la base de esa nueva Facultad, con investigadores y especialistas de alto nivel. Un umbral demográfico que la justifica. Y un ecosistema económico, una “atmósfera”, un “ambiente”, que viene dado por la especialización productiva de la provincia y la emergencia de iniciativas espontáneas, en diversas especialidades y en distintos municipios, que hacen recomendable su puesta en marcha y desarrollo.

Les anuncio, pues, que nos proponemos elaborar antes del verano un nuevo plan de estudios, a cargo de los Departamentos de Ciencias de la Salud y de Ciencias, para la obtención del Grado en Medicina, con el fin de que, tras su acreditación por la ANECA y su autorización por la Generalitat Valenciana, pueda implantarse en la Universidad de Alicante. A nuestro entender, para bien de la Universidad y de la provincia.

Y termino como empecé, agradeciendo a la Real Academia de Medicina de la Comunidad Valenciana la concesión de la Medalla de Honor, que hago extensiva a todos los profesionales que facilitaron su puesta en marcha, la consolidaron, la dotaron de calidad, consideraron una injerencia la segregación y siguen creyendo en la oportunidad que nos brinda el desarrollo económico, social y cultural de Alicante.

Muchas gracias y buenas noches.

Oficina del Rector


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