Saltar apartados

Clausura del Curso Académico 2017-2018

Alicante, 25 de mayo de 2018

Dejadme, antes que nada, que os dé las gracias por habernos querido acompañar hoy aquí, en el paraninfo de la Universidad de Alicante.

El acto de investidura de nuevos doctores está rodeado de un importante ceremonial. Este acto, además de permitir hacer un balance de las principales actividades llevadas a cabo por la universidad, es también el lugar apropiado para plantear objetivo y metas a las que la universidad querría poder llegar a medio y largo plazo. 

Este acto que ahora acaba, ha estado protagonizado por la entrega del máximo título académico que las universidades podemos otorgar: el título de doctor. Etimológicamente, doctor es una palabra que define al maestro, al profesor, al que genera conocimiento. La primera colación del título de doctor tuvo lugar el año 1140, en la Universidad de Bolonia, a la que siguieron, en poco tiempo, otras universidades europeas. En nuestros días, el título de doctor está asociado al reconocimiento de la capacidad investigadora.

Capacidad investigadora para la generación de conocimiento, que es una de las funciones que la universidad ha de llevar a cabo, sin la que no podríamos hablar propiamente de universidad. 

En este sentido, las cifras corroboran que vamos por el camino correcto. Nuestra universidad ha experimentado un aumento importante en el número total de nuevos doctores en los últimos años. 

Por lo tanto, para todos los que formamos parte de esta universidad, es un motivo de orgullo comprobar que el esfuerzo y la dedicación de nuestros investigadores ha dado fruto con los nuevos doctores y doctoras. 

Quiero felicitar, entonces, a los doctores que han recibido hoy el birrete que simboliza vuestra nueva condición. Después de diversos años de esfuerzos habéis conseguido la colación del más alto grado académico que concede la universidad: el título de doctor.

La Universidad de Alicante os ha hecho entrega del máximo título académico y, con este, acaba de reconocer vuestra capacidad investigadora. 

Vosotros sois un ejemplo destacado del trabajo que se lleva a cabo en nuestra universidad y, por eso, en nombre de toda la comunidad universitaria, vuelvo a reiteraros el orgullo que sentimos y nuestra felicitación por el éxito que habéis conseguido. 

Permitidme ahora que, en este acto de clausura, esboce un breve balance y reflexión del debate fruto del IV Encuentro Internacional Universia de Rectores, celebrado los días 21 y 22 de mayo de 2018 en Salamanca con motivo del VIII centenario de su universidad y con el lema “Universidad, Sociedad y Futuro”, que nos ha permitido a los rectores de más de seiscientas universidades de veintiséis países reflexionar juntos sobre los profundos cambios de paradigma que condicionarán sus futuros roles en la sociedad y la economía del conocimiento. 

El debate se centró en aspectos tan estratégicos como la aceleración de la innovación y la globalización, los cambios demográficos, la contribución de la investigación científica a la mejora de la calidad de vida, la preparación de jóvenes y adultos para un mercado laboral más complejo y apenas predecible, entre otros, y puso de manifiesto la gran responsabilidad que tienen las universidades en este contexto. 

El efecto de la revolución tecnológica está ya aquí y muchas industrias están sintiendo su impacto. La educación superior no es la excepción, y varias tendencias tecnológicas y sociales tienen el potencial de transformar el modelo educativo y operativo de las universidades. Es una prioridad que las universidades no solo conozcan, sino que lideren esta revolución, anticipando cambios de paradigma en función de las nuevas realidades imperantes. Los debates surgidos en Salamanca 2018 apuntan algunas acciones y programas especialmente relevantes para las universidades, (que me gustaría esbozar) tales como:

• flexibilizar y aplicar métodos educativos innovadores y repensar los procesos organizativos, administrativos y de sostenibilidad;

• acordar alianzas, cursos y certificaciones con empresas de diferentes industrias;

• desarrollar nuevos y alternativos modelos de certificación e integración con plataformas globales;

• establecer ofertas formativas híbridas y programas de capacitación y actualización en el lugar de trabajo, en el marco de una formación adaptada a las necesidades del estudiante y que se extiende a lo largo de la vida; y

• proponer nuevas titulaciones, en especial aquellas relacionadas con las ciencias computacionales, la inteligencia artificial, la ciencia de datos y la tecnología; y un mayor énfasis en la educación humanística, así como en las competencias transversales de los estudiantes. 

Las universidades son sinónimo histórico de la generación de conocimiento y pilares esenciales e insustituibles del progreso científico. La investigación y la formación de investigadores deben seguir siendo una de las señas de identidad de la universidad. Ahora bien, el modo de hacer investigación ha cambiado y las universidades deben adecuarse a ello.

Por una parte, hay otros organismos, tanto públicos como privados, que son, hoy día, agentes activos en investigación. La universidad debe interactuar y colaborar con ellos. 

Por otra parte, la sociedad debe percibir, tanto en el ámbito local y regional donde la universidad se inserta, como en el global, y en una realidad en la que el conocimiento no tiene fronteras, que la investigación de las universidades aporta valor. Esto es, que usa sus recursos y su autonomía para el estudio, en libertad y al servicio de los intereses generales, de los problemas que afectan y preocupan a la sociedad. 

La universidad debe hacer un esfuerzo por informar y explicar qué hace, por qué y para qué. Para ello, la investigación debe ser abierta, participativa y colaborativa, lo que obliga, también, a revisar los paradigmas de financiación y evaluación de las universidades y de los investigadores. Finalmente, la investigación debe ser interdisciplinar, abarcar todas las áreas, prestando especial atención a un equilibrio armónico y sostenible entre los avances tecnológicos y científicos, especialmente los más disruptivos, y los valores humanos. 

Los debates mantenidos sobre la contribución de las universidades al desarrollo social y territorial ponen de manifiesto la existencia de profundas desigualdades en nuestras sociedades. Las universidades reflejan estas desigualdades y no pueden eliminarlas por sí solas, pero sí pueden y deben ser una parte importante para su solución, siendo ejemplos de equidad y diversidad, y actuando como agentes transformadores del sistema económico y social. Para ello, necesitan fortalecer las colaboraciones con diferentes sectores de la sociedad, incluyendo, entre otros, a la iniciativa privada, a las comunidades locales, a los medios de comunicación, a la clase política y a las organizaciones no gubernamentales, además de otras universidades. 

Deben también hacer una reflexión estratégica ante los objetivos de desarrollo sostenible, en el marco de una política universitaria de cooperación social, que debe necesariamente incluir aspectos de acceso, equidad, internacionalización y un espíritu innovador y emprendedor. En consecuencia, es fundamental la auto-reflexión, la búsqueda constante de buenas prácticas y nuevas ideas, y una voluntad de adaptarse y de cambiar, para poder seguir contribuyendo de manera contundente al desarrollo social y territorial. 

En conclusión, un contexto de cambio acelerado y constante, que plantea a nuestra sociedad del conocimiento desafíos trascendentales como el de un crecimiento equitativo y sostenible, requiere de una universidad que sea capaz no solo de adaptarse sino de liderar el cambio. Esto exige configurar la propia estrategia institucional para cumplir un papel relevante en la construcción de un futuro mejor, tanto para las comunidades en las que se encuentra inserta como para el conjunto de la sociedad, siendo decisivas las alianzas entre universidades y la colaboración con otros agentes, con el objetivo común de mejorar la calidad de vida de las personas. Son y seguirán siendo tareas insustituibles de la universidad el desarrollo de una ciudadanía crítica, ética y capaz; la creación, transmisión y transferencia del conocimiento que permita afrontar los retos mencionados; y defender el papel de la educación como herramienta decisiva para el porvenir de los pueblos y de los territorios. 

Este ha sido un breve esbozo de las principales conclusiones extraídas del encuentro de rectores, reflexiones necesarias e imprescindibles para concluir este curso académico 2017-2018, y así poder abordar el siguiente curso 2018-2019 con las mejores garantías de éxito. 

Termino, como empecé, agradeciendo a todas y a todos su presencia en este acto, y felicitando a las nuevas y nuevos doctores por la universidad de Alicante por la obtención del máximo título universitario. 

Queda clausurado el curso académico 2017-2018. 

Muchas gracias. 

Oficina del Rector


Universidad de Alicante
Carretera de San Vicente del Raspeig s/n
03690 San Vicente del Raspeig
Alicante (Spain)

Tel: (+34) 96 590 3866 / 9372

Fax: (+34) 96 590 9464

Para más información: informacio@ua.es, y para temas relacionados con este servidor Web: webmaster@ua.es

Carretera San Vicente del Raspeig s/n - 03690 San Vicente del Raspeig - Alicante - Tel. 96 590 3400 - Fax 96 590 3464