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Apertura del Curso Académico 2019-2020

Alicante, 19 de septiembre de 2019

No puedo iniciar el discurso de apertura del presente curso sin referirme a los desgraciados sucesos acaecidos en nuestra provincia y en nuestra comunidad, con efectos verdaderamente devastadores, tanto en términos personales como sociales y económicos, en algunos territorios, como la Vega Baja o como en Ontinyent (si me lo permiten, el meu poble, gràcies alcalde d’Ontinyent per estar hui açí). Nuestras más sentidas condolencias a los afectados, a las familias de los fallecidos, a las más de cinco mil personas evacuadas y a las decenas de miles que han visto cómo sus viviendas, sus pertenencias, recuerdos y sus medios de vida se han visto interrumpidos, anegados por una riada brutal a consecuencia de las torrenciales lluvias descargadas entre el día 10 y el 13 del presente mes.

La Universidad de Alicante se ha adherido a la iniciativa de la Diputación de Alicante en coordinación con la Cruz Roja, para informar a la ciudadanía sobre los distintos canales de ayuda solidaria a las familias damnificadas por el temporal. Y quiere sumarse al inmenso agradecimiento que, por su experimentada e incansable labor, merecen las fuerzas armadas y de seguridad, bomberos, protección civil y voluntarios de toda la comarca. Así, la universidad ha puesto a disposición de las autoridades el personal técnico de la universidad que precisen, así como nuestro plan de voluntarios.

Como decía, nuestras más sentidas condolencias a los afectados, y un recuerdo muy especial para nuestro personal y alumnado afectado.

Como corresponde a un acto oficial, formal, de apertura de curso académico, inicio esta intervención dando la bienvenida a la nueva generación de estudiantes que se incorporan a este curso, tanto en estudios de grado como de postgrado.

Querría ahora dirigirme a todos los compañeros que acaban de subir al escenario para recoger la medalla de plata o la placa que la Universidad, vuestra Universidad, os ha concedido. Estas distinciones no son más que una manera simbólica de reconocer la dedicación y el esfuerzo hacia la Universidad, ya sea por hacer veinticinco años que estáis al servicio de esta institución o por haber llegado a la edad jubilación.

Para los miembros de la comunidad universitaria que, lamentablemente, nos han dejado a lo largo del pasado curso académico, quiero expresarles mi respeto y mi consideración más sentidos. 

Quisiera, en este punto, felicitar al profesor Juan Carlos Gómez Sala por su lección inaugural sobre La necesaria educación financiera, tan esclarecedora como oportuna en un momento en el que se anuncian obstinados nubarrones económicos, bien en forma de una nueva recesión o de un equilibrio de bajo crecimiento, con baja inflación, alta deuda pública, una política monetaria extraordinariamente expansiva, tipos de interés muy bajos o negativos y compras masivas de deuda pública por los bancos centrales. Una especie, en fin, de “japonización” del conjunto de los países desarrollados con efectos globales.

Si estos pronósticos, en efecto, se confirman, nada sería más necesario y pertinente que el hecho de que los ciudadanos dispusieran de conocimientos financieros suficientes como para eludir los riesgos en los que se incurrió en la última recesión económica. No puedo, además, sino coincidir con su consideración de que la formación financiera debiera ser confiada a las instituciones educativas en sus distintos niveles, y no a organismos privados, organizaciones económicas o entidades financieras, en razón de más que posibles conflictos de intereses.

Muchas gracias, Juan Carlos.

Quiero también felicitar y dar la bienvenida a Vicente del Bosque, nuevo Laurel de Oro de la Universidad de Alicante, uno de sus principales reconocimientos, en atención a su destacada trayectoria profesional y a su exitoso palmarés deportivo, a instancias de la Cátedra Pedro Ferrándiz del Deporte de la Universidad de Alicante, que ha destacado la vinculación del premiado con nuestra universidad, con la cátedra y por su participación en las jornadas de Periodismo y Deporte.

Puesto que esta distinción se concede a personas o instituciones de sobresaliente prestigio nacional o internacional en el campo de las ciencias, de las letras, de la investigación científica, de la docencia, de la creación artística, del deporte y de la solidaridad, huelga señalar hasta qué punto Vicente del Bosque se ha hecho merecedor del mismo.

Vicente del Bosque, que es doctor honoris causa por la Universidad de Castilla-La Mancha, es también el único entrenador en la historia del fútbol que ha ganado todos los grandes títulos posibles como técnico del Real Madrid, además de como jugador del mismo club. Pero, especialmente, como seleccionador nacional, ha conquistado la Copa del Mundo en 2010 y la Eurocopa en 2012, habiendo sido galardonado con el Balón de Oro de la FIFA como mejor técnico del año 2012. Por añadidura, tanto partidarios como adversarios en el campo de juego, han reconocido en él a un caballero del deporte y de la vida, sabio, circunspecto, amable, accesible y modesto, pese a su imponente trayectoria.

Es un honor, D. Vicente, contar con usted como miembro relevante de nuestra Universidad.

Quisiera también dejar expresa muestra de la gratitud de la Universidad de Alicante con quien ha sido el Presidente de su Consejo Social, D. Francisco Gómez Andreu, desde junio de 2013 hasta febrero de este mismo año. Es decir, en los años más rugosos y ruidosos de la crisis, en los que destacó por su noble e incondicional colaboración y por la estabilidad que aportó a la universidad en tiempos procelosos, reforzando sus vínculos con la sociedad y representándonos fiel y constantemente ante la misma.

Paco, si me permites que te tutee, en tu caso la palabra ´lealtad´ no alcanza a describir tu constancia, tu fe, tu prudencia y tu defensa apasionada de una institución a la que quedarás vinculado indeleblemente. ¡Enhorabuena, Paco! Y, ¡muchísimas gracias por todo! 

Como decía al principio, el acto de apertura es un momento oportuno para hacer balance y dar cuenta del curso pasado

El curso ha sido, por cierto, clave en la consolidación y el desarrollo del Parque Científico de Alicante, cuya pretensión siempre fue contribuir decisivamente al necesario cambio del modelo productivo de la provincia y potenciar la innovación y el conocimiento, tanto a través de spin offs surgidas de la propia universidad como de empresas ajenas a la misma, de cualquier sector de actividad y tamaño variable, siempre que se basen en la I+D+i, establezcan un claro vínculo con la institución, se nutran de sus servicios avanzados, y, al tiempo, la nutran mediante la captación de fondos privados y públicos y la generación de empleo altamente cualificado y del talento formado en nuestra universidad.

En este sentido, no es exagerado afirmar que, como las cifras atestiguan, el Parque Científico de Alicante alcanzó, a lo largo del curso 2018-19, una masa crítica, una madurez, que asegura su futuro. De un lado, porque el Ayuntamiento de Alicante aprobó en mayo de este año una modificación puntual del Plan General de Ordenación Urbana, que permitirá la ampliación del Parque Científico en 800.000 metros cuadrados.

Dicho planeamiento pone las bases para consolidar y desarrollar un espacio físico en los próximos años que hará posible conjugar la ampliación de espacios docentes y la dotación de las actividades empresariales y de base tecnológica propias de un Parque Científico-Tecnológico, cuya carta de presentación e insignia será el Centro de Creación de Empresas, un edificio ya iniciado, diseñado por el prestigioso despacho del arquitecto sevillano Vázquez Consuegra, Premio Nacional de Arquitectura, y capaz de albergar ciento cincuenta empresas en sus 30.000 metros cuadrados.

De otro lado, como ya he señalado, los datos que atestiguan la expansión del Parque Científico y apuntalan su proyecto son, como poco, promisorios.

Si, además, florecen otras iniciativas innovadoras ya en marcha en la ciudad y en la provincia, y se asienta la ya no necesaria sino obligada y leal cooperación entre los distintos niveles de la administración (autonómica, provincial y local) en alianza con el tejido empresarial y la transferencia de conocimiento de la universidad, su efecto multiplicador se hará sentir, más temprano que tarde, en el conjunto de la estructura económica de la provincia.

Importa, por tanto, que, con modestia y firmeza, mantengamos un rumbo constante de mejoras en la innovación, sin entretenernos en vagas, grandilocuentes y, finalmente, contraproducentes aspiraciones de cumplimiento imposible.

Déjenme también decirles que los grados que se han puesto en marcha en los cursos anteriores - Relaciones Internacionales, Marketing, Gastronomía y Artes Culinarias, Física, Ingeniería Robótica, Ingeniería Biomédica- han resultado ser un completo éxito, en términos de demanda de matrícula y en atención a las notas de corte exigidas en los mismos, de modo que puede afirmarse sin ningún género de dudas que la Universidad de Alicante ha sabido cumplir su función de atender e identificar nuevas necesidades sociales vinculadas al territorio, nichos formativos inéditos y de futuro y las demandas más recientes del mercado de trabajo altamente cualificado.

Del mismo modo que estamos convencidos que el grado de Medicina es una necesidad, una oportunidad, será un éxito, un grado altamente demandado por las alicantinas y alicantinos que tienen que emigrar de nuestras tierras para estudiar o no frustrar su vocación universitaria.

Si a esta cosecha de novedosos y exitosos grados unimos el hecho de que la internacionalización de nuestra universidad ha seguido ampliándose a nuevas áreas geográficas, estrechando sus vínculos con algunas de las universidades más prestigiosas en sus respectivas jurisdicciones y áreas de conocimiento, nos queda el descargo del trabajo bien hecho, del deber cumplido.

También, a lo largo del pasado curso hemos desarrollado el Plan de Responsabilidad Social Universitaria, una apuesta institucional por instaurar una relación ética y transparente de la institución con la sociedad, que conlleva el establecimiento de estrategias para la acción orientadas a contribuir al desarrollo sostenible de la comunidad, preservando los recursos naturales y el patrimonio artístico-cultural, respetando la diversidad étnico-cultural y promoviendo la reducción de las desigualdades sociales por cualquier causa.

Con su aprobación nos situamos entre el reducido número de universidades que cuentan con una estrategia de esta naturaleza, y el propio plan asumía que la Responsabilidad Social Universitaria (RSU) era un objetivo progresivo, en construcción permanente, que requeriría, para alcanzar el mismo grado de madurez con que cuenta la materia en otros ámbitos, de la complicidad de la comunidad universitaria y del apoyo de otras instituciones de investigación y profesionales.

Advertíamos también que la RSU no es equivalente a las actividades de extensión de la universidad, o a iniciativas en favor de grupos vulnerables concretos, o de proyección sobre el propio territorio de influencia, sino la asunción plena de la responsabilidad por los impactos universitarios en la sociedad como conjunto de conjuntos (medio ambiente y demografía, tecnología y economía, política/sistema jurídico, sociedad/cultura). Un llamado en favor de la responsabilidad de la organización por los impactos sociales y ambientales que genera.

Y, en consecuencia, un giro cultural de la institución, un punto crucial y una estrategia de gestión holística, una política integral que obliga a considerar los impactos diversos de la propia organización universitaria y a concebir sinergias disciplinarias e institucionales en favor de la comunidad de referencia, en alianza con otras organizaciones públicas y privadas, no en términos de donación, compromiso o ayuda unilateral sino de estricta responsabilidad.

Al mismo tiempo, un camino empinado, difícil, contradictorio y complejo y una vía para que la universidad se reinvente y legitime su papel en el siglo XXI, un tiempo que nos demanda aunar una economía inteligente, basada en el conocimiento y la innovación, integradora -con altos niveles de empleo y cohesión social- y sostenible ambientalmente.

En el mismo sentido, quiero recordar que está vigente el III Plan de Igualdad entre hombres y mujeres de la Universidad de Alicante (2018-2020), que refuerza en este ámbito específico el desarrollo de la Responsabilidad Social Universitaria. Y que sumamos ya diez años de políticas de igualdad, de modo que se han afianzado desde el punto de vista institucional y han entrado a formar parte explícita de la agenda de la universidad, con la transversalización de la perspectiva de género en el conjunto de las políticas universitarias.

También este pasado curso se implantó en la Universidad de Alicante el Programa de Apoyo a la Evaluación de la Actividad Docente del Profesorado Universitario, conocido como Docentia, un programa institucional por el que se establece un marco general para que las universidades desarrollen un modelo de evaluación de la actividad docente de su profesorado.

No dudamos que el nuevo modelo de evaluación, al que estamos obligados, como en cualquier otro quehacer que dependa de los dineros públicos, contribuirá a mejorar la docencia, actividad central de nuestra profesión –la transmisión de los saberes de las distintas disciplinas-, y que perfeccionará sustancialmente los principios y métodos utilizados hasta el pasado curso para tasar la actividad docente.

Asumí el cargo de Rector, en mi primer mandato, en 2012. Fue una época difícil, signada por recortes masivos, que pusieron en grave riesgo el futuro de las universidades públicas, sobre todo, aunque no únicamente, por la congelación de la tasa de reposición, pese al envejecimiento de la plantilla y la disposición de profesores acreditados para promocionar o acceder a las plazas vacantes.

Sin embargo, no hemos podido acabar con los recortes, puesto que el presupuesto para 2019, como recordó la vicerrectora de Planificación Económica en su presentación pública, pese al incremento respecto al del año anterior (un 4.3%), continúa en los niveles de 2009 -¡una década perdida!-

En consecuencia, el gasto en infraestructuras ha vuelto a verse drásticamente afectado. El presupuesto para centros, departamentos e institutos se ha contraído. Los gastos centralizados han menguado. Y, lo más doloroso, hemos tenido que reducir muy significativamente algunos programas institucionales.

Es cierto, en fin, que la Universidad de Alicante lleva cuatro años destinando una partida presupuestaria para la contratación de talento joven (cuarenta plazas nuevas al año), como la mejor vía para rejuvenecer una plantilla que entre 2013 y 2019 ha envejecido considerablemente, elevando la edad media tanto del Personal de Administración y Servicios como del Personal Docente e Investigador.

Pero la captación de joven talento en formación no suple la recuperación de investigadores de probado alto nivel, y es importante destacar el Programa para el Apoyo a Personas Investigadoras con Talento-Plan GenT, atracción de personas que trabajan en centros y universidades nacionales y extranjeras del máximo prestigio, con experiencia internacional y proyectos de excelencia.

Así, si la economía, según la clásica definición de Lionel Robbins, es la ciencia que estudia la conducta humana como una relación entre fines y medios escasos que tienen usos alternativos, tuvimos que hacer economías y elegir. Y elegimos a las personas, centrarnos en las personas en vez de dispersar recursos en tantas otras cuestiones relevantes, cuando no imprescindibles, para el futuro de nuestra universidad. Un futuro que tarda demasiado, y que depende de una adecuada y suficiente financiación plurianual, que nos permita planificar ese indeterminado y volátil futuro en favor de las personas, de la gente, el legítimo sustento de nuestra acción y nuestro único objetivo.

Sabemos, no obstante, bien, demasiado bien, dolorosamente bien, que una financiación suficiente y adecuada de las universidades públicas depende, a su vez, de que nuestra Comunitat recupere y acceda a la financiación que merece, que necesita vitalmente y de la que es históricamente acreedora, según una reivindicación que no debiera estar sujeta a diferencias institucionales o políticas, y que cuenta con todo nuestro apoyo. Pero también es cierto, que una apuesta clara y decidida por las universidades debería llevarnos a implantar un plan de financiación plurianual de las universidades públicas valencianas, una ley de financiación de las universidades estable y suficiente. Y como dice Lionel Robbins hay que hacer economías y elegir (en definitiva política), y después de tantos años toca elegir, y las universidades públicas y Alicante es la elección.

De momento, no obstante, nuestra elección por la gente nos ha permitido incrementar la tasa de reposición de catedráticos, profesores titulares y contratados doctores, absorbiendo el embalsamiento generado en años anteriores.

También se han mantenido los recursos tecnológicos y bibliográficos y las infraestructuras básicas para dar soporte a la actividad universitaria y garantizar la actividad docente y la producción científica. Y, por supuesto, se sostendrán sin recortes, el programa de becas a estudiantes dependiente en su totalidad de la Universidad de Alicante, entre las que crecen un 8% la de Ayudas Económicas de Emergencia, que tienen como finalidad ayudar al estudiante y sus familias que lo necesiten, y las becas Erasmus, con un crecimiento del 27%.

En suma, las personas, las personas primero. Esa, y no otra, ha sido la guía rectora de nuestra acción de gobierno y nuestro cuaderno de bitácora plagado de incidencias en los años transcurridos desde que tomé posesión del Rectorado en mi primer mandato.

Ahora, en el último curso como Rector, el más alto honor al que puede aspirar un profesor universitario, quisiera agradecer a todos los que han trabajado en nuestra universidad en la larga noche de esta década de crisis, mi más profundo agradecimiento. Si la hemos resistido sin quebranto, aunque no sin ocasiones de duelo, no ha sido sino porque su personal, se ha mostrado diligente y resiliente ante la adversidad, sin desfallecimiento, como el conjunto de la sociedad española. Gracias, todas las gracias, por vuestro buen trabajo, vuestra tenacidad y vuestra templada paciencia. 

Quisiera, de todos modos, hacer una mención especial, por un lado al personal de la oficina del rector, gabinete del rector, comunicación y protocolo, y por otro a los que han ocupado cargos de responsabilidad en mis dos mandatos. Y, sobre todo, a quienes me han acompañado en el consejo de dirección durante los mismos: José Vicente Cabezuelo, Amparo Navarro, Aránzazu Calzada, Cecilia Gómez, Paco Macía, José Penades, Juan Llopis, Enrique Herrero, Rafa Muñoz, Mónica Martí, Nuria Grané, María José Rodríguez, Paco Torres, Teresa Cantó, Carles Cortés, Esther Algarra y a nuestro gerente Rafa Pla, compañeros, y si me lo permitís, amigos, con los que hemos compartido dificultades, pero también la melancólica alegría de salir adelante en unos años de expectativas limitadas, con un rigor económico extremo como condena y bandera. 

¡Feliz curso académico a todas y a todos! 

Muchas gracias. 

Oficina del Rector


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