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Concesión del Laurel de Oro, a título póstumo, a Miguel Hernández

Orihuela, 31 de mayo de 2019

Me gustaría, en primer lugar, agradecer su presencia hoy aquí, en este acto de concesión del Laurel de Oro a Miguel Hernández, en este magnífico edificio del Convento de Santo Domingo de Orihuela, conocido también como Colegio del Patriarca Loazes, Colegio Diocesano de Santo Domingo, un edificio monumental de estilos gótico, renacentista, barroco y rococó del siglo XVI fundado por el Cardenal Loazes. Y donde nos une a través de la cátedra Arzobispo Loaces una magnífica relación académica, siendo herederos de la histórica Universidad de Orihuela que este año cumple 450 años de historia universitaria en la provincia de Alicante. 

Como rector de la Universidad de Alicante, he de decirles que es un honor presidir la concesión de este Laurel de Oro a título póstumo a uno de los alicantinos más significativos e ilustres de nuestra historia más reciente. 

Como saben, este galardón se concede a aquellas personas o instituciones de excelente prestigio nacional o internacional en el campo de las ciencias, de las letras, de la investigación científica, de la docencia, de la creación artística, del deporte y de la solidaridad. Hasta el momento actual, un total de catorce personas la han recibido, como el investigador en ciencias penales y criminología Luis Garrido, el escritor Miguel Delibes o el economista German Bernácer. Personas que han destacado en los campos de la ciencia, la docencia y la creación de conocimiento y que la Universidad de Alicante ha querido reconocer a través de este galardón. Personas que reconocemos con el Laurel de Oro. 

Según la mitología griega, el dios Apolo se enamoró locamente de la ninfa Dafne y la perseguía por todas partes. La ninfa lo esquivaba y suplicó a su madre, Gea -la tierra-, que la transformara en un laurel para poder escapar, así, de las garras del dios. Apolo, triste y resignado, decidió convertir el laurel en su símbolo, y desde entonces siempre llevaba una corona de laurel en la cabeza. A partir de este mito, en la antigüedad y en la Edad Media se utilizaba esta planta para coronar a los atletas, a los poetas, a los sabios, a los generales victoriosos e, incluso, a los estudiantes que superaban las pruebas de retórica, a los cuales se les daba una rama de laurel; de ahí deriva, por cierto, el hecho de llamarlos bacca-la-u-reatus (bachilleres). El laurel, el Laurus Nobilis, árbol de hoja perenne, ha sido y es un símbolo de la inmortalidad que representan los triunfos artísticos, militares, universitarios y deportivos. 

Siguiendo nuestro reglamento de símbolos y distinciones honoríficas, el Laurel de Oro que hoy otorgamos, representa un punto culminante en la historia de nuestra universidad. Se convierte hoy en el reconocimiento póstumo de Miguel Hernández. 

Y quiero agradecer a la profesora Carmen Alemany la magnífica laudatio del poeta, que muestra en breves trazos la trascendencia de la obra y la figura de Hernández. Muchas gracias Carmen. 

Miguel Hérnandez, oriundo de nuestra provincia de Alicante, es uno de los más grandes poetas de la historia de la literatura española, figura clave de la mítica generación del 27 y de parte de la poesía de la posguerra española, a pesar de su temprana muerte. A la gran obra que avala esa posición se suma el valor añadido de su biografía, truncada a los 32 años, después de sufrir prisión y enfermedad tras la Guerra Civil, en la que participó activamente en el campo de batalla. 

La fusión de vida y obra de Miguel Hernández y su repercusión en la historia venidera, tanto en el ámbito académico como en el universo lector, y la especial incidencia de su difusión a través de la música (duradera hasta la actualidad), lo elevan a la categoría de mito literario y también social. Por todo ello, la distinción a Miguel Hernández por parte de la Universidad de Alicante constituye un hito en la historia de la institución y repercute recíprocamente en la altura que para una universidad significa distinguir a las figuras más relevantes de nuestra provincia, entre las que Miguel Hernández es central.

Nuestra universidad siempre ha participado en los principales eventos que sobre el escritor se han realizado, y quiero destacar la celebración en 2017, y a tenor de los 75 años del fallecimiento del poeta, de un Congreso Internacional organizado por la UA junto con el Instituto Juan Gil-Albert y la Universidad Miguel Hernández. Asimismo, nuestra institución cuenta entre su profesorado con algunos de los máximos especialistas a nivel internacional en la obra del poeta, y con doctores honoris causa para quienes Miguel Hernández fue y es figura señera, tales como Mario Benedetti, Alonso Zamora Vicente y Raúl Zurita. Y queremos seguir homenajeando al poeta oriolano con esta alta distinción que sella el vínculo histórico gestado a lo largo de su historia hasta la actualidad, en la que siguen produciéndose trabajos académicos (monografías, artículos en revistas especializadas, trabajos de fin de grado y máster, tesis doctorales, publicaciones y premios derivados de investigación, etc.) que dan cuenta de la vigencia de Miguel Hernández en la Universidad de Alicante. La concesión del Laurel de Oro al poeta en este momento respalda por tanto toda una tradición investigadora sobre su obra y enaltece la significación de su figura para la institución. 

Y este Laurel de Oro se le entrega a herederos de Miguel Hernández en la ciudad que le vio nacer, Orihuela, sede histórica de la Universidad de Alicante. Por ambos motivos, la realización de este acto aquí, justamente en Santo Domingo, donde estudió nuestro poeta, hace que esta ceremonia cobre un valor simbólico fundamental para nuestra universidad, que ha desarrollado una actividad continuada en Orihuela y de manera especial en la Casa Museo Miguel Hernández; muestra del vínculo estrecho que históricamente la UA ha mantenido con el lugar de nacimiento del poeta, con una programación en la que la literatura ha tenido un protagonismo esencial. 

Es nuestro empeño que desde la Universidad de Alicante se siga difundiendo la obra y el legado de este poeta que nos dejó versos que, a día de hoy, siguen teniendo carácter de universalidad. Y de entre ellos quiero destacar algunos de los últimos versos que escribió y que simbolizan una clara apuesta de futuro:

 

“Soy una abierta ventana que escucha,

por donde va tenebrosa la vida.

Pero hay un rayo de sol en la lucha

que siempre deja la sombra vencida”.

 

Muchas gracias. 

Oficina del Rector


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