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Clausura del I Seminario de Comunicación Política e Institucional de Alicante.

Alicante, 19 de abril de 2013

En primer lugar, me gustaría felicitar a la Diputación Provincial, al Instituto Juan Gil-Albert y a la Asociación de Comunicación Política por esta iniciativa. 

Sin duda, en un entorno como el nuestro y en unos momentos tan complicados en lo político y económico, hacía falta una cita de expertos de este calibre en la que se analizara el estado actual de la comunicación política e institucional de Alicante; un seminario al que auguro un buen futuro y del que espero una continuidad para años venideros. También quiero felicitarles por el tema elegido para esta primera edición: la comunicación institucional en tiempos de crisis, absolutamente oportuno en el contexto en el que nos encontramos. 

A lo largo de estas dos jornadas se ha contado con la participación y el análisis de representantes del mundo de la política y de distintos medios de comunicación, de directores y directoras de comunicación en instituciones y organismos públicos y privados, de investigadores y académicos, de periodistas y profesionales de distintos ámbitos en los que, cada vez más y afortunadamente, la comunicación se ha convertido en un valor estratégico. 

También hemos podido escuchar las conclusiones más destacadas a cargo de las señoras Karen Sanders y Esther Puntero. Pero, como han podido observar a lo largo del seminario, no existen piedras filosofales ni verdades absolutas. 

Lo que sí es cierto es que cada vez somos más las instituciones que apostamos por la comunicación como uno de los ejes de nuestra gobernanza; aunque también lo es, que los tiempo de crisis han supuesto un pequeño retroceso en esta apuesta. 

Cada vez se destinan menos recursos económicos y humanos a este valor esencial para el progreso de la sociedad de la información en la que nos hallamos inmersos. Ocurre en instituciones, organismos, entidades y empresas, y como tal, también es catastrófica la situación por la que atraviesan los medios de comunicación. Son momentos asfixiantes que frenan el avance y producen una controversia entre las demandas de la ciudadanía y su correspondencia en la realidad social. 

Porque en medio de todo este contexto, o quizás precisamente por él, la sociedad demanda cada vez más información, necesita saber qué ocurre y busca nuevos canales, en ocasiones alternativos a los estandarizados, para acceder a ella. 

La sociedad, además, ha dejado de ser ese objeto pasivo que era el receptor y ocupa un lugar cada vez más destacado en el proceso comunicativo. Por eso, tanto instituciones como políticos, y también medios de comunicación, debemos dejar de excusarnos en la crisis y asumir nuestra parte de responsabilidad en medio de todo este proceso de aproximación a la ciudadanía.

Las instituciones –también cada vez más- necesitamos ser visibles para la sociedad a la que servimos y a la que nos debemos. Para eso, hemos de canalizar estas informaciones a través de los distintos canales y medios existentes, adecuando con transparencia, veracidad, coherencia y responsabilidad, los mensajes que enviamos a los ciudadanos. Y también, como no puede ser de otro modo, adaptando nuestros canales para recibir el feedback que nos devuelven, esencial para conocer el verdadero cariz del sentir ciudadano y la respuesta a nuestras actuaciones. 

A nadie se le escapa que la comunicación institucional conlleva una doble vertiente: por una parte, sin duda, la de tratar de favorecer la imagen positiva de la institución a la que se debe, tratando por lo tanto, de ensalzar sus valores y sus puntos fuertes. 

Pero también –y creo que esto es lo esencial de la sociedad democrática y del conocimiento en la que nos hallamos inmersos- la comunicación favorece la rendición de cuentas a la que se deben las instituciones públicas, facilita el acceso a los intríngulis de instituciones y organismos, el entendimiento sobre su modo de trabajar, sus estructuras…, por eso, resulta esencial para la transparencia y para la democratización del acceso a la información. 

En tiempos tan convulsos, en los que la opinión pública se cuestiona el papel de las instituciones sociales y políticas, es cuando deberíamos darle a la comunicación la importancia que merece. Una comunicación que, a mi juicio, debe estar basada en la transparencia y en la responsabilidad. 

Por eso, como rector de la Universidad de Alicante, pero también como usuario de las instituciones públicas y defensor de las mismas y como ciudadano implicado social y políticamente, quiero reiterar mi felicitación y también mi enhorabuena por la organización de estas Jornadas, que espero que se conviertan, por muchos años, en foro de análisis obligado y lugar de discusión sobre el papel de las instituciones, los gobiernos y la política y la forma que tienen de comunicarse. 

Gracias a todas y a todos por su asistencia y por su participación. 

Buenas tardes.

 

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