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Toma de posesión como Rector Magnífico de la Universidad de Alicante

Alicante, 19 de junio de 2012

Muy Buenos días.

Dejadme, en primer lugar, que os dé las gracias por habernos querido acompañar hoy aquí, en el Paraninfo de nuestra querida Universidad de Alicante. Vuestra presencia es para mí y para el equipo que me acompaña un motivo de enorme gratitud y reconocimiento, porque representa y hace visible el compromiso que compartimos con esta universidad, con sus valores y sus objetivos.

En estos momentos de incertidumbre, de cambio, en los que hemos de afrontar nuevos retos, estoy seguro de que con vuestro apoyo leal, con vuestro afecto sincero, el esfuerzo que tendremos que hacer para conducir esta nave a buen puerto será una grata tarea, enriquecedora y fructífera. Gracias, de nuevo.

Querría, en esta intervención, recordar el lema de mi campaña en las recientes elecciones a rector: “Esta Universidad nos une”. Con este compromiso asumo como propio el legado de una universidad joven, pero ya madura, proyectada al futuro pero orgullosamente conocedora de su historia.

Soy heredero de aquellos que, desde 1979 hasta hoy mismo, han contribuido a conformar este espacio apreciado y único; heredero también de todos los que, con su esfuerzo, han trabajado para que los objetivos de esta universidad, de toda universidad, se cumplan; sucesor, en fin, de los que en la academia y por la academia lucharon por hacerse mejores a sí mismos e hicieron mejores también a los que acompañaban y formaban.

Permitidme que hoy, excepcionalmente, quiera resumir la memoria y la tarea, los trabajos y los días de esta universidad en un nombre: Balbino Mancheño, Medalla de Oro de la Universidad de Alicante a título póstumo, la más alta distinción honorífica de la universidad, concedida por unanimidad del Consejo de Gobierno el 30 de enero de este año, por sus relevantes servicios a la universidad como catedrático, investigador y en diversos cargos de alta responsabilidad institucional: Balbino, te echamos y te echaremos de menos.

No puedo, ni quiero olvidar, a tantas compañeras y a tantos compañeros, y a tantas amigas y amigos que, primero, me animaron a optar a la responsabilidad que hoy ocupo, y que después me acompañaron en el proceso electoral; a los miembros de los equipos rectorales de los que he formado parte, con Ignacio Jiménez Raneda a la cabeza, honestamente preocupados por el presente y el futuro de la institución, incluso en la discrepancia; a los científicos, tecnólogos y humanistas, que la engrandecen y hacen sentir su impacto en el conjunto de la sociedad alicantina; a los empresarios y empresarias que creen en el papel activo de la universidad; a las autoridades políticas que, incluso en las dificultades, se han mostrado conscientes de la relevancia social de las tareas que tenemos encomendadas, y a los que insto a no olvidar que los posibles futuros pasan inevitablemente por nosotros, los productores y difusores del conocimiento, la materia prima de la única oportunidad de desarrollo sostenible en nuestros días.

También, finalmente, en este capítulo de agradecimientos, querría reconocer al conjunto de la comunidad universitaria su implicación durante el proceso electoral; en el debate sobre la definición de un modelo de universidad de acuerdo con los tiempos; unos tiempos difíciles pero decisivos, en los que, necesariamente, la escasez y, por lo tanto, la elección entre finalidades alternativas, se hará más patente que nunca.

Afortunadamente, la candidatura que encabecé obtuvo un amplio y generalizado apoyo en todos los colectivos y centros de nuestra universidad y más allá, en las instituciones, en el mundo empresarial, en la sociedad civil y en los medios de comunicación.

Tened la seguridad de que el equipo de dirección que presido, formado por mujeres y hombres de probada solvencia académica y científica, y con dilatada experiencia en la gestión, sabrá estar a la altura de los retos que afrontaremos en los próximos años. A ellos, finalmente, quiero agradecer su indispensable apoyo, su colaboración, implicación y compromiso constante hacia un proyecto de modernización de la educación superior, que tendrá que combinar democratización y gobernanza.

Entenderéis que no será una tarea fácil en momentos convulsos como los actuales, aunque no tendríamos que dejar de aprovechar las oportunidades que nos brinda una crisis. El problema reside en la identificación correcta de estas oportunidades. Y dejadme deciros, en este sentido, que la educación, y la educación superior en particular, es la mejor apuesta de fututo, y, sin la más mínima duda, la mejor inversión de cara a los retos que afrontamos, al futuro de nuestras comarcas, de la Comunidad Valenciana y de este país.

No insistiré en datos bien conocidos sobre la contribución de las universidades públicas valencianas al bienestar de la sociedad que las financia, aunque sorprende que su contundencia no consiga poner límite a críticas, deliberadamente superficiales e interesadamente desinformadas, sobre el funcionamiento de nuestras universidades; críticas que a veces parecen cargadas de prejuicios.

No obstante, ningún análisis informado tiene dudas sobre el hecho de que para mejorar la productividad, que es lo que determinará nuestro nivel de renta futura, se tienen que emprender cambios sustanciales tanto en el conjunto del sistema educativo como en la especialización productiva de la economía, que, nada más serán posibles, a través de una mejor adecuación y elevación del nivel educativo de nuestro alumnado.

Como rezaba un viejo eslogan: “Si crees que la educación es cara, prueba la ignorancia”. Y es que la educación, déjenme recordarlo, es la base de toda posible mejora. Sin ella, la innovación es fútil y el emprendimiento defensivo y limitado a ramas de actividad con bajo contenido técnico y escaso valor añadido.

Así y todo, con los déficits que no debemos ocultar ni ocultarnos, los tituladas y titulados universitarios tienen, como cualquier investigación rigurosa precisa, muchas más probabilidades que los no universitarios de encontrar un empleo. Y, más aún, en ellos se basa la posibilidad de estimular el crecimiento de un tejido empresarial endógeno, conjuntos de pequeñas y medianas empresas innovadoras y de base tecnológica, creadas por emprendedoras y emprendedores cualificados, y capaces, primero, de generar empleo y riqueza en y desde su territorio de origen, y de internacionalizarse después, llegado el momento.

Para decirlo sin tapujos, el coste de oportunidad de una apuesta insuficiente por la educación, por no hablar de su recorte, es el retraso o la renuncia a la mejora paulatina de los niveles de desarrollo y bienestar de las poblaciones afectadas.

Las universidades formamos parte de la sociedad, somos sociedad, de modo que también somos conscientes del delicado momento económico que atravesamos, de la caída de los ingresos públicos como consecuencia de la crisis, y de las dificultades para acceder al crédito en condiciones razonables, que ponen en riesgo la prestación de servicios públicos esenciales y hacen inevitables el recorte de gastos.

Lo entendemos y lo aceptamos. Pero, en lo tocante a los recortes educativos, la cuestión no es solo cuánto sino cómo, dónde y por qué, preguntas cuyas respuestas requieren reflexión y rigor. Y es, precisamente, ponderación y criterio razonado lo que echamos en falta en El Real Decreto-Ley de medidas urgentes de racionalización del gasto público en el ámbito educativo, publicado en el BOE el 21 de abril del presente año.

Puesto que la posición y las razones de los rectores de las universidades españolas y de los rectores de las valencianas sobre el Decreto son públicas, permítanme realizar al respecto solamente unas breves reflexiones.

Las universidades, teniendo en cuenta su disposición a colaborar y su talante siempre abierto y constructivo, lamentamos no haber conocido el Real Decreto Ley antes de su publicación, ni que no se nos haya consultado durante el proceso de su elaboración, toda vez que los rectores y sus consejos de gobierno, son los que obviamente conocen de primera mano el funcionamiento de las universidades.

Asimismo, es importante resaltar y no olvidar la autonomía que por ley gozan nuestras universidades, mediante precepto recogido en nuestra Constitución con rango de derecho fundamental y refrendado reiteradamente por el Tribunal Constitucional. Este Decreto-Ley, cuando menos, pone en cuestión el espíritu y la letra del mandato constitucional.

Por último, los rectores de las universidades públicas han manifestado su inquietud por el hecho de que una elevada subida de los precios públicos de matricula pudiera representar una quiebra del principio de igualdad de oportunidades en un momento en el que muchas familias arrastran dificultades económicas, tanto más si no se ven acompañadas por un programa de becas compensatorio.

Afortunadamente, la actitud de la Generalitat Valenciana y de la Conselleria de Educación, Formación y Empleo fue, y quiero resaltarlo, muy diferente. Con prontitud, recabó la opinión de los responsables de las universidades valencianas sobre los contenidos del Decreto-Ley, y se mostró sensible a sus argumentos, particularmente en lo concerniente a la subida de tasas, en la banda media de la horquilla de aumento de precios públicos fijado por el Decreto-Ley. Y, aunque en nuestra opinión, dicha subida de tasas sigue siendo excesiva, requiere un estudio más preciso y transparente y, en todo caso, la potenciación de la política de becas.

Permítanme ahora, no obstante, para finalizar, que, en tiempos tan difíciles, exponga el modelo de universidad al que me adhiero y que propuse en la campaña que me ha llevado a ser rector, recogido en un decálogo breve, la pretensión de un poco de mediodía entre tanta oscuridad.

Apostamos por una universidad pública de calidad, una universidad que afronte, como muchas de nuestras empresas en una economía global, el reto de la competitividad interna e internacional, flexible y abierta al cambio, capaz de establecer métodos eficientes de medición de la calidad y la competitividad, y proporcionar información pública y transparente sobre los resultados, facilitando una rendición de cuentas exigente.

Una Universidad que haga de la formación y la investigación, pero también de la transferencia de conocimiento al conjunto de la sociedad alicantina, el eje básico de su acción. De hecho, el necesario papel de la universidad en la transformación del modelo productivo y en la generación de nuevos nichos de actividad, pasa por fortalecer la investigación aplicada y la transferencia de conocimiento.

Una universidad internacionalizada y global en todas sus tareas, que tome en consideración la dimensión global en sus instrumentos de gobierno y en sus horizontes de financiación. Tanto el Espacio Europeo de Educación Superior, como el Espacio Europeo de Investigación, deben ser referencia obligada en la estrategia de la universidad para la atracción de alumnado y profesorado, y para la promoción de la movilidad internacional, a la búsqueda de nuestra integración en redes transnacionales de producción y transferencia de conocimiento.

Una universidad abierta, permeable a los estímulos externos, sensible a la ética de la innovación y al valor de la creatividad.

Una universidad, por tanto, comprometida con su natural liderazgo en la sociedad del conocimiento, la innovación y la apuesta por las tecnologías avanzadas. De hecho, resultaría paradójico que, en el marco de lo que se ha venido a denominar sociedad de la información, las universidades no asumieran el protagonismo que les corresponde cuando el grueso de la investigación básica y aplicada es producido por las universidades, a la espera de una mayor implicación de la iniciativa privada.

Una universidad comprometida con la promoción de los valores de una sociedad democrática, solidaria y sostenible, pero también con lo que se ha venido a denominar la cultura del esfuerzo. Sé muy bien que dicho término puede implicar muchos significados y distintas intenciones, no todas benignas. Pero también creo que podemos convenir que, en las últimas décadas, la cultura del ocio y la estética del consumo han sustituido a la ética del trabajo, la capacidad para diferir las gratificaciones y la visión de un horizonte a medio y largo plazo. Y también creo que estos valores tradicionales ayudarán a hacer viable una sociedad más justa, solidaria y sostenible. Menos, en definitiva, individualista.

Una universidad también comprometida con la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, incluso mediante la remoción y corrección de las circunstancias que impiden o dificultan esa igualdad efectiva. Para este fin nos hemos dotado, desde hace ya algún tiempo, de los instrumentos adecuados, dependientes del rectorado mismo, y de planes cuya implementación seguiremos vigilantes.

Una universidad emprendedora en todos los sentidos, que asuma la tarea de resolución de problemas complejos aplicados a todos los campos de actuación: la docencia, la formación, la investigación, la gestión y la transferencia de conocimientos.

Una universidad, por tanto, que gestione los recursos públicos de manera eficaz, eficiente y transparente, y que se dote, a tal fin, de sistemas de información idóneos, más desarrollados y mejores que los actuales, basados en indicadores adecuados y datos fiables y actualizados. Y que facilite, en consecuencia, la racionalización y optimización de los recursos públicos, imprescindible en estos atribulados días.

Una universidad, en última instancia, lugar de encuentro de todos los agentes sociales que pueden y deben definir la orientación del futuro de nuestro desarrollo, y que esperan encontrar en ella un espacio encaminado a la calidad y guiado por la competitividad, internacionalizado, abierto, innovador y capaz de asumir el liderazgo en la sociedad del conocimiento.

Espero y deseo encontrarme en esta singladura con lo que, hoy y aquí, me acompañan, seguro de que nuestra suerte mutua está abrochada.

Muchas gracias.

 

Oficina del Rector


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