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Empleabilidad, formación universitaria y empleadores

Diari INFORMACIÓ d'Alacant, 26 de febrer de 2013

La empleabilidad es la aptitud, actitud y capacidad que posee una persona para un puesto de trabajo. Una persona empleable posee actitudes, aptitudes, capacidades, conocimientos y experiencias profesionales que le dan un valor de mercado para su acceso y permanencia en el desempeño de una función profesional.

Sobre la base de empleabilidad, quisiera subrayar el firme compromiso del Sistema Universitario Público Valenciano con la promoción de un mayor y mejor empleo para nuestros egresados, patente ya en el hecho de que todas las universidades públicas valencianas disponen de observatorios para la inserción laboral. Somos, en fin, conscientes de que el éxito profesional y social de nuestros titulados son esenciales para el éxito y prestigio de las propias universidades, lo que obliga a que éstas desarrollen el conjunto de sus actividades velando por los logros futuros de sus egresados, del mismo modo que esperan de éstos el reconocimiento y el respeto que redundarán en el fortalecimiento de las universidades en las que obtuvieron sus destrezas.

A tal fin, las universidades públicas valencianas promovemos, como ya señalamos, un mejor ajuste entre oferta y demanda de estudios, sin desatender el llamado de las vocaciones aparentemente improductivas. Obligadas, por tanto, a afinar la información acerca de los procesos de inserción laboral, las oportunidades para las que las distintas titulaciones habilitan, y los problemas que afrontan en el mercado de trabajo. Mejoramos, día a día, la formación para el empleo, orientadas a las necesidades expresas del tejido productivo, diseñando itinerarios formativos en alianza con las empresas verdaderamente interesadas en la inversión en capital humano, y ofreciendo complementos de formación esencialmente prácticos. Igualmente actuamos para mejorar la oferta de formación continua para los ya titulados, conscientes de que estos deberán cursar a lo largo de su vida laboral tantas horas dedicadas al aprendizaje formal después de egresados como las invertidas en obtener un título oficial, porque mejora el ajuste a los puestos de trabajo efectivos y facilita el desarrollo profesional.

Las universidades públicas valencianas, no lo duden, asumimos dichos desafíos con el mismo ánimo austero con el que hemos afrontado transformaciones decisivas en los últimos y terribles años. Importa, sin embargo, resaltar que la empleabilidad no es algo que competa en exclusiva, ni siquiera, tal vez, esencialmente, a las universidades. No habrá empleo sin crecimiento y recuperación económica. Y no habrá recuperación económica si no conseguimos reorientar la economía hacia actividades más productivas y con mayor valor añadido, más intensivas en capital humano; hacia sectores, en fin, con alto potencial de crecimiento y empleo, máxime en una coyuntura crítica, en una convergencia de crisis en la que el agotamiento de nuestro modelo de crecimiento se verifica en un contexto de recesión económica en la zona euro y de cambios geopolíticos fundamentales, cambios sin los que no se puede entender y afrontar nuestra brutal crisis de empleo.

Reorientar la economía, sin embargo, no es algo que competa en exclusiva, pese a sus obvias responsabilidades, a las instituciones y administraciones públicas. Es, sobre todo, un asunto que concierne a los agentes privados, a las empresas, ahora que tiende a cargarse la responsabilidad de la crisis y de la salida de la misma sobre los hombros de lo público, como si los actores empresariales no tuvieran nada que ver con nuestros bajos niveles de productividad, inversión, formación del capital humano, innovación, escasa competitividad e irresponsabilidad fiscal.

Resultaría curioso, cuanto poco, que así fuera. En realidad, como he señalado en otras ocasiones, resulta fatalmente contradictorio apostar retóricamente por una economía competitiva e innovadora, al tiempo que los hechos, en términos de prioridades de inversión, formación del capital humano en las empresas, innovación, responsabilidad fiscal y efectiva competencia, desmienten dicha retórica. Y creo que el mismo argumento vale para las administraciones públicas, que debieran, como las empresas, colmar la distancia que media entre lo que se es y se hace y lo que se dice querer ser y hacer.

Las universidades públicas valencianas, en fin, somos plenamente conscientes de que nuestras aportaciones a la sociedad y a la economía nos convierten, o nos deberían convertir, en uno de los pilares básicos del desarrollo económico y del bienestar de la sociedad valenciana, y en una de las principales fortalezas en las que apoyarse para su transformación. Poner en valor esas aportaciones es una demostración de responsabilidad, que no sólo sirve para convencer a la opinión pública de que nuestras contribuciones son sustantivas y merecen ser apoyadas, sino, además, para reivindicar un papel más activo de las universidades en la transformación ineludible que la economía valenciana necesita para hacer frente a la actual crisis económica.

En esta tarea, sin embargo, las Universidades públicas valencianas no pueden sustituir la acción de las administraciones públicas, de las empresas, de la sociedad civil en su conjunto. Hoy como ayer, quisiéramos acompañar y ser acompañados, ayudar y ser ayudados para afrontar un cambio de piel tan difícil como estimulante.

Así, de las Administraciones esperamos un marco de financiación suficiente y estable, sostenible y pública, que considere, como demandó el Comunicado de Rectores y Rectoras de las Universidades Públicas Españolas, emitido en diciembre del pasado año, la educación superior, la investigación, el desarrollo y la innovación, intrínsecamente unidas entre sí, no como un gasto, sino como una inversión, ya que sin conocimiento no habrá progreso. A cambio, las universidades nos comprometemos –y cito literalmente- “a incrementar la eficacia y eficiencia de nuestras instituciones, y a continuar con la transparencia y la rendición de cuentas ante la sociedad, con el fin de que nuestras universidades sigan impulsando la cohesión social en nuestro país y sean motores y fuentes de conocimiento y riqueza”.

Esperamos también de las distintas administraciones que apoyen todas aquellas iniciativas que puedan redundar en un mejor desempeño económico de los territorios en los que se ubican, así como políticas activas de empleo para los jóvenes titulados, como las que pretendemos impulsar a través del acuerdo sobre empleabilidad, conscientes de que el retraso en la incorporación al trabajo no solo destruye talento y dilapida el capital público invertido, sino que impide la acumulación de experiencia y corroe la confianza personal y en el futuro.

De las empresas, quisiéramos su valimiento y apoyo, a través de múltiples vías, que deben definirse de mutuo acuerdo y mediante regulares y constantes contactos. Primero, haciéndonos partícipes de sus necesidades de formación, inicial o continua, para los titulados que ya trabajan en sus plantillas, y ofreciendo posibilidades de mejora para los estudiantes en prácticas formativas y prácticas laborales. Segundo, asumiendo que, en el nuevo, incierto y cambiante mundo en el que vivimos, y bien sea motivo de celebración o espanto, las viejas prácticas ya no son útiles. No solo son más rápidos los cambios que nos afectan, sino también más imprevisibles y de mayor impacto, y nos abruma la complejidad de las interacciones sistémicas entre variables económicas, empresariales, políticas, sociales, demográficas, medioambientales y geopolíticas. Pensemos, por ejemplo, simplemente, que al final de la segunda década de este siglo, más de la mitad de la producción mundial corresponderá a los países emergentes y en vías de desarrollo, no solo como exportadores de productos básicos, sino manufacturados y de servicios. Y reparemos en el impacto de este hecho sobre las actuales condiciones de los países hoy considerados desarrollados, pero envejecidos, endeudados y con Estados menguantes, si persistieran las actuales tendencias.

En estas circunstancias, la especialización y la internacionalización de las empresas no es una opción, sino, una necesidad. Y la internacionalización y especialización de las actividades empresariales requiere de personal cualificado, capaz de gestionar la mayor complejidad que comporta, por más que el genio emprendedor sea insustituible, y la capacidad de conformar entidades colectivas de alta productividad el verdadero eje de una economía competitiva y dinámica.

Pensamos, además, que, en condiciones de incertidumbre y riesgo, como las actuales, los servicios públicos, el compromiso moral y político de los Estados para con el bienestar de sus ciudadanos es más exigible y necesario que nunca.

En la tarea de potenciar la formación para el empleo y en la mejora del Sistema Universitario Público Valenciano, siempre nos encontraremos, afanados en nuestras tareas propias, pero ávidos de colaboración con las instituciones políticas y económicas que nos dan sentido y nos proporcionan el necesario soporte financiero, fieramente orgullosos de nuestra aportación al bienestar y a la riqueza colectivas.

Manuel Palomar Sanz

Rector de la Universitat d'Alacant

President de la Conferència de Rectors de les Universitats Valencianes (CRUV)

 

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