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Festivitat de Sant Tomás d'Aquino

Alacant, 28 de gener de 2014

Deixeu-me, primer de tot, que us done les gràcies a totes i a tots per haver-nos volgut acompanyar hui ací, al Paranimf de la nostra universitat, en aquest acte de la festivitat de Sant Tomàs d'Aquino. 

En primer lloc, voldria adreçar-me a les titulades y titulats en el curs 2012-2013, que avui estan representats ací per les companyes i companys que han aconseguit els premis extraordinaris en les respectives especialitats. 

Sé bé que per a tots i totes han sigut anys particularment intensos, anys d'estudi, de qualificació professional i també de formació humana.

Els estudis que amb esforç heu seguit a les aules de la nostra Universitat us han enriquit com a professionals i com a persones, i en molts casos només han sigut possibles gràcies al compromís i l'esforç de les vostres famílies, al suport de les persones que estimeu. Estic segur que també per a elles aquests estudis han significat sacrificis i, per això, el fet que els hàgeu culminat amb èxit és una satisfacció compartida per tots. 

En vosaltres, nous titulats i titulades, queda representada l'aspiració dels universitaris per accedir al coneixement científic i crític dels diversos camps del saber humà. 

Us felicite per l’èxit, i en l’exercici professional us anime a ser exemple, amb el vostre comportament ètic, dels estudiants de la Universitat d'Alacant, a ser-ne ambaixadors permanents davant la societat, ja que estic convençut que sempre mantindreu un grat record dels anys que heu passat com a estudiants en aquest campus. 

Vull felicitar, tambe, els doctors que heu pujat a aquesta estrada per a rebre, després d’anys d'esforços, el premi extraordinari que mereixeu.

Sabeu bé que durant tot aquest temps heu tingut el suport de la institució i de moltes persones de la nostra comunitat universitària. Heu comptat, en particular, amb l'orientació i l'ajuda dels vostres directors de tesi, als quals agraïsc públicament la dedicació i l'interès que han posat perquè cadascun de vosaltres haja contribuït amb la tesi doctoral a generar nou coneixement i també a obrir noves vies per a investigacions futures. Estic segur que per als vostres directors és un motiu de satisfacció i d'orgull veure que el treball que heu fet ha sigut reconegut avui amb el premi extraordinari. 

En este acto acabamos de investir doctoras honoris causa por la Universidad de Alicante a la Doctora López Nomdedeu y a la Doctora Meleis. 

La concesión del Doctorado Honoris Causa a la profesora Consuelo López Nomdedeu conlleva el reconocimiento académico a una dilatada trayectoria profesional, científica y docente, cuyo elemento esencial ha sido el compromiso con la sociedad a la que pertenece. Sus actividades de investigación - acción llevadas a cabo desde la administración pública, con un marcado grado de compromiso social, han contribuido a mejorar las condiciones de salud de la población. A través de la promoción de la salud y educación sanitaria en el área de la alimentación y la nutrición ha sabido abordar los problemas nutricionales que condicionan el estado de salud de la población. La profesora Consuelo López Nomdedeu ha sido capaz de conjugar la perspectiva de la salud pública y la pedagogía en el proceso de transmisión del conocimiento científico y su aplicación práctica. Su ejemplo para las futuras generaciones y en particular para el colectivo de los profesionales de la Nutrición Humana y Dietética, en tanto que profesionales de las ciencias de la salud, es un estímulo para continuar trabajando como científicos al servicio de una sociedad más justa, más solidaria y por tanto más saludable. 

Enhorabuena Doctora López Nomdedeu. 

It is a pleasure welcoming Dr. Afaf Meleis to the University of Alicante. Like Alejandria where you grew up, the city of Alicante looks at the Mediterranean. We hope you will feel at home during your stay with us. 

Your life trajectory shows a life dedicated to nursing knowledge and to the betterment of people’s health; it is an inspiration for many nurses. Your message is clear: knowledge must be put to the service of people. I am pleased to have you here with us as our first nurse candidate to a Doctor Honoris Causa. 

Congratulations Doctora Meleis!!! 

Quiero darles la bienvenida y decirles que nos sentimos muy honrados con su incorporación al claustro de profesores. 

Quiero también felicitar a las profesoras Mª Eugenia Galiana Sanchez, Angela Sanjuán Quiles y Carmen de la Cuesta Benjumea por las brillantes laudatios así como por su compromiso constante con la ciencia y la academia. 

Ahora y aprovechando el acto, me gustaría realizar algunas reflexiones sobre la educación superior, la sanidad pública y la investigación. 

España ya es en 2013, según datos de Eurostat, la oficina estadística de la Comisión Europea, -que, a su vez, emplea, los datos que proporciona el Instituto Nacional de Estadística español-, el país más desigual de la Unión Europea, más aún que Letonia, Bulgaria o Rumania. Y la desigualdad excesiva compromete la igualdad de oportunidades y acentúa la reproducción intergeneracional del estatus socio-económico, ocasionando que los niños y jóvenes de familias desfavorecidas tengan trayectorias educativas más cortas y mayores problemas de inserción laboral. 

Necesitamos, austeridad, en el sentido de evitación de lo accesorio, y también mayor eficiencia con equidad y una racionalización adecuada de nuestros menguados recursos: una modernización, en fin, de las instituciones, pero no solo en la universidad, en los sistemas educativos y sanitarios públicos, en los mercados de trabajo o las pensiones, sino en el conjunto de las instituciones públicas y privadas, que debieran, además, trabajar conjuntamente para definir horizontes posibles y deseables de futuro para la comunidad, en vez de permanecer instalados en el marco mental de esta nueva y anómala normalidad, que solo nos repite que hemos vivido culpablemente por encima de nuestras posibilidades y que debemos purgar nuestros excesos. 

¿Quiénes, en todo caso, vivieron por encima de sus posibilidades y deben depurar sus demasías? No las universidades públicas valencianas, que nunca gastaron lo que no tuvieron y que se han ajustado en los tiempos recientes a presupuestos anualmente menguantes, renunciando a inversiones que hubieran indudablemente redundado en beneficio colectivo. 

¿Y qué tipo de racionalidad expresa la aprobación de dos nuevas universidades privadas, separadas por unos pocos kilómetros y a pocos más de las propias del sistema público, que replican entre sí las mismas titulaciones que ya se imparten en las existentes? 

Nueve de cada diez estudiantes universitarios españoles estudian en universidades públicas, que realizan, además, el 99% de la investigación reconocida. No necesito resaltar lo que estos datos significan en términos de garantía de los estándares de calidad exigibles, estándares que, espero, se hagan extensibles también a las universidades privadas de nueva creación. 

En junio del pasado año, los rectores del sistema universitario público valenciano acordamos con la Generalitat, en un acto presidido por el Presidente del Consell y con la presencia de la Consellera de Educación y los presidentes de los Consejos Sociales, el nuevo mapa de titulaciones. 

Y bien, precisamente, uno de los aspectos destacables del acuerdo, fue la necesidad de evitar duplicidades en la misma provincia, salvo que estén justificadas por el alto número de solicitudes, debiendo permitir la implantación de los nuevos títulos un mejor ajuste a los requerimientos de los sistemas productivos locales y la empleabilidad del alumnado. 

En noviembre de 2013, sin embargo, fue aprobado por el Pleno del Consell el anteproyecto de ley de reconocimiento de una universidad en El Campello, mientras que la Universidad prevista en el municipio de San Juan de Alicante, superaba para su implantación el trámite del Consejo de Educación Superior Valenciano en diciembre. 

Nada que objetar a la puesta en marcha de universidades privadas, como ya señalé en la apertura de curso, siempre que certifiquen que cumplen los criterios de viabilidad económica propia, sin ayudas de los poderes públicos, y los requerimientos docentes y de capacidad investigadora que se demandan a las universidades oficiales, y que deberá validar la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA). 

Entre tanto, sin embargo, la Agencia Valenciana de Evaluación y Prospectiva (AVAP) bien podría, como demandamos los rectores de las universidades públicas en el citado Consejo de Educación Superior del pasado diciembre, elaborar un estudio de viabilidad sobre el número de centros de educación superior que puede soportar el sistema universitario valenciano, como es común y razonable en el lanzamiento de cualquier nuevo proyecto que pretenda tener perspectivas de futuro, y como debe esperarse de quien tiene la responsabilidad de velar por los intereses generales. 

¿Se puede soportar, por ejemplo, ocho facultades de medicina, tres de ellas en la provincia de Alicante? 

Incluso el Foro de la Profesión Médica, que agrupa a las organizaciones más representativas de facultativos, se ha pronunciado contra la apertura de más facultades de medicina. 

Medicina, sin embargo, no es un caso único. En los estudios de enfermería, el número de egresados de las privadas supera al de las públicas, y la inflación de oferta en estudios que, se supone, tienen hoy mejor salida laboral, amenaza con hacer estallar las costuras de algunas profesiones, así como la fiabilidad de su formación. 

Argumentar, en estas condiciones, que no se puede impedir la aprobación de nuevas universidades, ateniéndose exclusivamente a la “legalidad” de sus medios y pretensiones es signo de una racionalidad similar a la que autorizó en 2005 la construcción de 800.000 viviendas en España, tantas como en Alemania, Francia y el Reino Unido juntas en ese mismo año, con las consecuencias conocidas, que ahora sufrimos. 

Si las administraciones públicas, que se atribuyen la capacidad de regular tantos aspectos esenciales de la vida de los ciudadanos, desde la calidad y la procedencia de los productos a la venta hasta la velocidad en las carreteras o en qué términos accedemos a la red, desde las relaciones laborales a las condiciones en las que el aborto es permisible, se declaran incapaces de intervenir y corregir evidentes fallos de mercado, no sería de extrañar que algunos concluyeran que son instituciones al servicio de “intereses especiales” o de sí mismas o, peor aún, de nadie, una deducción, ciertamente, peligrosa, que no ayuda a corregir una desconfianza creciente en nuestras instituciones. 

Así, las nuevas universidades privadas no solo nacen con el patrocinio de instituciones locales, que aspiran legítimamente a mejorar la suerte y el futuro de sus municipios, sino con el compromiso de que sus estudiantes podrán realizar prácticas en centros del sistema público de salud valenciano o en colegios de la red pública, una situación que, desde luego, rechazamos y que, además, sencillamente, no es factible. 

¿A quién beneficia, no obstante, este sistema de concesiones y elusiones? En el discurso de apertura del presente curso, previne contra la creación de una burbuja educativa universitaria privada, que, atizando la ansiedad de las clases medias por el futuro de sus hijos, abriera nuevas oportunidades de inversión, protegida y regulada favorablemente, al sector privado, con sus secuelas de “becas-préstamo” y los resultados bien conocidos en los países en los que la educación privada es dominante: imparable aumento del precio de las matrículas, alto endeudamiento de estudiantes y familias, promesas de brillante futuro laboral incumplidas, etc. 

Y deduje las condiciones para la inflación de esa burbuja, no muy diferentes a las actuantes desde hace años en la educación primaria o en la secundaria obligatoria y en la postobligatoria: la degradación de la educación pública, sobrecargada de demandas y asfixiada por una financiación insuficiente, su encarecimiento relativo y la apertura de un mercado alternativo para la educación privada, o al menos para segmentos significativos de la misma. 

En unas recientes declaraciones el Ministro de Educación, José Ignacio Wert anunciaba, en relación con la reforma universitaria que pretende tener concluida este año, que debemos afrontar, y cito literalmente, “una reflexión sincera y no demagógica sobre cómo hay que financiar el sistema en lo referente a tasas, préstamos y becas”, defendiendo el incremento en las tasas de matriculación, ya que, a su juicio, la educación universitaria “no forma parte de la obligatoria”, además de lamentar, y vuelvo a citar literalmente la información de referencia, que “mientras en Europa se han congelado los presupuestos públicos y ha aumentado el gasto privado en educación”, en España no ha ocurrido lo mismo. 

¿En qué Europa, por cierto? ¿En Alemania, Francia, Austria, Holanda, Finlandia y el resto de países nórdicos, es decir, en la Europa rica que lo es porque invierte en educación pública y en I+D, o en Grecia, Portugal, Irlanda, Italia o Chipre, la Europa hoy endeudada, que, en consecuencia, debe además enfeudar su futuro? 

Parece como si tuviéramos que asumir con tal severidad la idea de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, al punto de permitirnos niveles de educación y de salud por encima de los que nos corresponden, que no nos quedara más remedio que desmejorar nuestras expectativas de vida y de salud colectiva y hacer retroceder nuestros aún frágiles avances en educación, investigación, innovación y cultura.

Parece, en fin, como si estuviéramos empeñados en un regreso al pasado, un pasado estamental y cerrado. 

Una Comunidad y una provincia que han contado en el último medio siglo entre las más dinámicas demográfica y económicamente del Estado han visto reducirse, con la crisis, su renta per cápita y su bienestar relativo a los niveles de 1999. Es decir, un retroceso sin paliativos de década y media, que nos reubica entre las autonomías que padecen un menor nivel de desarrollo económico -concretamente la sexta por la cola-, más de 10 puntos por debajo de la media española, con la exclusión del País Vasco y Navarra, dos de las autonomías más ricas de España. Situación, por cierto, que se agrava en el caso de la provincia de Alicante, cuya renta per cápita es netamente inferior a la media de la Comunidad Valenciana y, a mayor abundamiento, de España.

Si en vez de utilizar en exclusiva, por otra parte, indicadores de renta utilizáramos indicadores de bienestar, como los que ya utiliza EUROSTAT, que miden el consumo global de los hogares, incluyendo los bienes y servicios consumidos, los paguen las familias o los proporcionen los gobiernos –mediante servicios públicos, como la educación o la sanidad- o las organizaciones sin ánimo de lucro, Alicante estaría aún más lejos de la media, a causa de los recientes recortes, sin que pueda detectarse que, en el corto plazo, vaya a dejar de distanciarse negativamente de la media. 

¿Por qué? Sin duda, hay muchas razones –demográficas y relativas a una financiación insuficiente e injusta, por ejemplo- que no nos son directamente imputables. Pero, desde hace décadas también, no hay estudio solvente que no haya hecho referencia al agotamiento de nuestro modelo productivo, prolongado más allá de lo razonable por el respirador asistido que supuso el auge, aparentemente imparable, de la construcción en los años previos a la crisis, con su promesa de un crecimiento ilimitado a costa de un esquilmado feroz del territorio. 

La riqueza de un espacio económico, como es sabido, guarda relación con la productividad, y tanto en la Comunidad Valenciana como en la provincia de Alicante la productividad por trabajador es netamente inferior a la media española y, no digamos, de la Europa avanzada, debido a nuestra especialización productiva, centrada en el comercio, la industria tradicional y la construcción. 

¿Hay salidas? Sin duda, pero no fáciles ni a corto plazo. Perdonen la repetición, pero sencillamente no hay alternativa que no pase por la inversión en educación y en I+D, por el impulso a la creatividad, por la apuesta por la innovación tecnológica, organizativa o social, por la imaginación creadora más que por la destrucción creativa que está liquidando sin opciones nuestro tejido productivo. 

Y no habrá modo de encontrar la salida de nuestra particular vía al subdesarrollo, déjenme decirlo de nuevo, más que implicando en la transformación a las instituciones y a las empresas, a las organizaciones de la sociedad civil y a los poderes públicos en un esfuerzo inteligente y concertado, que renueve la confianza en nosotros mismos e impulse nuestra participación en un mundo demasiado ancho, pero definitivamente no ajeno. 

Termino. Soy bien consciente de las enormes dificultades financieras que aquejan a la Generalitat, como somos solidarios de su reivindicación de una financiación más justa. Y estamos reconocidamente agradecidos por su esfuerzo en ejecutar las transferencias corrientes en forma y plazo, sin exacerbar nuestros ya graves problemas de tesorería.

Mejor aún, más allá de discrepancias de fondo explícitas sobre algunas medidas, nuestra interlocución con la administración autonómica y los poderes públicos es fluida, como es permanente la voluntad de acuerdos que mejoren la calidad de vida de nuestras comarcas. Las críticas, por tanto, aun cuando son expresión de divergencias relevantes, deben ser consideradas en el marco de una relación de mutua dependencia y confianza. 

Nada nos desviará, sin embargo, de nuestra reivindicación de un marco de financiación suficiente y estable, que, pese a asumir la austeridad no como excepción sino como pauta, aspira a la cobertura de nuestras necesidades más elementales y a la posibilidad de una mejora constante de nuestro desempeño. Sin olvidar, por cierto, las deudas contraídas: la existente a corto plazo, entre 2010 y 2013 (XX millones de euros), y la histórica reconocida (XX millones de euros), que debía saldarse en un horizonte temporal más amplio. 

Recuerden: las universidades del sistema universitario público valenciano nunca gastamos lo que no teníamos, nunca vivimos por encima de nuestras posibilidades. Y por ello no consideramos razonable ni pagar excesos que no nos corresponden ni renunciar a lo que, siéndonos debido, redunda indudablemente en beneficio, sin excepción, de todos. 

Muchas gracias.

Oficina del Rector


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