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Obertura del Curs Acadèmic 2014-2015

Alacant, 17 de setembre de 2014

Molt bon dia a totes i a tots, i benvinguts i benvingudes al Paranimf de la Universitat d’Alacant, a l’acte d’inauguració del curs acadèmic 2014- 2015.

Deixeu-me que, en primer lloc, felicite el Professor Juan Luis Castejón, per la seua lliçó inaugural “Investigació i millora de l’Educació”. Gràcies, Juan Luis, per la lliçó i per la teua magnífica labor al llarg de tants anys en pro de la nostra universitat.

Les meues felicitacions també per a la Secretària General per l’exposició de la memòria del curs acadèmic 2013-2014. Gràcies, Aránzazu! 

Permeteu-me expressar una particularment càlida salutació de benvinguda a la nova generació d’estudiants que s’incorporen en este curs, tant en estudis de grau com de postgrau. Una oferta d’estudis que, una vegada més, respon ajustadament a les demandes i a les expectatives de formació de la nostra societat. Ja sabeu que esteu en la vostra casa i que la Universitat està al vostre servei perquè assoliu els millors nivells de formació i excel•lència. 

Esta benvinguda també la vull fer extensiva per a tot el personal que s’incorpora en este curs. I al personal que ha deixat de prestar serveis en la universitat li vull fer arribar l’expressió del reconeixement institucional pel seu treball i dedicació. 

Vull fer també un reconeixement explícit en este acte a la dedicació i l'esforç cap a la universitat de totes les persones que acabeu de fer 25 anys de servei. El prestigi de la Universitat d’Alacant s’ha sustentat de manera decisiva en la vostra dedicació. Us necessitem i us demanem que prosseguiu amb el vostre esforç i compromís per construir la universitat que tots volem. 

Per als membres de la comunitat universitària que, dissortadament, ens han deixat al llarg del passat curs acadèmic, vull expressar-los el meu respecte i consideració més sentits. 

Vull recordar i lamentar la defunció del senyor Emilio Botín, president del Banc Santander i patró vitalici de la Fundació Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, de la qual va ser valedor i impulsor des del naixement del projecte l’any 1999. 

Gràcies a les seues accions i a la seua aposta per la universitat, “el Presidente”, com sempre el recordarem, va tenir, ha tingut i tindrà sempre un enorme calat en l'educació superior del nostre país. 

Quisiera ahora recordar, como suelo hacer en la apertura de cada nuevo curso, que nos adentramos en el octavo año de la crisis real. Y que las víctimas de la crisis han sido numerosas. No solo los millones de parados y los cientos de miles de deshaucios y las innumerables tragedias personales, sino también la igualdad, incluso de oportunidades, y cierta libertad de elegir la propia vida, si bien la crisis, afortunadamente, no ha representado el desmayo de la fraternidad. 

Resulta conmovedor, por ejemplo, comprobar que, según la encuesta de presupuestos familiares, que elabora el Instituto Nacional de Estadística, el único rubro que no ha sufrido disminución en nuestro país durante los años recientes es la inversión en enseñanza de las familias. 

En lo tocante a la universidad pública, esa institución añeja y, según dicen algunos, encastillada en su torre ebúrnea, la crisis se ha traducido, como previmos, en un descenso del número de estudiantes en más de 45.000 en los dos últimos cursos. Un problema a añadir a la merma de la financiación pública y al estrangulamiento de la I+D+i. 

Cierto, para decirlo todo, la población entre 18 y 24 años ha descendido en mayor proporción que el número de alumnos en las universidades -6% frente al 2.5%-, pero no es menos cierto que el mayor descenso se produjo, en 2012, con la subida de las tasas y el endurecimiento de los requisitos para acceder a las becas. 

Como no es menos probable, en el doble sentido del término, que, tal que previnimos en anteriores discursos, el ascenso de los precios públicos de los grados y la drástica subida en los posgrados ha representado, con el apoyo deliberado de los poderes públicos, la apertura de una ventana de oportunidad para las universidades privadas, que han visto crecer, en el caso de los másteres, su número de alumnos hasta suponer un 27.1 %, a consecuencia de la menor diferencia entre los precios públicos y los privados y la menor exigencia de las instituciones que imparten estos últimos. 

Más inquietante aún. De mantenerse el borrador del real decreto de creación de centros que prepara el Ministerio de Educación, del que tuvimos noticia en julio de este año, los requisitos para la apertura de universidades privadas resultarán aligerados y los controles sobre las mismas aliviados y desregularizados. 

¿Implica, sin embargo, ese auge de instituciones privadas un mayor descrédito de lo público? No, si atendemos a los datos. Por ejemplo, los de una muy reciente encuesta de Metroscopia (de agosto de 2014). En lo más alto de la estima pública siguen constando los investigadores científicos, los profesionales del sistema público de salud y los profesores de la enseñanza pública. Es decir, aquellos cuerpos profesionales, modestamente retribuidos y duramente castigados por los recortes, y que, sin embargo, siguen considerados por la ciudadanía contribuyentes netos al bienestar colectivo. Y después Cáritas, las ONGs y las asociaciones voluntarias, las PYMES, las policías, las universidades, los servicios sociales municipales y las Fuerzas Armadas. Todas ellas, en fin, instituciones públicas con un claro perfil altruista, protector y asistencial. 

No podemos, en consecuencia, sino concluir, sin ánimo polémico, que las políticas vigentes y las preferencias expresas de la gente, del público, de la inmensa mayoría, circulan por carriles distintos, si no contrarios, con los riesgos adyacentes de desafección, cuando no de colisión, que dichas contradictorias trayectorias alientan y convocan. 

Créanme, somos perfectamente conscientes de las dificultades extraordinarias que ha afrontado, desde los inicios de la crisis, nuestro país, agravadas en el caso de la Comunidad Valenciana por el derrumbe de uno de los pilares de su modelo productivo, la construcción y las actividades inmobiliarias, que llegó a representar el 22% del PIB de la Comunidad en el periodo previo a la crisis, y por una financiación insuficiente e injusta. 

Pero creemos también que de las duras lecciones de la crisis, debiéramos extraer también algunas enseñanzas, que nos permitieran recuperar la esperanza mediante un reducido, pero significativo, núcleo de apuestas estratégicas. 

Alguien dijo, allá por los sesenta del pasado siglo (J. F. Kennedy): “No preguntes qué es lo que puede hacer tu país por ti, pregúntate qué puedes hacer tú por tu país”.

Pues bien, ¿qué pueden hacer nuestras universidades por nuestro país? ¿Qué puede hacer, en concreto, la Universidad de Alicante por la provincia, por la Comunidad? 

Déjenme detallarlo brevemente, sin ánimo de ser exhaustivo, y considerando la modestia de nuestros recursos enfrentados a la ambición y al alcance de nuestras aspiraciones. 

Primero, más allá de los problemas y dificultades, procurar una mejora constante en los objetivos generales, es decir, en la docencia y la investigación. 

Y bien, ya en el discurso de clausura del pasado curso, tuve la ocasión de señalar que, si no me cuento entre los idólatras de los rankings, lo cierto es que una joven universidad, como la nuestra, que este año cumple el 35 aniversario de su fundación, se cuenta, por primera vez, entre las 500 mejores del mundo –concretamente en el puesto 473-, según la edición de 2014 del prestigioso Ranking de la Universidad de Leiden, referencia mundial en la materia y considerado internacionalmente como el “más académico”. 

Por primera vez también, la Universidad de Alicante aparece en el Ranking, publicado en junio de 2014, que elabora la universidad Jiao Tong de Shangái desde 2003, probablemente la más conocida y reconocida de las clasificaciones internacionales de universidades, en una posición alrededor de la 500. 

Y es importante resaltar y destacar que si la Universidad de Alicante se encuentra entre las 500 universidades mejores del mundo de las más de 20.000 universidades existentes, entonces, supone que la UA se encuentra entre el 2.5% de las Universidades más destacadas a nivel mundial. 

No me cuento, como he dicho, entre los adeptos incondicionales de los rankings. Presentan sesgos y limitaciones profundas, y utilizan indicadores parciales y discutibles para comparar instituciones con tradiciones y culturas muy distintas. Descuidan, por ejemplo, la calidad de la docencia o no toman en consideración las relevantes funciones culturales y sociales de las universidades o su capacidad para activar la movilidad social y difundir la cultura. 

Pero me parece también, que responden a una necesidad de información en un mundo global, desatendida hasta que se ha hecho evidente, que facilita la elección, y favorece la transparencia, la rendición de cuentas, la competencia entre las universidades sin merma para su colaboración, las oportunidades de mejora y una cultura de la evaluación, que las universidades no deben descartar. 

Así, si, con sus luces y sombras, acordamos que la información recogida en los rankings tiene cierta utilidad, pudiendo servir para orientar decisiones individuales y estrategias colectivas sobre dónde estudiar, o en qué áreas de conocimiento se considera que tenemos fortalezas y en qué otras habría que mejorar, convendremos también que pocas, si alguna, instituciones o empresas de la provincia están en condiciones de acceder a las honorables posiciones obtenidas por la joven Universidad de Alicante en unas clasificaciones que, les recuerdo, son globales. Es decir, que, con las cautelas expresadas, nos dan visibilidad y nos ubican en ese mundo, que ya es el escenario en el que nuestros rendimientos y actos se evalúan. 

En segundo lugar, más allá de la necesaria excelencia en la investigación y en la transferencia de conocimiento, como elemento decisivo para mejorar la productividad y la competitividad económica, y la creación de riqueza y empleo, de innovación y cohesión social, y en congruencia con lo afirmado en el punto anterior, quisiéramos renovar y reforzar nuestro compromiso con la calidad de las enseñanzas que se imparten en nuestra universidad y su adecuación a las necesidades sociales, potenciando los vínculos con nuestro entorno institucional, económico y social más próximo, en línea con las claves estratégicas y las propuestas de actuación aprobadas en el III Encuentro Internacional de Rectores Universia, celebrado en Río de Janeiro los días 28 y 29 de julio de 2014, y conocidas como la Carta Universia Río 2014. 

¿Qué pretendía, en efecto, dicho Encuentro? Ante todo, reflexionar sobre la universidad del siglo XXI, y examinar las nuevas expectativas y tendencias universitarias, a fin de impulsar un Espacio del Conocimiento socialmente responsable. 

A tal efecto, la Carta Universia Río 2014 insta a las universidades, a través de un conjunto de iniciativas y actuaciones diversas, a favorecer la inclusión social, y constituirse en instrumento útil para mejorar el bienestar, elevar los niveles de desarrollo, fomentar la creatividad y favorecer la transmisión de valores tales como la igualdad de oportunidades (-también las de género o las de colectivos con necesidades especiales-) y la protección medioambiental, contribuyentes netos al alivio de la pobreza actual y la prevención de la futura, mediante la atención a un crecimiento más sostenible y equilibrado, tanto social como ecológico. 

En consecuencia, urge a las universidades, en estrecha cooperación con los poderes públicos, las empresas y otras instituciones de la sociedad civil, a desarrollar proyectos de desarrollo, a escala del territorio en el que desarrollan sus actividades, que conecten fecundamente la formación y la investigación con las necesidades del entorno, al tiempo que establecen mecanismos de engarce con el sistema productivo y facilitan el emprendimiento y la inserción laboral de los titulados. 

Pues bien, como en tantas ocasiones he tenido ocasión de señalar y reclamar, nuestro oído está abierto, nuestro corazón preparado (“cita ciega” de Ricardo III, de Shakespeare) y nuestras manos tan prestas a asumir las mudanzas internas que a dichos fines convienen, como tendida a aquellos agentes –gobiernos, empresas, instituciones- que se muestren dispuestos, tentativamente, a inquirir y reconocer futuros al tiempo posibles y deseables para nuestra provincia. 

Y permítanme que les diga, a este respecto, que algunas de las modificaciones que ha propuesto el Ministerio de Educación recientemente, en concreto la modificación de la estructura de los estudios universitarios y el paso de un sistema de 4 años para los grados y 1 o más de máster a un modelo de 3 años de grado y 2 de máster, en poco contribuiría a mejorar la calidad de la enseñanza universitaria ni a mejorar la atención a las necesidades sociales. 

¿Por qué? Primero, porque, las universidades se han visto sometidas en los últimos años, a un acelerado estrés normativo, a una saturación de cambios preceptivos, que han supuesto un importante desgaste, un derroche de energías y un incremento de las cargas burocráticas, cuyo funcionamiento y resultados requieren una pausada y serena tasación para acometer su modificación o su mejora y, tal vez, una cierta simplificación. 

Segundo, porque la posibilidad que el Real Decreto abre, siquiera opcional y voluntariamente, para modificar el diseño de los planes de estudio en las distintos universidades, haría que la convivencia de los grados de 4 años y los de 3 años no solo introdujera confusión e inestabilidad, sino que acarreara más problemas que soluciones a los dilemas planteados. 

¿Cómo explicar y argumentar, por ejemplo, que un graduado de tres años tendría la misma formación básica que uno de cuatro años? 

Tercero, porque prácticamente todas las universidades españolas están incursas en un proceso de acreditación de los grados, que debería servir para evaluar el éxito en la implantación de los nuevos títulos y sus consecuencias en la empleabilidad. 

Cuarto, finalmente, y ésta en mi opinión es la piedra de toque y la intención última de la propuesta del Real Decreto, porque dicho cambio implicaría un encarecimiento de los costes de la enseñanza universitaria, dada la importante diferencia de precios entre el crédito en los másteres y en los grados. 

Reflexionemos, pausadamente, obremos con cautela y examinemos con atención y detalle cuál es nuestro horizonte, nuestras opciones ante un mundo que es más ancho que nunca y que ya no limita con las fronteras de Europa, ni siquiera de Occidente. 

Y es que, en tercer lugar, para seguir con las propuestas estratégicas de la Universidad de Alicante y con su aportación al presente y al porvenir de la provincia, el impulso a la internacionalización es una apuesta irrenunciable en varias dimensiones y direcciones. 

Pocos saben, incluso en la universidad y entre el público informado, que la Universidad de Alicante tiene firmados convenios de movilidad y es socia de mas de 700 universidades en más de 100 países repartidos entre los cinco continentes. Y menos aún son conscientes del potencial de esta extensa y tupida red de relaciones, no solo para la universidad, como embajadora y carta de presentación de la provincia, sino para sus ciudades y, potencialmente, para sus instituciones y empresas. 

Tampoco somos demasiado conscientes, ni desde luego hemos sabido sacar el debido provecho, del hecho de que el español sea, según el Instituto Cervantes, la segunda lengua nativa más hablada del mundo, tras el chino mandarín, y el segundo idioma de comunicación internacional. 

Nos haríamos, me parece, un flaco favor si no consideráramos los estrechos vínculos que nos unen con los países latinoamericanos. Si no tuviéramos en cuenta su potencial y el mutuo beneficio que podríamos obtener de una colaboración más estrecha con ellos

Como se señala, en efecto, en la ya citada Carta de Río, uno de los objetivos centrales del III Encuentro Internacional de Rectores era impulsar un Espacio Iberoamericano del Conocimiento socialmente responsable. Y huelga decir que un proyecto a tal punto ambicioso requiere de actuaciones en varias dimensiones interconectadas. 

No voy a detallar, aquí y ahora, el conjunto de cambios extensos y profundos que la internacionalización exige, una verdadera estrategia transversal que debe reunir, más allá de los vicerrectorados implicados y departamentos e institutos universitarios, los esfuerzos concertados de investigadores, personal docente, estudiantes, personal de administración y servicios y de todos los implicados en la gestión de la universidad. Y más allá de las universidades, de la administración, eliminando y simplificando trámites burocráticos de convalidación y de visados, que activen el proceso. 

Huelga señalar, además, hasta qué punto el incremento de la internacionalización y la movilidad es no solo una oportunidad para atraer talento de alumnos y profesores potenciales, sino para corregir en el futuro la caída de la demanda interna de educación superior por el descenso de la natalidad, evitando la crisis o el cierre de titulaciones. 

España, sin embargo, y desde luego Alicante, es un destino atractivo para los jóvenes europeos y de otras latitudes. Y la Universidad de Alicante, permítanme alardear de ello, uno de los campus mejor diseñados y más atractivos de Europa, colindante con municipios, como San Vicente del Raspeig, pujante y con una elevada calidad de vida, que ha favorecido su conexión e integración con la universidad en mutuo y seguro beneficio. 

Si de alguna carencia adolecía nuestro espacio, está en afortunada vía de solución. Como ya habrán tenido noticia, a través de los medios, la Universidad de Alicante abrirá próximamente una extensión de su campus, un campus urbano en el corazón de la ciudad de Alicante, en un espacio próximo al que ya ocupa la actual Sede de la Universidad, El Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert y el Museo de Bellas Artes Gravina (MUBAG), dependientes de la Diputación, y el Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA), dependiente del Ayuntamiento de la ciudad. 

Una verdadera “milla de oro” de la cultura en la ciudad, que, como fue nuestra ambición desde antiguo, se verá complementada con una gran biblioteca universitaria, espacios hábiles para la enseñanza de idiomas a estudiantes Erasmus y de movilidad no europea, y otras actividades universitarias y socioculturales, que servirán de rótula y dinamo para las que ya se realizan en su entorno y para un espacio central en la ciudad. 

Nos felicitamos por ello, tanto como agradecemos el público apoyo que el Ayuntamiento de Alicante y la Diputación Provincial han prestado a una iniciativa, que no hubiera sido posible sin la generosa visión del Banco de Sabadell y de su dirección territorial, con Jaime Matas al frente, y de la Fundación Sabadell, a cargo de Miquel Molins, que con la cesión del edificio por un periodo de diez años y su colaboración han hecho posible el logro de un objetivo largamente perseguido, así por la ciudad y la provincia como por la Universidad. 

A todos ellos, gracias, en la seguridad de que responderemos a la confianza mostrada con la estricta atención a los compromisos asumidos, que he querido hacer públicos, hoy y aquí, ante significados representantes de la ciudadanía en los más diversos y característicos órdenes y actividades sociales, y ante el conjunto de la comunidad universitaria. 

Acabe. De la mateixa manera que la Universitat d’Alacant reclama per a ella i per al conjunt de les universitats del sistema públic valencià un marc de finançament suficient i estable, demanem per a la nostra Comunitat --unint així la nostra veu a la de la Generalitat i a la d’altres col•lectius de la societat civil alacantina i valenciana--, un finançament més just i equitatiu, i una inversió en infraestructures més d’acord amb la nostra aportació a l’economia del conjunt de l’Estat. 

Senzillament, no és just, com es desprèn de la informació que aporten les balances fiscals o el sistema de comptes públics territorialitzats, que siguem l’única comunitat que, estant per sota de la mitjana estatal en renda per capita, aporte diners no únicament a comunitats més riques que la nostra, sinó a altres amb un nivell de riquesa superior a la mitjana nacional. I tot això, sense comptar les despeses territorialitzables, on la Comunitat Valenciana torna a ser la més perjudicada, amb un saldo negatiu per capita de set-cents cinquanta-quatre (-754) euros per habitant. 

La universitat no ha d’intervenir en la política ordinària. En canvi, ha de fomentar l’espai d’una cultura independent que, juntament amb la protecció de les llibertats bàsiques, un mercat sense traves i vertaderament lliure, i l’estímul a la fraternitat necessària, són els signes, al nostre parer, d’una societat desitjable. 

No obstant això, si considerem que aquest dèficit en el finançament i en la inversió afecta, sobretot, l’educació, la sanitat i els serveis socials específics, el canemàs d’un compromís imprescindible entre les administracions públiques i la procura d’una vida digna i decent per al conjunt social, a més d’ofegar les nostres possibilitats de desenvolupament, es podrà entendre que, pel que fa a aquest assumpte, donem suport a una reivindicació que no alimenta la querella, que ens uneix a tots molt més del que ens separa. 

Estem convençuts que Alacant i la Comunitat tenen futur. Si aconseguim posar-nos d’acord en el perfil que ha de tindre aquest futur. Si, en aquests temps foscos i insegurs, aconseguim identificar els denominadors comuns que ens uneixen i unifiquen, si les demandes i les queixes justes que ens animen a tots són equitatives i adequadament ateses i reparades. 

Moltes gràcies y molt bon dia.

Oficina del Rector


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