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Cloenda del Curs Acadèmic 2018-2019 i investidura com a doctora honoris causa de l'Excma. Sra. Teresa Ortiz

Alacant, 21 de maig de 2019

Deixeu-me, primer de tot, que us done les gràcies per haver-nos volgut acompanyar hui ací, al Paranimf de la Universitat d’Alacant.

L’acte de cloenda del curs acadèmic 2018/2019, que ara acaba, ha estat protagonitzat pel lliurament del màxim títol acadèmic que les universitats podem atorgar: el títol de doctor.

Etimològicament doctor és una paraula que defineix el mestre, el professor, qui genera coneixement. La primera col•lació del títol de doctor va tenir lloc, l’any 1140, a la Universitat de Bolonya, a la qual van seguir, al poc de temps, altres universitats europees. En els nostres dies, el títol de doctor està associat al reconeixement de la capacitat investigadora.

Capacitat investigadora per a la generació de coneixement, que és una de les funcions que la universitat ha de dur a terme, sense la qual no podríem parlar pròpiament d’universitat.

Vull felicitar, doncs, els doctors i les doctores que heu rebut avui el birret que simbolitza la vostra nova condició.

Vosaltres sou un exemple destacat del treball que es du a terme en la nostra Universitat i, per això, en nom de tota la comunitat universitària, torne a reiterar-vos l’orgull que sentim i la nostra felicitació per l’èxit que heu aconseguit.

La Universidad de Alicante acoge en su claustro de doctores, a la ilustre profesora Teresa Ortiz, catedrática de Historia de la Ciencia de la Universidad de Granada, de prestigiosa trayectoria académica y científica, con extraordinarias relaciones con nuestra universidad.

Quisiera agradecer y felicitar a la profesora Mónica Moreno por la magnífica laudatio de nuestra doctora honoris causa, que muestra y demuestra la prestigiosa trayectoria de la profesora Ortiz. ¡Muchas gracias, Mónica!

Permítanme que me detenga y destaque algunos aspectos centrales que complementan y ratifican lo expuesto previamente sobre nuestra nueva doctora honoris causa.

La catedrática de la Historia de la Ciencia Teresa Ortiz ha contribuido con rigor científico y una profusa producción intelectual al desarrollo de la historia de género y de las mujeres y la historia de la medicina en nuestro país. Su biografía intelectual es incuestionable: diecisiete libros y más de un centenar de artículos y capítulos de libros. Siguiendo la invitación de la profesora Moreno, me sumo a abordar cuestiones que no suelen destacarse en actos como el que nos ocupa, lo que no significa que sean irrelevantes; es más, sostengo que al destacarlos se subraya el impacto social del legado científico de la catedrática Teresa Ortiz y que hoy reconoce nuestra universidad al otorgarle la distinción de doctora honoris causa. 

La primera cuestión que quiero anotar la ha introducido la propia profesora Moreno. En la obra de la catedrática Teresa Ortiz se advierte un deseo explícito por aportar conocimiento que mejore las condiciones de vida y de salud de las mujeres.

Su ingreso en la vida universitaria coincide con diversos movimientos sociales que cuestionaban el orden ‘natural’ de las cosas. Bajo el lema “lo personal es político”, la Segunda Ola Feminista nos trasladó la idea de que los problemas personales se sustentan en sus estructuras sociales; esto es, por primera vez se establecía una conexión entre la experiencia personal de las mujeres y su subordinación como colectivo, y con ello los asuntos “privados” o “sociales” pasaban a la reflexión, discusión y a la agenda política.

No es un asunto personal, o privado, que las dificultades que en los centros de investigación, en la universidad, tienen las mujeres en su acceso y permanencia restringe la igualdad efectiva entre las científicas y científicos -la profesora Moreno ha citado las dificultades en conciliar la vida personal, familiar con la carrera científica; y podríamos añadir algunas otras más, como la persistencia de factores estructurales ligados al mantenimiento de una cultura organizativa que tomó como referencia exclusivamente la experiencia de los hombres; todo ello, como acabo de decir, restringe la igualdad efectiva entre las científicas y los científicos. Y no puede ser un asunto personal, sino de política científica, cuando sabemos que el corolario de estas desigualdades es la pérdida de mucho talento y, en consecuencia, la pérdida de posibilidades de mejorar nuestra ciencia, de innovar y crear sociedades con valores más sostenibles y eficientes.

El esfuerzo intelectual de historiadoras de la ciencia, el de Teresa Ortiz, en la búsqueda en su disciplina de textos de autoría femenina y otros no hegemónicos ha contribuido al desarrollo de un área que hoy conocemos como la historia de las mujeres, y con ello, a recuperar un sujeto social ocultado y subalterno. Hoy no se cuestiona que esta mirada en la ciencia sea insoslayable para el progreso y el avance social.

La segunda cuestión que quisiera poner de relieve surge de la lectura entre líneas de las dos intervenciones que me han precedido. En torno al lema “lo personal es político”, se crearon grupos de mujeres que compartían las mismas experiencias, preocupaciones e intereses; mujeres que llamaban la atención sobre sus necesidades específicas y distintas desigualdades no formales.

La investigadora mexicana Marcela Lagarde ha definido la “sororidad” como un pacto político entre mujeres, como “… la amistad entre mujeres diferentes y pares, cómplices que se proponen trabajar, crear y convencer, que se encuentran y reconocen en el feminismo, para vivir la vida con un sentido profundamente libertario”.

En uno de sus textos, Cortázar recogía que si algo sabía, “es que las palabras pueden llegar a cansarse y a enfermarse… Hay palabras -decía el escritor- que a fuerza de ser repetidas, y muchas veces mal empleadas, terminan por agotarse, por perder poco a poco su vitalidad...". Seguro que se les viene a la cabeza muchas. No es el caso del de “sororidad”, o no lo será siempre que en la academia contemos con científicas de la altura académica y compromiso de Teresa Ortiz, con investigadoras que al tiempo que desarrollan su carrera profesional se ocupan de tejer sólidas redes en torno a grupos y líneas de investigación ex novo, de convertir las desigualdades de género observadas en temas de estudio, de generar espacios intelectuales reflexivos, críticos e inclusivos, de avanzar en el conocimiento aportando propuestas teóricas basadas en evidencias empíricas e investigaciones contrastadas y que conforman un corpus teórico y una fundamentación epistemológica de enorme valor para la comprensión del entorno social, económico, político y tecnológico que coadyuva las condiciones de vida y de salud de las mujeres.

Hoy, con la incorporación al claustro de honoris causa de la doctora Ortiz, la Universidad de Alicante crece intelectualmente, por su trayectoria científica y académica, y su compromiso con la igualdad. Decimotercera mujer honoris causa, como bien decía, séptima bajo mi mandato como rector. Enhorabuena y felicidades.

Permítanme ahora que, en este acto de clausura, esboce un breve balance del curso transcurrido.

Déjenme decirles una certeza que se ha convertido en un lugar común contemporáneo, pero que fue enunciada ya hace casi tres siglos por Benjamin Franklin “No hay inversión más rentable que la del conocimiento”.

Sí, sin duda invertir en conocimiento produce siempre los mejores beneficios tangibles e intangibles, desde incrementos considerables en la productividad hasta la posibilidad de ejercer la crítica y cultivar la imaginación creadora, tan necesaria en un mundo complejo para afrontar situaciones enrevesadas y cambiantes.

Debemos recuperar la inversión en investigación para que las investigadoras e investigadores como los que hoy habéis sido investidos doctores, no vean frustradas sus carreras o tengan que exiliarse, y para que nunca más la I+D+i sea considerada en mayor medida gasto en vez de inversión.

Aprovecho este acto, para convocaros al 40 aniversario de la creación de la Universidad de Alicante que celebramos este año. Somos, pues, contemporáneos de la recuperada democracia, coetáneos de los primeros ayuntamientos de la libertad, aun cuando nuestros antecedentes históricos reconocidos se remonten a la Universidad de Orihuela en el siglo XVII. Así somos herederos de la tradición universitaria del antiguo Reino de Valencia, arraigados en el territorio en el sentido más amplio y recogemos el legado de esa tradición universitaria y del Mediterráneo.

Y solo, tal vez, en el nuevo milenio puede hablarse de un proceso de consolidación de la Universidad de Alicante, fraguado con el impulso generoso de las instituciones de la sociedad civil de la provincia y de los poderes públicos, y con el esfuerzo constante de la comunidad universitaria.

Como muestra, un botón. Ejemplo del esfuerzo de la comunidad universitaria es la adecuación de la oferta de titulaciones y estudios a las necesidades sociales y a las demandas del mercado laboral. Y, en este aspecto, y como he dicho en otras ocasiones, no abdicamos de nuestra responsabilidad de identificar las demandas sociales de formación universitaria. Identificando como ha sido el caso en el último año, la demanda de formación, en títulos como, en RRII, Marketing, Gastronomía y Artes Culinarias y Medicina, todas ellas acreditadas y verificadas por la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y la Acreditación (la ANECA). Todas, iniciadas este curso que hoy clausuramos, salvo el grado de Medicina.

Hemos argumentado con precisión y contundencia las razones que nos asisten para demandar la autorización de la titulación de Medicina, con, entre otros motivos, datos comparados de la oferta de plazas de nuevo ingreso en las provincias de nuestro entorno próximo en relación con su población, por no hablar de la situación en el resto del Estado. Son, si me permiten la expresión, no solo significativos sino llamativos, elocuentes. Y hemos abusado de la contención para no interferir con más ruido del necesario en el proceso de toma de decisiones, del mismo modo que estamos convencidos de que, más pronto que tarde, la oferta privada, con costes más elevados y menor credibilidad y confianza, suplirá a la pública en nuestra provincia. Por eso, no entenderíamos, o entenderíamos mal, que una provincia infradotada, en razón precisamente de su infradotación, deba, como es habitual en el trato que recibe, permanecer sumida dócilmente en su desalentador y desalentado estado, en demostración adicional del Efecto Mateo (Mateo 13.12): “Porque al que tiene se le dará y tendrá en abundancia; pero al que no tiene incluso lo que no tiene se le quitará”.

Aquí hago referencia a una noticia aparecida en un periódico este fin de semana: “La Comunitat necesitará cuatro mil médicos más en los próximos diez años”

Decía «en los próximos años, los hospitales valencianos van a tener un problema por la falta de especialistas». Será necesario incrementar las plantillas con entre 3.000 y 5.000 nuevos profesionales en los próximos ocho o diez años para contar con un nivel asistencial adecuado en la región, autonomía que, después de Andalucía, presenta el ratio de médicos especialistas por cada 100.000 habitantes más bajo de todo el país, como recoge el estudio 'Estimación de la oferta y la demanda de médicos especialistas. España 2018-2030' del Ministerio de Sanidad.

Las perspectivas de futuro, además, son poco halagüeñas por la cascada de jubilaciones previstas para los próximos años. Según el citado informe, el 52,6% de los médicos de la sanidad pública valenciana tiene más de 50 años y el 22,1% supera los 60 años, de ahí que o se incrementa el ritmo de reposición de estos especialistas o el sistema público sanitario se verá seriamente amenazado, sobre todo en las especialidades que acumulan un déficit mayor. Pediatría, traumatología, anestesiología, ginecología, medicina familiar, cirugía (especialmente pediátrica y general), alergología, reumatología y geriatría son las áreas que sufren de forma más relevante las carencias de profesionales.

Como decía anteriormente, nosotros no abdicamos de nuestra responsabilidad de identificar demandas sociales y proponer ofertas innovadoras de formación.

La universidad de Alicante cuenta con el título de grado de Medicina acreditado por la ANECA, solo a la espera de la autorización por parte de la Generalitat Valenciana.

Por otro lado, me gustaría mencionar la reciente modificación del Plan General de Ordenación Urbana de Alicante que permitirá la ampliación del parque científico con una superficie adicional de 800.000 metros cuadrados

El planeamiento propuesto por la Universidad y el Ayuntamiento de Alicante tiene por objeto consolidar y desarrollar todo el sector, sentar las bases de un nuevo espacio físico que permita conjugar las necesidades de ampliación de espacios docentes, de modo que sea compatible con actividades empresariales innovadoras y de base tecnológica, conformando todo ello un Parque Científico-Tecnológico, con una superficie total de 901.641 metros cuadrados. 

Adicionalmente, estamos de enhorabuena ya que disponemos desde hace pocos días de la licencia para la construcción del edificio Centro de Empresas del parque científico.

Todo ello gracias a los acuerdos alcanzados con el Ayuntamiento de Alicante.

Déjenme para terminar y, a riesgo de resultar reiterativo, volver al inicio de este discurso y, peor aún, incurrir en el feo hábito de la autocita.

Sí, no hay inversión más rentable que la del conocimiento, ni peor error que una insuficiente inversión en capital humano.

Y del mismo modo que apoyamos a la Generalitat en su reivindicación ante el gobierno central de una financiación más justa y en su demanda de satisfacción de la deuda histórica, nada nos distraerá de nuestra reivindicación de un marco de financiación suficiente y estable.

Y ahora, sí, termino como empecé, felicitando a las nuevas doctoras y doctores por su doctorado, animándoles a seguir por la senda del conocimiento.

Y felicitando a nuestra doctora honoris causa, la profesora Ortiz. Es un orgullo contar con ella en nuestro claustro de doctoras.

Muchas gracias a quien hace posible el desarrollo de este acto, Protocolo de la Universidad de Alicante, Gabinete de Rectorado. Y Felicidades a nuestro coro.

Gracias. 

Oficina del Rector


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