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Discurs del Mantenidor de les Bellees de la Foguera "Carrer Sant Vicent" d'Alacant

Alacant, 13 d'abril de 2013

En primer lugar, quiero dar las gracias al Sr. Presidente de esta histórica foguera, Emilio Noblejas Cremades, por su invitación para intervenir como mantenedor de este acto. He de confesar que es la primera vez que oficio este tipo de menesteres, y espero no defraudar a quienes tan amablemente han depositado en mí su confianza. 

Se afirma frecuentemente, con deliberada malicia, que la universidad vive encastillada en sí misma, ajena a la sociedad que la rodea, alejada de las preocupaciones y alegrías de la gente, atrapada por la grisura de la teoría frente al verdor de la vida que a su alrededor se desenvuelve, suspendida en el tiempo que fluye, pero que, al parecer, solo a ella no afecta. 

Repaso, sin embargo, los anales de la fiesta que hoy aquí nos convoca, sus hitos, ¿y qué observo? Reparo en que las Hogueras han sido analizadas, estudiadas, vividas, ensalzadas por especialistas universitarios en todas sus posibles dimensiones: economía, política, sociedad, cultura, literatura, arte popular, música, elementos constructivos, el fuego y el ruido, la peligrosa belleza de la pólvora, la suspensión, en fin, del tiempo cotidiano y su sustitución por un enjambre pululante que toma la calle, y que, en su incesante bullicio, evoca la inmovilidad, el tiempo detenido, la deserción de los relojes, la interrupción del tiempo cronológico. 

Me detengo en las protagonistas de la fiesta, belleas y damas, y revisando los curricula que nos brindan advierto que, desde hace alguna década, muchas de ellas han pasado o permanecen aún en las aulas de nuestra universidad, sin merma alguna para su lindura. Antes bien, nada más atractivo que la inteligencia aliada a la gracia, aunque ni la inteligencia, en sí, ni la belleza requieran del cultivo del estudio formal. 

Verifico, en fin, las aportaciones de la Universidad a la fiesta, en su sentido más mundano, en su intención más lúdica, y aprecio que, desde hace años, el Racó Universitari no solo ha estado entre los más concurridos de las barracas populares, sino entre los más vibrantes, abierto lugar de encuentro de profesores, personal de administración, alumnos universitarios y no universitarios y habitantes todos de la ciudad, sin distinción, en sus noches más largas y prodigiosas, perfumadas por el azufre de la pólvora. 

Créanme, entonces, la universidad pública no es espacio cerrado, no vive su vida al margen de la vida que la circunda, la vida del común, porque es, y debiera seguir siendo, una creación de la ciudad y la provincia que la ansió y luchó por ella y la sostiene. No es tampoco únicamente el lugar donde se crean y transmiten información y conocimiento, y se diseñan itinerarios profesionales útiles; donde se aprende, en fin, a producir y a generar riqueza al servicio de una sociedad determinada. 

Es también, o debiera serlo, espacio para cultivar y conservar esa rara sabiduría, más difícilmente transmisible, que no es reducible a información ni a conocimiento, y el catalizador de un aprendizaje del vivir sobre el que no tiene el monopolio, pero que tampoco la descarta. A la universidad, en fin, se va a aprender y a aprender a aprender, pero también a vivir y a aprender a vivir en conversación interminable con la vida misma. Y, personalmente, tengo pocas dudas de que la fiesta, nuestra fiesta, nos informa e ilustra sobre un cierto arte de existir, que debemos hacer compatible con el arte de producir: más, pero, sobre todo, mejor; más eficientemente, pero también más conforme con los ritmos de la vida personal y colectiva. 

Sucede, además, que, aunque no soy foguerer de raigambre, desde hace tiempo ando vinculado al mundo de las hogueras, siendo precisamente en vuestro racó donde he pasado algunos de los mejores momentos de las fiestas, gracias a Javier y a Verónica, mis introductores en esta hoguera y en lo más profundo e intenso de esta celebración de la jovialidad. Este año, además, formo parte del jurado que elige a la Bellea del Foc d’Alacant, lo que nos ha aproximado aún más, a mí y a la universidad que represento, al corazón de la festividad central de la ciudad, a su eje más ígneo; tal vez, a lo que mejor la define. 

Y es que el corazón inadvertido, aunque ostensible, de la fiesta es, si me lo permiten, la mujer, las mujeres que, lenta y silenciosamente, han pasado a ser sus mejores y más brillantes intérpretes, sumando a su belleza, tan evidente en las representantes de las distintas comisiones presentes y pasadas, la entrega al cuidado de lo propio de todos; y también, como esa otra forma de belleza equiparable a la bondad, su contagiosa alegría. 

Detrás de la alegría, sin embargo, del fuego que devora, de la consumación ruidosa de la pólvora, de la muchedumbre que se adueña despreocupada de la calle, de la incesante música que nos acompaña desde el amanecer a la más alta noche, hay, como sabéis mejor que yo, voluntad de continuidad, tradición renovada e ilusión. Pero, sobre todo, trabajo, un sordo, reiterado e invisible esfuerzo que las comisiones emprenden, apenas culminado el largo verano, en homenaje a su historia y en beneficio de propios y extraños que recorren las calles sonámbulos de sol, a la sombra de la noche, a la busca del juego y del fuego. 

Quisiera, por ejemplo, ahora recordar que la Foguera en la que nos encontramos, la Foguera del Carrer Sant Vicent, ha cumplido más de 80 años, el tiempo de una larga vida al servicio del tiempo, pero también contra el tiempo, contra la duración, que todo lo devora. E importa resaltar que, si así ha sucedido, si la memoria se ha seguido imponiendo durante tanto tiempo a la asechanza de la degradación y del olvido, no ha sido sino porque un puñado reducido de personas se ha esforzado y se esfuerza en mantener vivo el pasado, un pasado actualizado y feliz, en el vivaz presente. 

Hoy es, pues, un día especial para esta hoguera, que renueva sus esponsales con la tradición y con la historia mediante la designación de sus Belleas. 

Isabel Casares Iborra ha sido proclamada Belleza infantil, cargo en el que se verá acompañada como damas de honor por su hermana Rocío y su amiga Altea. Estoy seguro de que Isabel será una gran representante, porque, a pesar de su menuda edad, ha sido ya dama de honor dos años, y sabe bien lo que supone la asistencia a los actos más diversos, y hacer frente al cansancio con su mejor sonrisa. 

Isabel, además, toma el relevo de su amiga Elena, que deja hoy el cargo de Belleza de la Hoguera para convertirse en candidata a Bellea del Foc infantil. Y sucede, salvado el tiempo, a su madre, que también fue belleza de esta Hoguera, y que disfrutó de un año inolvidable como abanderada de la misma. A ambas, Isabel y Elena, os deseo la mejor de las suertes, bajo la guía atenta de vuestras familias, y seguro de que sabréis representar a vuestra hoguera con la mayor ilusión y la misma intensidad con que lo hicieron y lo harán vuestras mayores. 

Sus mayores, que esta noche presentamos, son Nuria Molina, la belleza adulta de la hoguera, y sus damas, Inés y Beatriz, a las que, de seguro, espera un año de insustituible experiencia, pródigo en aventuras y conocimiento. 

Nuria, además, no solo atesora la experiencia necesaria, ya que ha sido dama y belleza infantil de esta hoguera, así como dama adulta en dos ocasiones, sino que, a su belleza, añade un título en Administración y Dirección de Empresas obtenido en nuestra universidad, la Universidad de Alicante, en muestra adicional de la antedicha vinculación entre la academia y la fiesta. 

Por su arraigo en la Comisión y sus dones, no dudo de que Nuria será una espléndida embajadora de la Hoguera, como lo ha sido Ana, la belleza del presente año y amiga de Nuria, con la que compartió desde niñas su pasión por la alegre, pero responsable y atenta, celebración de nuestras tradiciones, transmitida generacionalmente por familias plenamente involucradas en las actividades regulares y festivas de la comisión. 

Queridos amigos y amigas, termino. Las fiestas de San Juan nos aguardan un año más alrededor del solsticio de verano, cuando el sol alcanza la mayor altura aparente en el cielo y la duración del día es la máxima del año. Cuando la luz, la brillante luz levantina que resalta los perfiles de personas y cosas, prevalece frente a la oscuridad, y el alegre verano desbroza finalmente los inestables brotes de la primavera y se impone al ya lejano invierno. 

Recordemos que para muchos, en nuestro querido país y en nuestra amada tierra, el invierno fue un invierno del descontento, y que el verano, presumiblemente, no les consolará con un fresco chaparrón de buenas nuevas. 

Tal vez por eso, en este mundo desbocado y en constante cambio, sigue siendo no ya importante, sino esencial, el enraizamiento en lo que nos ha convertido en lo que somos, el cultivo de lo que nos confirma en nuestros lugares comunes, nuestros espacios de alegría compartida. 

Buenas noches y visca la Foguera del Carrer Sant Vicent.

Muchas gracias.

 

Oficina del Rector


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